El abogado Guadalupe Sánchez, desde su tribuna habitual en el objetivo, ha decidido plantear la voz contra la gestión del gobierno frente a los incendios recientes que devastan España. La autora, conocida por su carrera legal y de medios, no se libera en los clasificatorios al analizar las acciones de las autoridades, a quienes acusa de priorizar la propaganda y la cuenta política por encima de la coordinación y efectividad en la lucha contra el fuego:
Quemaduras de España Media. Y no me refiero solo a las montañas, a los pequeños pueblos a cenizas o a las vidas destruidas dejadas por los incendios del bosque. Hablo de un país que quema políticamente nuevamente cada vez que ocurre una catástrofe. Porque aquí, cuando el fuego devora las casas y barre las montañas, qué más rápido no son las llamas, sino la miseria moral de aquellos que deben movilizar todos los medios disponibles para combatirlas.
Un esfuerzo fiscal sin retorno en los servicios
En un país donde el esfuerzo fiscal nunca se había recopilado, el esfuerzo fiscal no se traduce en mejores servicios, sino en una ineficiencia indigestible.
Sánchez afirma que, a pesar de los altos niveles de recolección fiscal, la realidad en el terreno muestra una falta de servicios eficientes. El columnista denuncia que el estado está ausente en momentos críticos y que los líderes parecen más preocupados por construir una narrativa política que dar soluciones reales a los ciudadanos afectados.
El papel de los líderes y la ausencia de coordinación
Ya lo vimos con Dana de Valencia: un estado completamente ausente y líderes en espera de fortalecer una historia que les permite ideologizar la causa para politizar la culpa. Para nuestra desgracia, la escena ahora se repite con incendios con una precisión insultante: en lugar de coordinar tropas, desplegar recursos y transmitir la calma y la confianza, nuestros líderes de los líderes detrás de las competiciones, los bloques acrónimos e ideológicos. Han demostrado una mayor diligencia en los medios de despliegue para propaganda que para combatir incendios.
El autor critica abiertamente la tendencia de los líderes públicos a esconderse en la competencia y los problemas partidistas, mientras que los afectados ven cómo los recursos no llegan y la emergencia se agrava. Sánchez enfatiza que la vida y los activos de miles de personas son relegados al fondo frente a las disputas políticas y la búsqueda de culpables.
El debate sobre competencias y oportunismo político
Dicen que el gobierno central solo puede intervenir si se solicita al presidente regional de servicio o que la comunidad debería haber solicitado ayuda antes. Y mientras tanto, se consumen las aldeas y las personas pierden lo poco que tenían. Le gustaría reír si no fuera porque lo que está en juego no es un mero debate académico sobre las competencias estatales y regionales, sino la vida y los bienes de miles de personas.
Sánchez denuncia el uso político de las desgracias, señalando el oportunismo institucional que se repite con cada catástrofe. En su columna, lamenta que el dolor de las víctimas sea instrumentalizado para reforzar ciertas narrativas, como ya sucedió con episodios recientes en la comunidad de Valenciana y ahora en regiones como Galicia, León o Andalucía.
Emergencia climática y burocracia en crecimiento
El oportunismo se ha normalizado a los extremos de Nauseabundos. Al igual que con el Dana, el dolor de miles de valencianos se utilizó para presionar con los presupuestos, las llamas de Galicia, León o Andalucía ahora se usan para profundizar una machacona narrativa: o usted acepta el pacto climático propuesto por el gobierno, o usted es un “negador”. Lo mismo que siempre, reciclaje para la ocasión. No están interesados en extinguir incendios, sino en focos de iluminación y micrófonos.
El autor identifica una estrategia gubernamental basada en la confrontación ideológica, donde la respuesta a la emergencia está sujeta a la adherencia a grandes pactos climáticos que, según Sánchez, solo sirven para expandir la burocracia y el cargo público, en lugar de proporcionar soluciones efectivas.
Crítica de la instrumentalización de la ayuda
Lo vemos claramente en los discursos oficiales: cuando el ministro Montero presenta el envío de ayuda como moneda para aprobar los presupuestos bajo el costo de la normalidad institucional; O cuando Sánchez anuncia como una solución un gran pacto estatal contra la emergencia climática, que en la práctica se traducirá en financiar más directivas generales, más asesores, más observatorios y comisionados superiores. Es decir, para obtener una burocracia que ya ha demostrado su inutilidad.
Sánchez concluye que la acción política se reduce a gestos vacíos y promesas de reformas estructurales que, en la práctica, solo refuerzan el aparato administrativo, sin resolver las necesidades urgentes de la población. Su columna, directa y sin concesiones, agrega un nuevo capítulo al debate sobre la gestión de las catástrofes naturales y el uso político de la tragedia en la España contemporánea.









