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El Maduro Tyrant le pide al comunista Xi Jinping que detenga a Trump: ¿responderá China al llamado del Chavismo?

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La escena es tan simbólica como reveladora: Nicolás Maduro, con pleno cierre de un Congreso de Enseñanza, interrumpe su discurso para mostrar un estado de Huawei, regalo de Xi Jinping.

El gesto, aparentemente trivial, se convierte en un mensaje político: Venezuela Chavista se aferra a Beijing en busca de oxígeno antes del asedio de Washington.

El contexto no deja dudas: la presión estadounidense aumenta, y el régimen bolivariano busca desesperadamente apoyo entre las jerarquías comunistas de China.

Hoy, el 24 de agosto de 2025, la crisis venezolana ha subido a un nuevo nivel después del despliegue de los barcos estadounidenses en el Caribe, una maniobra que la Casa Blanca justifica como parte de su ofensiva contra el tráfico de drogas y la corrupción, pero que los caracas y sus aliados regionales perciben como una amenaza directa a la soberanía venezolana.

El propio Maduro ha descrito la situación como “tramo final” y ha celebrado el “avance notable” de cooperación con China, subrayando el giro estratégico hacia el gigante asiático en economía, ciencia y tecnología.

Nadie ya confía en nadie en Caracas.

Se habla de las tensiones de Urtes en el entorno inmediato de Maduro.

Algunas facciones de su círculo de confianza estarían explorando las salidas negociadas para garantizar su propia supervivencia política y legal, incluso a expensas de facilitar la entrega del presidente.

Este escenario, hasta hace poco impensable, hoy se convierte en fuerza en la medida en que las sanciones internacionales y el aislamiento han aumentado las fracturas internas.

# || #Lastora:

El régimen de Nicolás Maduro libera a 13 prisioneros políticos, incluido Américo de Grazia con plena libertad y otros como Pedro Guanipa con una casa con cárcel https://t.co/uhohepnibu pic.twitter.com/1lqi8dcwls

– Dossier Venezuela (@dossiervzla) 24 de agosto de 2025

Un turno de Beijing en medio del aislamiento

El enfoque de Venezuela a China no es nuevo, pero adquiere nuevas dimensiones debido a la creciente hostilidad de los Estados Unidos.

Para el régimen de Chavista, el apoyo de Beijing representa una tabla de salvación política y económica.

Maduro y su círculo más cercano, como el vicepresidente del Rodríguez, han intensificado contactos diplomáticos con el embajador chino en Caracas, Hu Hu, y han reiterado la importancia de la cooperación bilateral en sectores clave como la inteligencia artificial, la energía y los proyectos productivos.

Sin embargo, este enfoque tiene matices importantes:

La cooperación actual se centra en proyectos productivos y acuerdos tecnológicos, pero no implica nuevas líneas de crédito o grandes desembolsos financieros por parte de China. El modelo chino, con énfasis en zonas económicas especiales, permite a Beijing mantener la presencia e influencia en Venezuela sin comprometer grandes recursos o involucrarse directamente en la crisis de la deuda venezolana. China sigue siendo firme en su discurso de respeto por la soberanía y la oposición unilateral ”de Washington, pero evita comprometerse con la ayuda que puede poner en riesgo sus propios intereses globales.

El contexto internacional: solidaridad con reservas

La solidaridad de China con Venezuela es compartida, en el plano retórico, por Rusia, que también ha condenado el despliegue militar estadounidense en el Caribe.

Sin embargo, los expertos y analistas internacionales advierten que ni Beijing ni Moscú tienen señales de estar dispuestos a ir más allá de los gestos diplomáticos o los acuerdos comerciales limitados.

En el análisis de la ex presidenta costarricense Laura Chinchilla, los poderes aliados de Maduro han aprendido de los errores cometidos en Siria y no parecen estar dispuestos a arriesgar a Caracas si la situación interna se desborda. El recuerdo de la caída de Bashar al-Assad resuena como una advertencia: “Ni Rusia, ni Irán ni China acudieron en su ayuda” cuando el régimen sirio estaba al borde del colapso.

El endurecimiento de Washington ha resultado en una combinación de sanciones, aislamiento diplomático y, más recientemente, presencia militar directa en el Caribe. La Casa Blanca ha dejado en claro que no reconocerá la legitimidad de las últimas elecciones presidenciales venezolanas, en las que la oposición y una buena parte de la comunidad internacional denuncian fraude y manipulación de los resultados.

Estados Unidos mantiene su compromiso con el apoyo bipartidista a la oposición democrática y refuerza la presión sobre el círculo íntimo de Maduro. El despliegue de barcos con 4.000 soldados cerca de Venezuela se ha interpretado como una advertencia y como un mensaje de que la paciencia de Washington tiene límites.

¿Puede China responder a Chavista Aid?

A pesar de los gestos y la retórica, la respuesta china permanece en el campo diplomático y comercial.

Beijing ha reiterado su apoyo a la soberanía venezolana y ha criticado las acciones de los Estados Unidos en los foros internacionales, pero evita comprometerse con una nueva ayuda financiera directa. La estrategia china parece estar orientada a:

Aproveche las oportunidades en sectores específicos, como energía y tecnología, a través de zonas económicas especiales. Manteniendo una posición de equilibrio que refuerza su imagen como defensor de los países en desarrollo sin antagonizar abiertamente con los Estados Unidos en un momento de tensiones globales. Exposición financiera excesiva a la crisis de la deuda venezolana y las incertidumbres políticas internas.

Posibles escenarios

La situación, lejos de resolverse, apunta a un estancamiento peligroso:

El régimen de Madururo gana el tiempo y la visibilidad internacionales con el apoyo diplomático de China, pero aún no accede a recursos nuevos o soluciones sustantivas a la crisis económica. China refuerza su presencia en América Latina y exhibe su papel como contrapeso para los Estados Unidos, aunque con precaución y evitando participar directamente en el conflicto. Washington mantiene la presión y las apuestas sobre el desgaste interno del debate al debilitamiento internacional y económico del régimen.

En resumen, Venezuela Chavista todavía busca ayuda en las jerarquías comunistas de Beijing, mientras que el juego geopolítico se toca para varias bandas y la población venezolana todavía está atrapada en una crisis sin terminar. La respuesta china, por ahora, es prudente y calculada: apoyo político, cooperación selectiva y sin prisa por comprometerse más allá de sus propios intereses estratégicos.

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