Más información
El documental sobre Yurena apenas ha visto la luz en Netflix, y ya ha desatado más controvertido que un debate electoral en la campaña completa. En el epicentro, Javier Cárdenas, periodista y figura de televisión que, lejos de quedarse en la anécdota, ha decidido dar un paso adelante y denunciar públicamente lo que considera un caso claro de exclusión ideológica. Su argumento es simple y directo: “A Netflix no le importa lo que no somos de la izquierda”. La frase, pronunciada con la beca habitual del presentador, ha hecho ríos de tinta digital y reabría el debate sobre la pluralidad en las historias audiovisuales.
Cárdenas no es exactamente un extraño para aquellos que vivieron los años dorados del fenómeno “tamarismo” a principios del siglo XXI. Desde su posición en las crónicas marcianas, fue uno de los principales responsables de alterar personajes como Yurena, Paco Porras o Leonardo Dantés al estrellato de la televisión. Sin embargo, el presentador ha sido “borrado” del documental que sigue siendo el mismo, lanzado recientemente en la plataforma estadounidense, a pesar de considerar que fue él quien “descubrió y curre” a muchos de esos protagonistas.
La crítica de Cárdenas, reflexionada en una entrevista con El mundoseñala directamente al equipo documental y a la plataforma en sí. Sostiene que su omisión no responde a los criterios narrativos, sino a una presunta discriminación ideológica: “Descubrí estos personajes, los curvo”, insiste al periodista, enfatizando que su papel fue fundamental en la explosión de los medios de tamarismo. Para él, la explicación es simple: “No estamos interesados en las personas que no quedan altas”.
Mientras tanto, Netflix no ha entrado oficialmente en el trapo. La superestrella de la serie documental, dirigida por Nacho Vigalo y producida por Javier Calvo y Javier Ambrossi (Los Javis), se presenta como un tributo nostálgico al fenómeno pop que sacudió España hace dos décadas. El propio Vigalondo ha defendido que su objetivo era “comprender, humanizar y respetar una serie de personajes normalmente maltratados”, huyendo de la película biográfica tradicional y apostar por un aspecto subjetivo e incluso fantástico. En este contexto creativo, los responsables han optado por centrarse más en Yurena y menos en aquellos que llevaron a su salto en los medios.
Tamarismo como fenómeno social
Para comprender la controversia actual, es conveniente regresar unos años. A finales de los años noventa y principios de la década de 2000, la irrupción televisiva de Tamara, luego cosechada como Amber y finalmente como Yurena, revolucionó el panorama de los medios españoles. Su estilo peculiar y las aventuras surrealistas de su entorno tomaron horarios de televisión. Personajes como Paco Porras, con sus frutas divinatorias; Leonardo Dantés, con sus improbables composiciones; O Yurena es parte de un microcosmos catódico donde Cárdenas sirvió como descubridor y amplificador.
El hecho de que muchos espectadores asocien ese momento de televisión a una España casual y caótica, en el que los límites entre fama y sopa se desvanecían todas las noches antes de millones de espectadores, no es menos que muchos espectadores. El propio Javier Calvo ha definido ese tiempo como “salvaje”, donde todo era posible.
El fenómeno tamarista fue tan intenso que Yurena (entonces Tamara) vino a protagonizar. Sigue siendo el mismo que recurre a los recursos de ciencia ficción para reinterpretar ese universo pop como español como poco probable. La controversia generada por Cárdenas recuerda otros debates recientes sobre versiones oficiales o de delito en series biográficas españolas. Al final, cada plataforma parece tener su propia memoria histórica. Los creadores han expresado públicamente su deseo de “hacer justicia poética”, aunque algunos protagonistas reales prefieren la justicia más literal.









