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Ridículo internacional de la flotilla Global Sumud: Segundo regreso de Colau, Thunberg y Gang al puerto de Barcelona

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La escena se repite y ya causa más risas que indignación.

El global Sumud Flotilla, ese conjunto de barcos que prometieron romper el bloque israelí sobre Gaza, ha regresado por segunda vez en menos de una semana al puerto de Barcelona, ​​con la mayoría de sus miembros agotados y algunos incluso mareados antes de dejar aguas catalán. Lo que comenzó como una misión humanitaria con tintes épicos se ha convertido en un episodio que muchos califican como postura barata y circo de medios.

Las cadenas de flotilla dos salidas fallidas.

El domingo pasado, la expedición incluso tuvo que regresar para cruzar el Delta de Ebro, alegando “tormenta y ajustes técnicos pendientes”.

Solo 48 horas después, cinco buques se volvieron nuevamente en Barcelona después de “condiciones climáticas extremas”, según la declaración oficial. Pero detrás de la parte meteorológica, se ocultan problemas mucho más mundanos: pérdida de comunicación entre barcos, desgloses en el piloto automático y velas rotas. La improvisación parece ser la única dirección clara.

Un fiasco logístico con tintes de medios

La flotilla comenzó con grandes aspiraciones: alrededor de 60 barcos y más de 500 activistas de 44 países, incluidos nombres reconocidos como el sueco Greta Thunberg o el actor irlandés Liam Cunningham. La presencia de medios y figuras políticas, como la ex alcalde Ada Colau, alimentó la cobertura y las expectativas. Pero la realidad era menos glamorosa:

Más de una docena de barcos se perdieron en los primeros intentos debido a fallas técnicas y desorganización. Los organizadores reconocen que algunos buques solo mantuvieron el contacto visual entre ellos después de perder la radio e Internet. El ritmo del convoy fue tan lento que en su primera noche solo lograron avanzar a cincuenta millas náuticas de Barcelona.

La postura progresiva fue evidente desde el principio. Fotografías en las redes sociales, las altas declaraciones sobre “la causa palestina como una causa universal” y los llamados a la defensa institucional eclipsaron cualquier planificación marítima grave.

Excusas repetidas y activismo superficial

La excusa recurrente del mal tiempo no convence ni a los suyos ni a los extraños. En el medio del Mediterráneo, con pronósticos meteorológicos accesibles y medios suficientes para verificar el estado del mar, el regreso al puerto por “seguridad” evidenció una falta manifiesta de preparación. Los activistas, incluidos los políticos españoles como Ione Brarra, Secretario General de Podemos, han aprovechado la oportunidad para exigir protección diplomática después de la amenaza israelí de considerar a los “terroristas” de los participantes. Pero más allá del ruido político, los hechos muestran una misión cada vez más borrosa.

El contraste entre las imágenes iniciales (activistas sonrientes, banderas palestinas y discursos iluminados, y la escena final, Maros, caras largas y vasos dañados, ilustra perfectamente lo que muchos llaman “todo para la foto”. A solo unos minutos fuera del puerto, fueron suficientes para que parte del contingente regrese por indisposición física.

Reacciones internacionales: entre indiferencia y crítica

La cobertura internacional ha sido escasa pero significativa. Los medios estadounidenses y británicos recolectan el intento fallido como una señal del desgaste del activismo marítimo contra Israel. Las declaraciones oficiales insisten en el carácter humanitario de la misión, pero los resultados prácticos hablan por sí mismos:

No hay avances reales en el bloque israelí. La flotilla pierde credibilidad en cada regreso. La imagen internacional del movimiento Propalestino se pesa por episodios como este.

En las redes sociales, las críticas se multiplican. Algunos usuarios cuestionan el costo económico y logístico de la operación, mientras que otros irrumpen sobre las verdaderas motivaciones: “más postura que ayuda”, “La flotilla es marea antes de navegar” o “todo para salir en la foto”.

Perspectivas futuras: “¿Berecementación la retirada definitiva?”

En este punto, la evolución lógica apunta a un tercer intento solo si los organizadores logran reconstruir la fuerza y ​​la credibilidad. Sin embargo, después de dos fallas consecutivas, las dudas crecen:

¿Persistirá el movimiento en un nuevo viaje a Gaza? ¿Habrá una verdadera autocrítica sobre la preparación logística? ¿Se trata realmente de ayuda humanitaria o un escaparate político?

Las instituciones europeas han recibido solicitudes formales para proteger a los activistas, pero los ecos internacionales reflejan más escepticismo que la solidaridad efectiva. El episodio ilustra cómo el activismo simbólico puede terminar diluyendo en gestos vacíos cuando no hay una estrategia clara o una preparación suficiente.

La segunda vez al puerto de Barcelona marca un antes y después para la flotilla global Sumud: su capacidad para movilizar la opinión pública está intacta, pero su impacto real en Gaza, y en la política internacional, está lejos de ser el objetivo inicial. El futuro inmediato se decidirá entre nuevas fotos o una reflexión profunda sobre cómo transformar el activismo en una acción efectiva.

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