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‘El Pizito’ o como el cine de Franco, más social que las películas de ahora, mostró el drama de la vivienda en España

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El cine español de la segunda mitad del siglo XX es un espejo incómodo de las deficiencias sociales del país. Entre las películas que mejor sabían capturar la precariedad de la vida cotidiana bajo Franco se encuentra una anciana moribunda para heredar su alquiler protegido.

Hoy, 14 de septiembre de 2025, el problema de la vivienda sigue siendo uno de los grandes desafíos en España, lo que le da a ‘El Pizito’ una validez inesperada. No es accidente que la película resurgue en el debate público cada vez que los precios del alquiler o la falta de acceso a la vivienda vuelva a ocupar titulares.

El contexto social de ‘El Pizito’

‘El Pizito’ se encuentra en un Madrid gris, donde la escasez de viviendas y la especulación inmobiliaria condenan a muchos a vivir en habitaciones alquiladas o en pisos compartidos con familiares. La trama sigue a Rodolfo, una trabajadora de oficina de clase baja que comparte un techo con su novia y su familia, y que ve en el matrimonio con su anciana en casa la única forma de obtener su propia casa. El guión, lleno de ironía y ternura, expone la crudeza de una sociedad en la que la vivienda es un privilegio y no un derecho.

La película no solo retrata la dificultad de acceder a un piso, sino que también denuncia el sistema de alquiler protegido y la falta de alternativas para los más desfavorecidos. El humor negro y la absurda situación planteada por el argumento son el vehículo perfecto para mostrar el verdadero drama de miles de españoles de la época, obligados a encontrar soluciones imaginativas, y a menudo inmorales, para sobrevivir.

De la sátira a la crítica social

Durante Franco, el cine trabajó como válvula de escape y como una crónica social. ‘El Pizito’ es un ejemplo paradigmático de cómo, bajo la aparición de la comedia, se podría presentar una queja demolente de la realidad. A diferencia de muchas películas actuales, que abordan los problemas sociales más endulzados o desde la distancia, el trabajo de Ferreri y Azcona no oculta la miseria o el conformismo de la sociedad española en ese momento.

En palabras de los críticos y académicos, la película utiliza el humor de la ironía y negro para desafiar la censura y mostrar la frustración de una clase trabajadora atrapada en la precariedad. La naturalidad con la que los personajes aceptan situaciones humillantes, como la coexistencia forzada, el hacinamiento o el picaresque para obtener un techo, es, en sí mismo, una queja del sistema social y económico de la época.

Un problema que persiste

El paralelo entre el drama de vivienda de los años 50 y la situación actual es innegable. Si bien los escenarios y las formas han cambiado, la dificultad de acceder a una vivienda decente sigue siendo una de las principales fuentes de desigualdad en España. Hoy, los jóvenes enfrentan precios disparados, hipotecas inalcanzables y salarios que no permiten la emancipación. El sueño de tener su propia ‘orina’, lejos de haberse extendido, se ha convertido en un objetivo casi imposible para muchos.

En la actualidad, los datos reflejan una realidad preocupante:

El precio promedio de alquiler en las grandes ciudades españolas ha crecido un 40% en la última década, muy por encima del aumento de los salarios. El 70% de los jóvenes entre 18 y 34 años continúan viviendo con sus padres, según las últimas cifras del Consejo Juvenil de España. El número de desalojos debidos al incumplimiento de la renta se remonta después de la pandemia, revelando la fragilidad del sistema.

La situación recuerda la frase popularizada por el ministro de Franco Arrese: “Mejor un país de propietarios que un país de proletarios”. Sin embargo, esta aspiración a la propiedad, promovida por políticas de vivienda de los años 50 y 60, ha dado paso a un nuevo escenario en el que la especulación y la falta de oferta pública agudizan el problema.

El legado de ‘El Pizito’ en el cine y la sociedad

La película de Ferreri y Azcona es parte de una película social actual que, a pesar de las restricciones de la censura de Franco, logró reflejar honestamente los problemas diarios de la población. Otras películas de la época, como ‘El Cochecito’ o ‘The Cheats’, abordaron cuestiones como discapacidad, vejez o picaresque, siempre desde una perspectiva crítica y humanista.

‘El Pizito’ se destaca por su retrato de personajes atrapados en un sistema injusto, pero también por su capacidad para humanizar a los “perdedores” y muestra la dignidad de aquellos que luchan por un futuro mejor, incluso a expensas de renunciar a sus principios. La película ha sido reclamada por su mirada compasiva y su sentido del humor, pero sobre todo debido al coraje de poner un tema tabú en la mesa: la vivienda como fuente de desigualdad y frustración.

Reflejo final

El debate sobre la vivienda en España sigue siendo tan actual como en los años de ‘El Pizito’. Si el Picaresque era la única salida para muchos, hoy la falta de políticas efectivas y la presión del mercado continúan dejando una parte importante de la población fuera del acceso a viviendas decentes. El cine, como entonces, puede y debe seguir siendo un espejo crítico de la realidad social.

Cuando mira a ‘El Pizito’, no solo encontramos una comedia negra sobre la miseria y la supervivencia, sino un llamado a la atención sobre una herida que, siete décadas después, permanece sin sanar.

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