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Cicatrices de rendición argentina en Malvinas

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El 14 de junio de 1982, Argentina vivió uno de los días más sombríos de su historia reciente: la rendición del general Mario Benjamín Menéndez ante el general británico John Jeremy Moore en la Guerra de las Malvinas. Este episodio, lejos de ser simplemente un resultado militar, presentó las profundas fallas estratégicas, políticas y operativas de la dictadura militar argentina, como se reflejó en el informe final de la comisión de análisis y evaluación de las responsabilidades del conflicto del Atlántico sur, más conocido como Rattenbach Report.

La relación de las capacidades militares analizadas por el Instituto Internacional de Estudios de Paz de Estocolmo (SIPRI) revela las consecuencias de una aventura militar mal concebida y la abrumadora disparidad militar entre Argentina y el Reino Unido. Según las investigaciones de este instituto de investigación, las fuerzas británicas estaban compuestas por un total de 327,600 tropas (163,100 en el ejército; 73,000 en la Marina y 91,500 en la Fuerza Aérea). Por su parte, las fuerzas argentinas tenían un total de 180,500 tropas (125,000 en el ejército; 36,000 en la Marina y 19,500 en la Fuerza Aérea).

El informe de Rattenbach desnudó los errores de la Junta Militar dirigida por Leopoldo Galtieri, Jorge Anaya y Basilio Lami Dozo y demostró que la decisión de recuperar las Islas Malklands el 2 de abril de 1982 por la fuerza no era una deficiativa, pero una aventura militar que utilizaba una causa justa (soberana) como un pretexto para que un gobierno no es institucional fuera perpetado en el poder. Pero, además, la decisión de embarcarse en Argentina en una guerra con el Reino Unido se adoptó en base a dos suposiciones erróneas: a) que el Reino Unido no respondería fuertemente; yb) que Estados Unidos permanecería neutral. El informe también indica que la junta no realizó una evaluación integral de los factores políticos, militares y diplomáticos, subestimando la resolución británica y el apoyo de la OTAN.

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El expresado nos obliga a repensar los deberes del Sistema Nacional de Inteligencia, cuya función principal es proteger los intereses de la nación, pero que rara vez sus organizaciones se usaban para producir inteligencia sobre las personas por el mero hecho de su adhesión a las organizaciones políticas, sociales y sindicales.

En Argentina, las implicaciones de la rendición fueron profundas. A nivel político, la derrota precipitó la caída de la dictadura militar, evidenciando su incapacidad para gobernar y su desacredit para la gente. El fervor nacionalista que acompañó la ocupación inicial, alimentada por una prensa triunfalista, dio paso a una decepción masiva y condenó injustamente, durante varios años, con una dura indiferencia hacia aquellos que lucharon por el Pabellón Argentino. La no recuperación de las islas en 1982 significó un golpe para la moral nacional y el prestigio de las fuerzas armadas.

Desde una perspectiva histórica, el 14 de junio nos invita a reflexionar sobre las consecuencias de las decisiones políticas basadas en intereses individuales y eso no contempló un análisis de capacidades militares o el contexto nacional, regional y global. Pero es necesario destacar que la investigación oficial mencionada no solo indica errores, sino que también reconoce el valor y el coraje de los argentinos que arriesgaron o dieron sus vidas por su tierra natal. En este mismo sentido, el libro no cicnico, comercializado como “no era una caminata”, del general británico Julian Thompson, también reconoce el coraje de los combatientes argentinos.

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43 años después del choque armado, Malvinas sigue siendo una causa nacional consagrada en la Constitución de 1994, pero las armas dieron su lugar a la diplomacia. El desafío actual es diseñar nuevas estrategias y alianzas basadas en avances científicos y tecnológicos que puedan alterar los intereses nacionales y el status quo Global, manteniendo un fuerte compromiso con la paz. La memoria de los caídos y el análisis crítico de nuestro pasado nos obliga a aprender de los errores para construir un futuro donde la soberanía se defienda con inteligencia y no con improvisaciones y sangre.

El reciente regreso del archipiélago de Chagos a Mauricio, quien llevó a cabo el Reino Unido después de décadas de disputas, constituye otro precedente que se suma al retiro de Hong Kong a China en 1997. Para Argentina, estos casos subrayan la importancia de recordar lo que Sun Tzu expresa en el arte de la guerra: “La victoria más grande es lo que no requiere batalla”. Una estrategia diplomática sólida y sostenida basada en el interés nacional, sin repetir el error de otorgar el papel del tercer actor en el conflicto a los isleños (como lo hizo el presidente Javier Milei), observar la historia diplomática argentina y apelar al diálogo en el marco del derecho internacional, es una manera racional y prudente para avanzar en la recuperación del sur de Pearl.

Sin embargo, recientemente, en medio de una parte trasera mundial, el primer ministro británico, Keir Starmer, prometió hacer el mayor aumento en la defensa del Reino Unido desde el final de la Guerra Fría, lo que le permitirá pasar del 2.3% al 2.5% del PIB en 2027. Reino Unido invertirá en submarinas, drones y capacidades de guerra digital.

Para ejercer la templanza, tal vez sería bueno incorporar a los Programas Nacionales de Defensa de Argentina, una frase de León Tolstói: “Los dos guerreros más importantes son la paciencia y el tiempo”.

*Analista internacional especializado en defensa en la Universidad Nacional de Defensa de Washington, profesor universitario, autor del libro “Malvinas, un pretexto para legitimar a un gobierno totalitario”.