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El gobierno de Donald Trump ha decidido eliminar el estado de protección temporal (TPS) para decenas de miles de migrantes de Honduras y Nicaragua.
La medida, anunciada este 7 de julio de 2025, afecta directamente a unos 72,000 hondureños y 4.000 nicaragüenses que han vivido legalmente en los Estados Unidos bajo esta figura de inmigración creada después del devastador huracán Mitch en 1998.
Estas cifras han sido confirmadas por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y suponen un giro radical en la política de inmigración estadounidense.
El TPS ha permitido a estos ciudadanos residir, trabajar y reconstruir sus vidas lejos de la inestabilidad y los desastres naturales que golpean a sus países hace más de dos décadas.
Ahora, con la supresión del programa, se enfrentan a la amenaza real e inminente de deportación, con solo 60 días para regularizar su situación o abandonar el país una vez que la medida sea oficialmente en vigor.
¿Por qué ahora? Antecedentes y contexto político
TPS es una herramienta extraordinaria que se otorga cuando hay condiciones temporales extremas, como guerras, epidemias o catástrofes naturales, que impiden un retorno seguro a los países de origen. Fue otorgado a Honduras y Nicaragua después del huracán Mitch, que dejó a más de 11,000 muertos entre los dos países y provocó profundas crisis humanitarias.
Desde entonces, las sucesivas administraciones estadounidenses han renovado periódicamente este amparo. Sin embargo, la política de inmigración actual actual de Trump ha priorizado la revisión exhaustiva y la eliminación progresiva de TPS para varios países, incluidos Haití, Venezuela y Afganistán. En palabras de Kristi Noem, Secretario de Seguridad Nacional: “El estado de protección temporal fue diseñado para ser solo eso: temporal”, enfatizando eso, según Washington, las condiciones que justifican su creación ya no existen.
La última extensión del TPS para hondureños y nicaragüenses fue otorgada por la administración Biden por solo 18 meses. Su vencimiento llegó el 5 de julio, dejando decenas de miles en una situación legal precaria.
¿Quiénes son ellos y dónde están los afectados?
La población protegida por el TPS está compuesta principalmente por adultos que han estado viviendo más de dos décadas en los Estados Unidos, muchos con niños nacidos allí y consolidadas redes familiares. La mayoría reside en grandes áreas metropolitanas con una fuerte presencia centroamericana:
Hondureños: aproximadamente 72,000, concentrados en ciudades como Miami, Houston, Nueva York, Los Ángeles y Nueva Orleans.
En términos generales, la comunidad hondureña supera el medio millón en todo el país, mientras que los nicaragüenses son de alrededor de 400,000 según las estimaciones recientes del Centro de Investigación Pew (2023). Sin embargo, solo una fracción estaba específicamente protegida por el TPS.
Distribución geográfica estimada:
CiADadhondureños (aprox.) Nicaraguanos (aprox.) Miami15.0002.500houson12.000800nueva York10.000200 Los Ángeles8.500300 Nueva Orleans7.500–
Estas cifras ilustran cómo la decisión puede alterar profundamente a las comunidades enteras, no solo a los directamente afectados sino también a sus familias, empleadores y círculos sociales.
Consecuencias inmediatas: vulnerabilidad e incertidumbre
El final del TPS implica que a partir del 6 de septiembre a 60 días después del anuncio oficial, miles estarán expuestos a procesos de deportación inmediatos o obligados a vivir a escondite. El DHS ha ofrecido un programa limitado para facilitar los retornos voluntarios con ayuda económica simbólica: solo $ 1,000 para aquellos que aceptan abandonar los Estados Unidos.
La medida también viene en un contexto en el que las deportaciones de los Estados Unidos han aumentado en los últimos meses:
Solo en el primer semestre de 2025, casi 20,000 hondureños han sido deportados, 68% de los EE. UU., Aumentando un 12% en comparación con el año anterior. Para fin de año se espera que entre 35,000 y 40,000 hondureños sean expulsados o devueltos bajo diferentes modalidades.
A los siglos, los adultos jóvenes (de 21 a 40 años) predominan, pero también hay mujeres y menores directa o indirectamente afectados por estas políticas de inmigración restrictivas.
Reacciones: entre frustración y resistencia
Los líderes de la comunidad denuncian que muchas familias “ya han hecho sus vidas” en los Estados Unidos; Sus enlaces con Honduras o Nicaragua ahora son distantes o no existentes después de más de dos décadas afuera. La imposibilidad legal, y la práctica, para acceder a una residencia permanente se indica como una deuda histórica del sistema migratorio estadounidense.
En respuesta a esta nueva ola de inseguridad legal:
Las organizaciones pro inmigrantes han convocado marchas urgentes y asesoramiento legal. El gobierno centroamericano ha anunciado planes para facilitar la reintegración económica a través de bonos e incentivos a los retornados. El debate político se intensifica antes de las próximas elecciones presidenciales de los Estados Unidos, con el problema migratorio que ocupa un lugar central en la agenda nacional.
Donde evoluciona la situación
A pesar del endurecimiento actual, existe una presión interna e internacional para buscar más soluciones humanas y estructurales:
Los sectores demócratas abogan por las leyes que regularizan permanentemente a aquellos que tienen décadas socialmente integradas. El futuro inmediato también depende del resultado judicial de otras designaciones similares de los TP, así como posibles negociaciones bilaterales entre los Estados Unidos, Honduras y Nicaragua.
Mientras tanto, miles viven en estos días con angustia antes de la perspectiva realista de perder todo: trabajo, hogar e incluso unidad familiar. Las próximas semanas serán decisivas tanto para las comunidades afectadas como para la política de inmigración estadounidense en su conjunto.









