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La reciente decisión de la Administración de Control de Drogas de los Estados Unidos (DEA) de ratificar las sanciones y considerar oficialmente el Cartel de Los Soles como una organización terrorista internacional. Implica un paso inédito y sin precedentes en la política estadounidense hacia Venezuela. No solo coloca uno de los carteles más infames de Estados Unidos como una amenaza geopolítica, sino que también implica que el presidente Nicolás Maduro, los altos funcionarios de Chavista y, por cierto, aún más tensión de la relación bilateral ya colapsada.
No es la primera vez que Washington recurre al idioma de la guerra total contra el régimen venezolano, pero esta vez la retórica se traduce en concreto: la DEA ofrece hasta 25 millones de dólares por información que conduce a la captura o condena de Maduro, y figuras similares para sus hombres de confianza, Diosdado Cabello y Vladimir López. La caza es igual a la de los líderes históricos de narcos como “El Chapo” Guzmán o Pablo Escobar. El mensaje es equivalente a una declaración de enemigo público número uno.
.@Orusreasury OFAC Sanciones Cartel de los Soles como un terrorista global especialmente designado. Enviar información que conduzca al arresto y/o convicciones de los venezolanos Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello Rondón y Vladimir Padrino López a (correo electrónico protegido)https://t.co/brb8cu3zqo pic.twitter.com/xjzamw0nzh
– DEA HQ (@DeaHQ) 28 de julio de 2025
Abundan los argumentos oficiales. Según el Departamento de Tesoro, el Cartel de Los Soles, integrado y protegido por estructuras militares y políticas, no solo traficó toneladas de cocaína hacia el territorio de los Estados Unidos, sino que también colaboró activamente con organizaciones transnacionales violentas, como el tren Aragua y el cartel de Sinaloa. Está acusado de desestabilizar la región y de poner en peligro la vida de los ciudadanos estadounidenses. El propio Trump recupera el discurso de “seguridad nacional” que incluso justifica posibles acciones extraterritoriales.
Las implicaciones de esta narración no se pueden minimizar. El terrorista convierte un grupo directamente vinculado al estado venezolano, y, en particular, a su presidente, implica cortar cualquier canal formal de interlocución y legitimación de presiones diplomáticas, económicas y, eventualmente, judiciales o militares. La congelación de bienes, el aislamiento internacional y la persecución legal ahora son parte de la nueva estrategia, en la que la DEA, el Tesoro y el OFAC trabajan al unísono.
Pero esta acción, que tendría ecos globales si se aplica contra cualquier otro estado, es percibida por muchos como el capítulo más reciente de una larga historia de confrontaciones. La guerra contra el tráfico de drogas ha sido, durante décadas, un campo fértil para intereses políticos, cuentas y alianzas insospechadas. Las acusaciones de corrupción y colusión entre militares, jueces y legisladores venezolanos con delitos organizados son datos largos, sí, y las indicaciones de que las manijas de justicia de los Estados Unidos no son simplemente propaganda. Sin embargo, la transformación de una red de narcopolítica en amenaza terrorista internacional genera riesgos: crea un terreno fértil para la manipulación política y les impide en sí mismos soluciones pacíficas complicadas para el drama venezolano.
La pregunta de fondo es inevitable: ¿esta extrema presión para cambiar en la conducta de Venezuela o simplemente fortalecerá la narración de la “valla imperialista” que Chavismo tiene ejercicios durante dos décadas? ¿Habrá una verdadera justicia internacional o se fortalecerán las fronteras entre los lados, criminalizando todos los canales de negociación?
El drama del pueblo venezolano es demasiado real para ser reducido al tablero de una disputa de poder y propaganda. Pero la designación del cartel de Los Soles como organización terrorista, bajo el liderazgo de Maduro, coloca a Venezuela en un punto sin retorno: para la Casa Blanca, la gran amenaza no es solo cocaína o corrupción, sino un estado de narco, dispuesto a convertirse en un refugio y colaborador de organizaciones terroristas globales. Y ese es probablemente el cambio más peligroso en la narrativa hemisférica desde la época de Noriega o el FARC.
Autor
Paul Monzón
Editor de viajes del periodista digital desde sus orígenes. Actual editor del Suplemento de Viajeros.









