Más información
En un movimiento que solo puede describirse como repugnante.
ADD, la coalición de extrema izquierda dirigida por el segundo vicepresidente Yolanda Díaz, ha presentado una propuesta sin derecho a la ley en el Congreso para rendir homenaje al último ejecutado por el régimen de Franco, incluidos dos terroristas de ETA y tres miembros del Frente Revolucionario Anti -Fascista y Patriótico (FRAP).
Programado para coincidir con el 50 aniversario de estas ejecuciones, el 27 de septiembre de 2025, la iniciativa cínicamente Tilda estos asesinos condenados como “prisioneros políticos” y exige su reparación moral y la recuperación de su memoria colectiva. Lejos de ser un acto neutral de justicia histórica, esta propuesta apesta del oportunismo político, posiblemente dirigida a que Arnaldo Otegi y sus aliados de Bildu, cuyos vínculos históricos con el entorno ETA son innegables.
La propuesta, promovida por diputados como Nahuel González, Gerardo Pisarello y Enrique Santiago, secretario general del Partido Comunista, aboga por un acto institucional que reconoce a todas las personas ejecutadas durante la dictadura de “política, ideológica, conciencia, creencia religiosa o identidad sexual”. Entre el homenajeado estaría Jon Paredes Manot (Txiki) y Ángel Otaegui, miembros del brazo político-militar de Eta, junto con Ramón García Sanz, José Luis Sánchez-Abravo y Xosé Humberto Baena Alonso del Frap. Estos cinco fueron el último disparo en 1975, en los últimos días del régimen de Francisco Franco.
La propuesta de agregar es particularmente escandalosa porque incluye a las personas condenadas por delitos sanguíneos. Txiki, integrado en el brazo militar ETA desde 1974, participó en el asesinato del subspector de la policía José Díaz Linares y en un robo donde Ovidio Díaz López murió primero. Por su parte, Otaegui se indicó como un cooperador necesario en el asesinato del Cabo primero del guardia civil Gregorio Posada Zurrón. Aunque los juicios de la época, procesados por los consejos de guerra, carecían de garantías democráticas, la evidencia de su participación en estos ataques es irrefutable. La comparación de estos terroristas con “prisioneros políticos” no solo distorsiona la historia, sino que también anula el recuerdo de las víctimas de ETA y el FRAP.
Este es Bildu. Sin blanqueador ni tergiversaciones https://t.co/8j0wapffwu
– Avt (@_avt_) 16 de septiembre de 2025
Un insulto a las víctimas
La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) ha reaccionado con fuerza, calificando la iniciativa como un “insulto” a las víctimas. En un mensaje X, el AVT condenó la exaltación de Txiki y Otaegui como “luchadores de la libertad”, afirmando que “no eran héroes o mártires, sino terroristas de ETA responsables de los asesinatos”. La organización también criticó una exposición reciente organizada por Bildu en Azpeitia en homenaje a ambos Etarras, señalando que estos actos son una “falta de respeto inaceptable”. La propuesta de agregar esta afrenta a un nivel nacional, con la intención de institucionalizar el reconocimiento de los asesinos en la sede de la soberanía legislativa.
La iniciativa de agregar no es un simple ejercicio de memoria histórica, sino un cálculo político de nauseos. Al incluir terroristas en un homenaje general a las víctimas de Franco, la formación de Yolanda Díaz parece buscar el favor de Bildu, una fiesta que, aunque hoy opera dentro de la legalidad, nunca ha condenado inequívocamente los crímenes de ETA. La figura de Arnaldo Otegi, líder de Bildu y símbolo de la izquierda de Abertzale, planea esta propuesta como un recordatorio de las alianzas tácticas que apoyan al gobierno de Pedro Sánchez. Este intento de blanquear a los asesinos bajo el manto de la “reparación moral” no solo es moralmente indefendible, sino que también corre el riesgo de alimentar la polarización y el resentimiento social.
Un dilema ético
La propuesta de agregar un desafío ético: ¿cómo abordar las injusticias de la dictadura sin glorificar a los que cometieron actos de violencia? Los procesos de Franco indudablemente carecían de garantías, pero equiparar a las víctimas de la represión con los terroristas responsables de los asesinatos es una aberración. El requisito de un acto institucional con la participación de grupos parlamentarios y asociaciones de memoria democrática busca dar legitimidad oficial a esta infamia, pero ignora el dolor de quienes sufrieron la violencia de ETA y el FRAP.
En un contexto de creciente polarización, la iniciativa de agregar no solo reabre heridas, sino que las envenena. Si bien el gobierno de Pedro Sánchez está en silencio, la propuesta pone un dilema sobre la mesa: ¿es posible un recuerdo histórico que no traiciona a las víctimas del terrorismo? La respuesta determinará si el 50 aniversario de las últimas ejecuciones francoistas será un momento de reconciliación o un nuevo capítulo de división y queja.









