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Trump regresa a ‘un par de semanas’ para Putin sin signos de progreso en las negociaciones de paz en Ucrania

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La diplomacia internacional ha entrado en una fase de alto voltaje después de la reciente ronda de las declaraciones de Donald Trump sobre la guerra en Ucrania.

El ex presidente de los Estados Unidos, que asumió un papel central en los intentos de mediación, ha declarado que le dará “un par de semanas” a Vladimir Putin para tomar una decisión sobre un posible avance hacia la paz.

Sin embargo, hoy, el 23 de agosto de 2025, no hay señales reales de que las negociaciones entre Moscú y Kiev estén cerca de materializarse en un incendio alto.

Paralelamente, el campo de batalla ucraniano se transforma a una velocidad sin precedentes debido al uso masivo de drones, especialmente después de los recientes ataques rusos y ucranianos, que han redefinido la naturaleza del conflicto y obstaculizan cualquier enfoque político.

Trump, Putin y Zelensky: negociaciones bloqueadas

En los últimos días, la Casa Blanca ha sido el escenario de reuniones de alto nivel entre Trump, Zelensky y Representantes Europeos. Trump ha tratado de forzar un encuentro directo entre los presidentes rusos y ucranianos, primero proponiendo un nombramiento trilateral y luego apostando por un bilateral entre los dos líderes líderes.

En sus propias palabras, “vamos a averiguar sobre Putin en las próximas semanas. Puedo decirte eso”. Sin embargo, el Kremlin ha enfriado las expectativas y requiere participar activamente en cualquier esquema de garantía de seguridad, al tiempo que niega que Putin se reunirá con Zelensky a corto plazo.

El debate sobre garantías de seguridad para Ucrania sigue siendo el principal obstáculo. Kiev exige protección en el estilo del Artículo 5 de la OTAN, algo que ni Moscú ni Trump ven viable.

Trump ha descartado el despliegue de tropas estadounidenses en Ucrania, aunque abre la puerta para apoyar con la capacidad aérea y coordinar un marco de garantías con los europeos.

La presión de Trump para acelerar las negociaciones responde, en parte, a temer que el conflicto continúe cobrando decenas de miles de vidas en cuestión de semanas.

Pero la realidad es que, a pesar de las declaraciones optimistas y los gestos diplomáticos, ni Moscú ni Kiev han mostrado una voluntad de dar en los puntos fundamentales: Rusia exige la asignación de territorios y la renuncia de Ucrania a la OTAN, mientras que Zelensky sostiene que no habrá conciones territoriales ni cambios en la sobeanía nacional.

El papel de los drones: arma táctica al elemento estratégico

En el fondo de la diplomacia bloqueada, el uso de drones por ambas partes ha adquirido una dimensión central y está cambiando el curso de la guerra.

En los últimos meses, Rusia ha intensificado sus ataques con drones contra la infraestructura, las posiciones logísticas y las columnas de suministro ucranianas. Las innovaciones en UAV (vehículos aéreos no tripulados) permiten a las fuerzas rusas llevar a cabo ataques más precisos y frecuentes, especialmente en la región de Pokrovsk, donde las líneas de suministro ucranianas se han convertido en un objetivo de prioridad.

Los efectos de estos ataques son devastadores:

Las tropas ucranianas han tenido que abandonar el uso de vehículos en ciertas áreas, recurriendo al transporte a pie para evitar ser el objetivo de los drones. La “zona de muerte” o la zona de muerte causada por drones rusos se ha expandido en 2025 a 10 kilómetros desde el frente, en comparación con 500 metros o dos kilómetros del año pasado. El 70% de las bajas recientes en la región de Pokrovsk se atribuyen a los drones FPV (primera vista), según datos locales de los hospitales.

Esta presión constante sobre la logística y los relés complica en gran medida la defensa ucraniana y amenaza con romper el equilibrio en el frente si no se desarrollan contramedidas efectivas.

Por su parte, Ucrania ha respondido con una ofensiva tecnológica sin precedentes. La operación Spiderweb en junio fue el mayor ataque de drones lanzado hasta la fecha por Kiev: 117 drones FPV, lanzados desde el territorio ruso, logró dañar o destruir 41 aviones rusos en cinco bases aéreas clave, incluidos los bombarderos estratégicos TU-95 y los planos de vigilancia A-22 y A-50.

El impacto de estos ataques ha sido múltiple:

Reducción de la capacidad de bombardeo estratégico ruso en un 34% según las estimaciones ucranianas.

Además, Ucrania ha utilizado drones marítimos y terrestres para acosar a la flota del Mar Negro y para suministrar o evacuar a sus tropas, consolidando una nueva doctrina de guerra centrada en la tecnología y el bajo costo operativo.

Sube sin tregua y perspectivas inmediatas

A pesar de algunos gestos diplomáticos, la escalada militar no se detiene. El 21 de agosto, Rusia lanzó un ataque combinado de casi 500 drones y misiles en Ucrania, en respuesta a la ofensiva de drones de Kiev. Aunque la intensidad de los ataques rusos ha disminuido ligeramente en agosto, la tendencia es hacia una guerra cada vez más automatizada y menos predecible, donde la superioridad aérea y la capacidad de innovación serán decisivas.

El uso de drones no solo ha aumentado el número de víctimas entre militares y civiles, especialmente en ciudades como Jersón, sino que ha generado una ola de terror y ha desplazado a miles de personas. Según informes recientes, los drones han sido responsables del 70% de las víctimas civiles en ciertas regiones en lo que va del año.

El futuro: wwor de la granja y la diplomacia en make

El bloqueo diplomático y la evolución tecnológica sugieren que la guerra en Ucrania entra en una fase de desgaste prolongada. Ni Putin ni Zelensky muestran una voluntad de dar sus demandas clave, y los incentivos para negociar siguen siendo escasos, mientras que el equilibrio militar no se inclina claramente hacia uno de los lados.

La presión de Trump para acelerar un acuerdo de paz no ha logrado, por ahora, alterar la dinámica sustantiva. La guerra de drones, por otro lado, está modificando las reglas del juego y podría precipitar cambios inesperados en el equilibrio de fuerzas. Sin embargo, mientras que los civiles ucranianos y rusos sufren las consecuencias, el resultado sigue siendo incierto y el calendario marcado por Trump parece más un acto de presión de los medios que un período realista.

En este contexto, la única certeza es que el tiempo juega contra la estabilidad regional y que cada semana sin avances diplomáticos son nuevas víctimas y una mayor destrucción. La junta de guerra en Ucrania, hoy, se mueve más por el zumbido de los drones que por los discursos de los líderes.

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