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La nota generada por la ira de Moretti

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En la edición del 21 de diciembre del año pasado, Agustín Colombo publicó en estas páginas una nota sobre la situación económica de San Lorenzo. La nota planteó, entre otros temas, que en el equilibrio del club “había rarezas que son bastante similares a las aventuras del senador Kueider en Paraguay”. ¿Recuerdas a Kueider? Era el tipo que quería ingresar a Paraguay con 200 mil dólares que no tenía forma de justificar. Bueno, los números de ciclones caminaron por carreteras similares: bajo el eufemismo “préstamos mutuos”, en las contribuciones del saldo fueron contribuciones privadas de líderes y compañías, fondos de origen dudoso y dinero que ingresaron al club de triangulaciones sospechosas. Muy turbio.

Cuando se publicó la nota, el presidente Marcelo Moretti se enojó mucho. Es un clásico que algunos personajes irritan cuando un periodista cuenta lo que no es conveniente. El presidente (de la nación, no de San Lorenzo) Javier Milei lo demuestra todo el tiempo. Pero regresemos a Moretti y la nota en cuestión. El tipo llamó a Colombo para transmitir su ira y decirle de mala gana que no estaba de acuerdo con lo que había escrito. Colombo fue práctico: le ofreció la posibilidad de que escribiera una descarga, una propuesta que Moretti aceptó y que se publicó en la próxima edición del periódico.

Pero no fue lo único que hizo el entonces presidente de San Lorenzo. Además de hablar con Colombo y aceptar el derecho de responder, escribió al propietario de la editorial para quejarse de la nota. Vuelve a partir: se quejó con el dueño de la editorial.

Estos no les gustan los autoritarios

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Si un jugador de San Lorenzo hubiera ido con una historia del equipo a Moretti (cuando era presidente, es decir, antes de que el escándalo estallara para el video donde se lo vea emparejando 25 mil dólares inexplicables), si algún futbolista hubiera filtrado cualquier interno, dijo que ese jugador habría sido calificado de inmediato por sus compañeros de equipo como un buchónico. En el fútbol para hablar más sobre con quien no debes ser considerado casi como un crimen contra la humanidad. El Buchón merece perpetuo, una oración ejemplar. Son códigos, fútbol y vida.

Moretti no aprendió esa lección. Reaccionó como ese niño principal que señala al director que fue quien vació la canasta de papeles en el escritorio del maestro. O como ese joven que le dice al entrenador del equipo de fútbol de Papi que es una mentira que un compañero no fue a entrenar porque acusó a 40 de fiebre.

Ni siquiera vio la lección de Diego, que repudió a aquellos que hablaron de más y, como en tantos otros problemas trascendentales, dejó una frase con una camisa: “Police Buchón, nunca”.

En resumen, en el vecindario de Chavo, Moretti habría sido Quico.