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Un articulista de ‘El País’ Raja una hermosa contra el intento de expulsión de Bertrand Ndongo y otros periodistas no relacionados con Sanchismo

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No es la firma más conocida de ‘El País’.

Pero Daniel Gascón, un articulista del diario a toda prisa, seguramente ha pisado más que un callo con un texto donde se le muestra en clara oposición al alcance de arrojar periodistas del Congreso de Diputados.

Así comienza tu Columna de opinión:

“Si jura que le pedirá a Abascal el financiamiento ilegal de Vox, Ayuso por las picaduras durante la pandemia de sus familiares y Mazón lo que hizo en el ventor mientras su pueblo se ahogaba, no voto a favor de expulsar a los propagandistas de la derecha y el ultra -derecho”, dijo Gabriel Rufián, dirigiéndome a Vito Quiles. Rechazo de enmiendas a la totalidad propuesta por el PP y VOX a la reforma de la regulación del Congreso promovido por el PSOE.

La reforma, apoyada por todos los grupos, excepto PP y VOX, tiene como objetivo expulsar a los “pseudoperiodistas ultras” que se comportan de manera impertinosa y desagradable. El truco, naturalmente, no es considerarlos periodistas. Impertinencia, ya sabemos, puede ser un valor o un demérito como el simpático que el impertinente cae. A veces celebramos que el periodismo hace preguntas incómodas y llegamos a reunirse. Otros, reprochamos que él cree una mala atmósfera.

Para Gascón, la medida es alarmante:

La reforma es preocupante y la frase de Rufián (abreviada, pero sin el resumen modificando el significado) muestra una concepción autoritaria que hemos naturalizado. Un político le dice a un periodista qué tiene que pedirle que lo considere periodista. Nos hemos acostumbrado a los políticos que afirman que los medios de comunicación donde las noticias que los perjudican no son realmente prensas. Y también a la idea que subyace al ejercicio retórico de Rufián: es el poder quien controla la prensa. Hay ministros que prácticamente están dedicados a eso. Uno puede coincidir con Rufián que el periodismo debe molestar a todos y que el resto es propaganda, pero no es una obra de un político enseñar ética periodística, mucho menos credenciales.

Se hace una pregunta más que pertinente:

¿Qué es más peligroso para la democracia? ¿Un par de moscas que hacen preguntas incómodas o que una mayoría parlamentaria decide expulsarlas? ¿El periodismo maldice y la política sectaria o sectaria que veta a los periodistas en nombre de la buena educación?

Y asegura que debamos defender sobre toda la libertad de expresión:

Una crítica frecuente de estas medidas es decir que son un mal precedente: cuando el adversario gobierna, hará lo mismo. Pero es bastante malo expulsar a personas desagradables como Vito Quiles o Bertrand Ndongo. Si solo defiendes la libertad de expresión de aquellos que piensan lo mismo que tú, realmente no defiendes la libertad de expresión: la atacas. La libertad exige sacrificios odiosos, pero la alternativa es peor.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la subsidiaria periodista digital en el archipiélago, las Islas Canarias8. Actualmente es editor en Madrid en periodista digital.

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