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Las provincias van por el impuesto de combustible

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Una iniciativa presentada por los gobernadores ingresó al Congreso con un objetivo claro: redistribuir el impuesto de combustible a favor de las provincias. Según el análisis de la Fundación Mediterránea, el proyecto propone que el 57.02% de la colección va directamente a los tesoros provinciales, eliminando tareas específicas para fondos nacionales para la infraestructura de transporte, el agua y los subsidios de transporte público.

La propuesta implicaría una transferencia de recursos sin contraparte de responsabilidades. El informe advierte que la iniciativa no define quién se hará cargo del mantenimiento de rutas, trenes, obras de agua o redes de saneamiento que hoy dependen del estado nacional. “Aumenta el vacío en relación con el financiamiento de infraestructura que no se puede otorgar a privado”, dice el documento.

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Costo fiscal

El costo fiscal de la reforma para la nación sería significativo: equivalente al 0.16% del PIB en 2025, una cifra que podría representar la mitad del excedente financiero estimado. En cambio, todas las provincias se beneficiarían. Algunos como Caba verían crecer sus recursos en un 725%, mientras que provincias como misiones, Neuquén o Chubut recibirían menos que otros en proporción, aunque aún mejorarían con respecto a la situación actual.

Hoy, el impuesto de combustible representa entre 0.4% y 0.5% del PIB, muy por debajo del 1% que alcanzó en 2017. De ese total, solo el 25.47% se distribuyen actualmente entre las provincias y el Fonavi. El resto financia las ANS, el tesoro nacional y los fondos fiduciarios antes mencionados, cuya ejecución, según Ieral, es muy alta en el caso del transporte y muy bajo en el caso de las obras de agua.

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Transferencias

Si la reforma prospera, estos fondos se eliminarían y las transferencias a las provincias se convertirían en libre disponibilidad, sin un destino específico. Para Iasal, esto genera una debilidad estructural: los recursos se modifican, pero las funciones no se redisciplinan. Sin un acuerdo federal sobre nuevas responsabilidades y sin garantías de inversión, la infraestructura nacional podría ser derivada.

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