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El resurgimiento de la violencia en Colombia ha puesto una vez más a los disidentes del FARC, responsable de los recientes ataques mortales. Hoy, el 23 de agosto de 2025, el país intenta comprender cómo estos grupos han logrado reorganizar y aumentar su influencia, mientras que la sociedad cuestiona la efectividad de la política de seguridad de Gustavo Petro, la primera antigua guerrilla en llegar a la presidencia.
Dos lados, una guerra renovada
La fragmentación del FARC después del acuerdo de paz de 2016 no trajo la paz prometida. Al menos dos grandes facciones de disidentes han asumido el control de regiones clave, alimentando el tráfico de drogas y la violencia armada. Los ataques recientes, que han dejado 19 muertos, se atribuyen principalmente a:
El personal general del centro (EMC), dirigido por Iván Bite. Controlan los corredores de tráfico de drogas en el sur y este del país. La segunda marquetalia, dirigida por Iván Márquez, con presencia en la frontera con Venezuela y vínculos con carteles internacionales.
Ambos grupos agregan miles de luchadores. Se financian con tráfico de cocaína, extorsión y minería ilegal. Según los analistas, cada uno opera como una estructura militar autónoma, con la capacidad de desafiar al estado y siembra el terror en las zonas rurales.
El verdadero poder de los disidentes
Los disidentes no solo han sobrevivido, sino que han crecido. Controlan rutas estratégicas en departamentos como Cauca, Nariño y Putumayo. Sus acciones recientes demuestran:
Capacidad para coordinar ataques simultáneos y de alto impacto en economías ilegales y comunidades locales. Alianzas puntuales con otros grupos y carteles armados mexicanos.
Un hecho: el EMC estaría compuesto por más de 3.500 hombres armados. La segunda marquetalia, aunque más pequeña, tiene más experiencia política y contactos internacionales.
El negocio detrás de la violencia
La economía de narcotráfico posee estas organizaciones. En las regiones bajo su control, los cultivos de coca han aumentado a pesar de los programas de erradicación. En 2024, la producción de cocaína alcanzó cifras récord, según informes de la ONU, que refuerza la capacidad de comprar armas y la co -optación social de los disidentes.
Errores de Petro: un gobierno bajo presión
La “paz total” de Gustavo Petro ha recibido duras críticas. Su compromiso con el diálogo y la negociación se ha encontrado con la falta de reciprocidad de los grupos armados, que han aprovechado el incendio para fortalecer. Petro, quien en su juventud era miembro del M-19, enfrenta acusaciones de falta de firmeza ante lo violento.
Entre los errores más marcados:
Suspensión de operaciones militares en áreas clave, lo que permitió el rearme de los disidentes. Cinco de una estrategia integral para reducir la influencia del tráfico de drogas. Mesajes ambiguos que, según algunos sectores, han estimulado a los grupos ilegales a desafiar al estado.
El resultado es un clima de inseguridad que socava la confianza en las instituciones. Las encuestas recientes muestran una caída en la popularidad del presidente y un aumento en el pesimismo ciudadano.
Impacto social y político
La violencia ha cobrado la vida de los sociales, soldados y líderes civiles. El miedo se ha instalado en regiones enteras, donde la presencia del estado es escasa. Las comunidades indígenas y campesinas, especialmente, sufren desplazamientos y amenazas.
En este contexto, el asesinato del senador Pedro Rojas ha conmocionado al país. Su padre, Alberto Rojas, anunció su candidatura presidencial, prometiendo “mano dura” contra lo violento. Este movimiento podría alterar la junta política, capitalizando el descontento social y la demanda de seguridad.
¿Qué puede venir ahora?
Colombia enfrenta un dilema. Fortalecer la estrategia militar o reanudar el diálogo desde una posición de mayor fuerza. Las presiones internacionales, especialmente de los Estados Unidos, la demanda resulta en la lucha anti -flog. Mientras tanto, los disidentes continúan expandiendo su poder.
La sociedad civil solicita una respuesta efectiva y rápida. Los expertos advierten que, si estos grupos no están contenidos, la espiral de la violencia puede extenderse a las ciudades. El desafío de la reconstrucción de la seguridad y el estado de derecho parecen, hoy, más urgente que nunca.
El futuro inmediato dependerá de la capacidad del gobierno para articular una respuesta coordinada. La carrera presidencial de Alberto Rojas agrega una nueva variable a la etapa, que marca el comienzo de una etapa política donde la seguridad será el eje central del debate nacional.
La tragedia de estos días muestra que la paz en Colombia sigue siendo un objetivo lejano, y que el país necesita soluciones innovadoras para no repetir los errores del pasado.









