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La noche de elecciones del 17 de agosto dejó una imagen sin precedentes en la historia reciente de Bolivia: Rodrigo Paz y Jorge Quiroga se enfrentarán en la primera segunda ronda presidencial desde la Constitución de 2009, marcando el declive del largo ciclo de movimiento al socialismo (MAS).
El resultado, celebrado y criticado en partes iguales, certifica el colapso del “sectario del indigenismo” y el modelo izquierdista de Coca que la política boliviana ha definido en los últimos veinte años.
Hoy, 18 de agosto de 2025, la escena política boliviana ha cambiado radicalmente.
Con el 32% de los votos, Paz, hijo del ex presidente Jaime Paz Zamora, encabeza la primera ronda, seguido de Quiroga, quien obtuvo el 27%.
El MAS, acorralado por sus divisiones internas y una crisis económica sin precedentes, se relega a la irrelevancia parlamentaria, después de ser el partido dominante desde 2006.
El final de una era: más y el agotamiento del modelo
Durante dos décadas, el más capitalizado en el descontento de los sectores indígenas y rurales, promoviendo políticas de inclusión, nacionalización de recursos y una narrativa de justicia social. Pero la fórmula se agotó. La fragmentación interna, la caída en los precios internacionales del gas y los escándalos de corrupción han socavado la autoridad del partido y sus figuras históricas.
El deterioro económico es palpable. Bolivia sufre inflación, sin sentido de gasolina y productos básicos, y una caída en el poder adquisitivo que ha provocado incomodidad social. La ciudadanía, cansada de las promesas no cumplidas, ha optado por el cambio.
Como señala el politólogo José Exeni, “Crisis, desconfianza, polarización e incertidumbre” resume el clima actual.
Cuanto más, dividido en tres características irreconciliables, apenas ha logrado mantener una presencia en el Parlamento: de 130 diputados, solo uno pertenece al partido, y en el Senado ha perdido toda representación.
Paz y Quiroga: dos proyectos, el mismo desafío
Ambos candidatos representan en gran medida el regreso de la política boliviana tradicional, aunque con diferentes estrategias y perfiles:
Rodrigo Paz, un economista formado en España, era alcalde de Tarija y senador para la alianza de Carlos Mesa. Su discurso busca conciliar el país y superar la polarización, aunque arrastra preguntas sobre su gestión municipal. Su compañero de fórmula, Edman Lara Montaño, es un ex policía con popularidad en el oeste del país. Jorge “Tuto” Quiroga, ex presidente entre 2001 y 2002, es conocido por su oposición frontal al MAS y por su activismo internacional contra los gobiernos autoritarios. Representa el ala más conservadora, con propuestas para reformas constitucionales y liberalización económica.
En esta nueva etapa, el indigenismo militante y el modelo de cocalero pierden la centralidad. La izquierda, encarnada por Andrónico Rodríguez, Delfín de Evo Morales, apenas alcanzó el 8% de los votos y se queda sin influencia institucional.
Un parlamento irreconocible y la desaparición de la mayoría
La composición del nuevo Congreso refleja el colapso de la hegemonía musical. El Partido Demócrata Cristiano controlará a la primera minoría en el Senado, seguida de la Alianza Libre de Quiroga. El MAS, que llegó a tener mayorías absolutas, enfrenta la desaparición institucional. La lucha fratricida entre Evo Morales, Luis Arce y Andrónico Rodríguez ha dinamizado el instrumento político, sindical y social que, durante años, monopolizó el poder estatal y la agenda pública.
En las calles, la economía domina las conversaciones. La escasez de gasolina, el aumento de los precios y la falta de dólares han hecho mella en la confianza de los ciudadanos. Muchos bolivianos sienten nostalgia por los años de bonanza de exportación, pero la realidad actual exige nuevas respuestas y un ajuste estructural.
El fin del sectarismo y el desafío de la gobernanza
La retirada del MAS abre la puerta a una política menos marcada por el sectarismo de identidad y más orientado al pragmatismo. Sin embargo, el país enfrenta enormes desafíos:
Crisis económica profunda, en riesgo de protestas si se implementan ajustes difíciles. Polarización social persistente, aunque sin un partido dominante. Necesidad de formar coaliciones gubernamentales, en un escenario fragmentado y sin mayorías claras. Consulte el papel de los movimientos indígenas y de cocaleros, ahora marginados en el poder.
La tarea del próximo presidente será Titanic: recuperar la confianza en las instituciones, estabilizar la economía y evitar el estallido de un descontento social que sigue siendo latente. La segunda ronda, programada para el 19 de octubre, decidirá si Bolivia está comprometida con una transición moderada con paz o una restauración conservadora con Quiroga. Lo que está claro es que el ciclo del “indigenismo militante” y el “izquierdismo de cocalero” ha llegado a su fin.
En palabras de un comerciante de paz, “lo que queremos es un gobierno que solucione esto”. Los ciudadanos han hablado y exigen soluciones, no eslogan. Bolivia, después de veinte años de hegemonía de una sola fiesta, ingresa a un territorio desconocido pero lleno de expectativas.









