Cuando la creadora de contenidos y asesora en salud mental Aditi Chandanani usa sus gafas Meta, ha desarrollado el hábito de avisar a la gente cuando están encendidas. No siempre está grabando, pero sabe que la gente no puede notar la diferencia fácilmente. “La gente seguía mirando mis gafas antes de decir algo”, dice, recordando un viaje a Dubai con amigos. “Les decía: ‘Te lo diré cuando lo encienda’”.
Esa incertidumbre está en el centro del debate en torno a las gafas inteligentes. Si bien dispositivos como las gafas inteligentes Ray-Ban de Meta se comercializan como una forma de capturar momentos con manos libres, los críticos argumentan que su mayor preocupación no es la privacidad del usuario, sino de todos los que lo rodean. A diferencia de la cámara de un teléfono, que requiere que una persona levante físicamente un dispositivo y lo apunte, las gafas inteligentes se asientan naturalmente en la cara. Una pequeña luz LED indica cuándo se está grabando, pero los expertos en privacidad sostienen que se puede apagar la luz. Incluso si está encendido, es posible que muchas personas no lo noten o ni siquiera sepan lo que significa.







