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Forma de perdonar.
Y plenamente consciente, porque muchos se aferran a la posición y solo piensan en ordeñar la vaca, mientras dura.
La escena política española vive días de vértigo. Pedro Sánchez, un maestro indiscutible del PSOE, ha elegido vincular el futuro de la fiesta con su propio destino personal, justo cuando la sombra de la corrupción se proyecta más fuertemente que nunca en las filas socialistas.
Lejos de optar por una autocrítica profunda o una apertura interna, el presidente ha decidido enterrar las filas de cierre de la tormenta y aferrarse a la dirección del partido con una determinación de que, para muchos, toca la imprudencia.
En los últimos días, el escándalo ha pasado de ser una tormenta de medios a una crisis existencial.
El desencadenante: la participación directa de las figuras clave del aparato socialista en los marcos de corrupción, como Santos Cerdán y el ex ministro José Luis Ábalos, enredado en un caso de comisiones públicas y contratos donde las grabaciones, audios e incluso un fondo opaco para sobornos aparecen que exceden los 600,000 euros.
La reacción inicial del presidente fue sosteniendo a Cerdán hasta que la evidencia era insostenible. Solo entonces procedió a su despido entre las disculpas públicas y las promesas, recurrentes, de tolerancia cero contra la corrupción.
Un deterioro institucional sin precedentes
El verdadero drama para el PSOE no es solo la magnitud del escándalo, sino su gestión política. Sánchez ha protegido su posición al descartar cualquier renuncia e incluso ha rechazado el llamado de un congreso extraordinario. En un discurso lleno de épica y victimismo, ha reiterado que continuará “con el corazón tocado pero con la determinación intacta”, sin marcar el “corrupto que ha manchado nuestros acrónimos” pero defendiendo que “el Capitán cae a la tormenta”. Mientras tanto, los críticos internos, aún más numerosos y explícitos, insisten en que el problema es estructural y no solo atribuible a algunas manzanas podridas.
Estas no son meras percepciones: España ha registrado su peor puntaje histórico en los indicadores internacionales de certeza legal y percepción de corrupción. El índice de seguridad legal coloca al país en mínimos históricos desde la llegada de Sánchez al poder, lo que refleja una erosión acelerada del imperio de la ley y las instituciones. La disminución en el índice de percepción de corrupción preparado por la transparencia internacional es aún más alarmante: España cae diez posiciones en solo un año, a la posición global 46, con solo 56 puntos de 100.
Sánchez frente al PSOE … y frente a sus “compinches periféricos”
El escudo del liderazgo presidencial ha generado incomodidad tanto dentro como fuera del partido. La gestión autoritaria, marcada por la marginación del debate interno desde las primarias de 2017, ha vaciado el PSOE de los canales reales para procesar las crisis. El Comité Federal se ha convertido en un mero procedimiento en el que se ratifican las decisiones ya tomadas por el Sanchista Dome. Paralelamente, los barones territoriales y los alcaldes socialistas temen que esto deriva también los arrastre en las próximas citas electorales. Aunque mantienen públicamente un cálido apoyo del presidente, las voces privadas que reclaman elecciones anticipadas en el verdadero riesgo de debacle generalizada son en privado.
La situación es aún más complicada porque Sánchez no logra apaciguar a sus socios periféricos (partidos nacionalistas e independientes, cuyo apoyo parlamentario es esencial para mantener viva la legislatura. Los aliados observan con sospecha las maniobras internas y exigen fuertes respuestas al deterioro institucional y las prácticas opacas que ya salpicaban no solo el PSOE, sino también a los familiares políticos del entorno presidencial.
“Estas prácticas han causado un grave deterioro institucional y han alimentado la desconfianza de los ciudadanos hacia el sistema democrático”, advierte a los ministros socialistas en una carta pública donde exigen un relevo urgente en la dirección del partido.
Del modelo de PRI mexicano al ‘Partido Estatal’
El escenario actual recuerda peligrosamente al modelo de PRI mexicano: un partido hegemónico capaz de reinventarse a través de alianzas con formaciones satelitales ideológicas, más decorativa que real, mientras controla órganos clave como el Tribunal Constitucional o la Oficina del Fiscal General. La política española parece estar dirigida a una democracia simulada donde la alternancia real se diluye bajo el peso del aparato estatal.
El riesgo es doble:
Que Sánchez logra consolidarse a través de reformas legales que refuerzan su mayoría parlamentaria artificial. Una vez que una alternancia eventual PP-VOX reactiva un ciclo interminable de inestabilidad e incluso agitación territorial, especialmente en regiones históricamente nacionalistas.
La amnistía, los perdigones y otros incendios cruzados
El repertorio de Sanchista no termina aquí. El uso recurrente de la ley de decretos como una forma ordinaria de gobierno, los indultos selectivos para fines políticos y las negociaciones oscuras sobre las leyes tan controvertidas como la amnistía ha terminado socavando aún más la confianza de los ciudadanos y alimentando un clima generalizado de sospecha institucional.
No es sorprendente, entonces, que las figuras históricas de socialismo, como José Barrionuevo o Rafael Vera, se hayan agregado públicamente a aquellos que afirman no solo una renovación urgente sino también una “regeneración democrática profunda” imposible bajo el liderazgo actual.
Curiosidades y datos llamativos
En solo dos meses, el PSOE ha perdido alrededor del 3% en la intención de votación directa según encuestas recientes; Sería su peor resultado desde 2023. La disminución en las clasificaciones internacionales coloca a España junto con países indicados por la corrupción estructural. La resignación expresa de uno de los nuevos líderes oficiales de Sánchez, después de ir a la luz, las quejas anteriores de acoso, agrega surrealismo al caos interno socialista. Las comparaciones con los modelos latinoamericanos ya circulan entre los politólogos europeos: España camina España Algunos militantes veteranos recuerdan con humor amargo en esos momentos en que las controversias internas más grandes se resolvieron entre cafés y no antes de los jueces o fiscales.
El socialismo español se enfrenta a uno de sus momentos más críticos: atrapado entre sus propios errores y corrupción tentacular que amenaza con devorar los poco que quedan de credibilidad institucional. Y todo esto bajo el comando inquebrantable, al menos por ahora, de un presidente dispuesto a resistir hasta el final.