En este “El Monte”, la ciencia de la etnografía se cambia por algo menos rígido, algo más caprichoso y sin restricciones. Whereas Cabrera sought to present a faithful documentation of the occult, the Jiménezes build a dizzying world of multiple dualities, in which photographs appear to be paintings, Afro-Cuban and Greco-Roman mythologies mingle freely, and the aesthetics of Western art movements surround what the twins call “shadow figures”—models distilled into blacked-out, bright-eyed presences, redolent of Ayón’s universo visual.
“El renacimiento de Venus”, 2025.
“Criatura de jardín” (criatura de jardín), 2025.
“La gente está familiarizada con estas mitologías europeas o figuras históricas de arte famosas como Monet o Michelangelo”, dijo Elliot Jiménez. La serie, explicó, es un intento de “reinterpretar obras más icónicas en el contexto de la cultura y la espiritualidad cubana, las cosas con las que crecimos y que se relacionan con nosotros”. De una sola vez, Venus renace, oscura y embarazada con un fondo de azul borroso. Sikán, una figura femenina de la tradición de una sociedad secreta de hombres y hombres, llamada Abakuá, es retratada sosteniendo el pez que selló su destino. (La foto está dedicada a Ayón, quien estudió la orden religiosa y finalmente adoptó a Sikán como una especie de alter ego). Drapeado en telas exuberantes o vistiéndose las rufes isabelinas, las figuras de la sombra ordenan cada cuadro que ocupan.