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A mediados del verano de 2025, con el termómetro político a punto de explotar, el debate sobre la libertad de la prensa y el riesgo de una legislación restrictiva sobre el periodismo en España vuelve a aumentar.
La figura de Pedro Sánchez y su gobierno se han convertido en el epicentro de una controversia que amenaza con alterar los fundamentos de la democracia informativa en el país.
El propio presidente, con su tendencia reconocida a las altas declaraciones y una gestión de la comunicación institucional digna de estudio, ha reabierto la caja de Pandora: ¿dónde termina la regulación legítima y dónde comienza la censura?
En este contexto, la pregunta sobre el orgullo político y el peligro de legislar el periodismo cobran una noticia inquietante.
El 75% de los españoles creen que el periodismo sigue siendo un pilar fundamental de la democracia, según el último informe de noticias digitales España 2025.
Sin embargo, la sombra de la censura y los planes de interferencia política en los medios de comunicación, especialmente después de los movimientos recientes del ejecutivo para “regular” la actividad informativa bajo pretextos de combatir la información errónea y proteger el debate público.
Regulación o censura: el borde de la navaja
La tentación de los gobiernos para intervenir en el periodismo no es nueva, pero el debate actual adquiere tintes especialmente preocupantes. Desde Moncloa, insiste en la necesidad de “proteger a los ciudadanos frente a los bulos” y garantizar “información veraz” en tiempos de polarización digital. La realidad, sin embargo, es que la delgada línea entre la regulación y la censura nunca ha sido tan difusa.
El informe de noticias sobre el Informe Digital de España 2025 revela que el 57% de los españoles identifican a los políticos nacionales como la principal fuente de información errónea, incluso por encima de las influyentes y las plataformas extranjeras. Estos datos no son triviales: mientras que el gobierno insiste en la amenaza de los “bulos”, una buena parte de la ciudadanía apunta a los propios políticos, y por extensión, a las instituciones, como los responsables del deterioro informativo.
En este clima, la propuesta de legislar el periodismo despierta dudas legítimas. Los expertos advierten que el control institucional sobre los medios, aunque se presenta como una medida de protección democrática, puede conducir a mecanismos encubiertos de censura, restringiendo el ejercicio del periodismo crítico y la vigilancia al poder. Como cualquier columnista experimentado diría: “Quien regula, comanda; quien comine, calme a quién molesta”.
Periodismo, entre confianza y evasión
A pesar del ruido y la erosión de la confianza en las instituciones, el periodismo se resiste como referencia democrática. Tres de cada cuatro ciudadanos reconocen su importancia en la vigilancia del poder y la promoción del debate público. Sin embargo, esta percepción positiva coexiste con una tendencia preocupante: el 37% de los españoles evitan informarse deliberadamente, según el mismo informe. Las razones son tan variadas como inquietantes: desconfianza, sobrecarga informativa y el impacto negativo de las noticias en el estado de ánimo.
Este fenómeno de “evasión informativa” es especialmente acusado entre los jóvenes y los extremos ideológicos, que alimenta la fragmentación del ecosistema de los medios y la expansión de las burbujas de desinformación. Por lo tanto, mientras que el periodismo tradicional trata de mantener su peso como herramienta de verificación, la audiencia se dispersa entre redes sociales, motores de búsqueda y agregadores, donde la línea entre información y propaganda está cada vez más bien.
Europa Legisla, España duda
El debate sobre la regulación de los medios no es exclusivo de España. En la Unión Europea, la entrada en vigor de la Ley Europea sobre la Libertad de los Medios (EMFA) en agosto de 2025 marca un antes y después en la protección del periodismo contra la interferencia política y económica. Esta regulación, considerada un hito histórico, busca proteger la independencia de los medios y garantizar un entorno seguro para los periodistas.
Sin embargo, la situación española presenta matices particulares. A pesar de los avances en la posición de España en filas internacionales de libertad de prensa, el país alcanza su mejor posición histórica según los periodistas sin fronteras, las alertas persisten sobre la fragilidad del ecosistema de los medios. La dependencia financiera de los medios, la presión de las grandes plataformas digitales y la tentación de la intervención estatal amenazan el delicado equilibrio entre la independencia y la supervivencia.
El riesgo de legislar del orgullo
La tentación de regular el periodismo del poder, especialmente cuando la desconfianza social de los políticos es tan alta, es un riesgo obvio para la salud democrática. La historia reciente demuestra que las leyes supuestamente diseñadas para proteger a los ciudadanos pueden convertirse en manos equivocadas, en instrumentos de censura y represión de críticas.
El propio Pedro Sánchez, con su estilo comunicativo a veces más cerca del monólogo que del diálogo, ha alimentado las sospechas de un intento de controlar los incómodos medios. Hay pocos analistas que señalen la tendencia del gobierno a identificar las críticas periodísticas con información errónea y considerar cualquier historia extranjera como una amenaza para el interés público.
En un país donde el 73% de los ciudadanos ven las redes sociales como el principal canal de propagación de noticias falsas, y donde el 51% apoya la eliminación de contenido nocivo por plataformas, la tentación de regular puede ser tan comprensible como peligrosa. Pero si algo enseña la historia del periodismo, es que la censura, por bien intencionada, que se presenta, siempre termina convirtiéndose en la sociedad que pretende proteger.
Inteligencia artificial, información errónea y nuevos desafíos
A este lugar de reproducción se agrega la aparición de inteligencia artificial en el periodismo. El 48% de los españoles se sienten incómodos con las noticias generadas por la IA, incluso bajo la supervisión humana, y el 79% de los escépticos automatizados de la información teme la proliferación de bulos. El desafío para los medios es el doble: mantener la credibilidad y adaptarse a un entorno donde la velocidad y la personalización de los contenidos superen la capacidad de verificación tradicional.
Como si eso no fuera suficiente, la fragmentación del consumo informativo, con la televisión aún a la cabeza, seguida de las redes y la caída libre de los periódicos impresos, obliga a los medios a reinventar sus modelos de negocio y fortalecer su relación directa con el público, lejos de la intermediación de las plataformas digitales.
Curiosidades y datos para escritorio
España ha alcanzado en 2025 su mejor posición histórica en la clasificación de la libertad de prensa, siendo en la 23a Copa Mundial de acuerdo con RSF. El 34% de los españoles usan los medios tradicionales como la herramienta principal para verificar noticias dudosas, antes de las fuentes y motores oficiales de búsqueda. Los periódicos impresos han visto a su audiencia en la mitad en seis años, pasando del 38% al 19%. Un registro en el contexto europeo actual. La ley europea sobre la libertad de los medios entrará en vigor el 8 de agosto de 2025, marcando un hito en la protección del periodismo contra la censura estatal y la presión económica.
Y como dijo ese viejo periodista de escritorio: en España, legislar el periodismo siempre ha sido como poner puertas al campo. Pero ahora, además, alguien ha cambiado el bloqueo y no nos ha dado la llave.









