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España demuestra nuevamente que la sátira política no necesita guionistas: el gobierno de Sánchez ha anunciado la creación de una comisión interministerial para el impulso del plan estatal para la lucha contra la corrupción, una especie de escoba institucional con la que tiene la intención de barrer la tierra … aunque el pan de pan apunta significativamente a la puerta de Moncloa.
La paradoja es tan gruesa que podría aparecer en un manual de humor negro: los ministros de un ejecutivo salpicado de escándalos de enchufe, contratos manipulados y amigos desvergonzados serán responsables de diseñar el plan que, en teoría, debería prevenir esas prácticas. En otras palabras: los zorros han sido nombrados guardianes del gallinero.
Un insulto a la inteligencia colectiva: un club sospechoso habitual que se da el título de tutores de limpieza institucionales.
Encabezado por el esposo de Begoña.
Una farsa tan desvergonzada que hace de la política española un grotesco sainete, donde los mismos que deberían ser investigados se proclamaron a sí mismos jueces y fiscales de sus propios escándalos.
Y vosotros, ¿os dais cuenta o no os dais cuenta? pic.twitter.com/tE0l5gw9u2
— Los Meconios (@LosMeconios) August 29, 2025
El teatro de regeneración
El decreto de la creación de la Comisión vende la iniciativa como un “avance histórico en transparencia” y un “compromiso firme del ejecutivo contra la corrupción”. Frases huecas que, a la vista de los miembros, tocan la autoparodia.
Porque hay, sentados en la mesa de la supuesta regeneración, los mismos nombres que arrastran las quejas, las investigaciones periodísticas y sombras demasiado largas para ocultarlas bajo la alfombra ministerial. Desde los titulares que han tenido que dar explicaciones para los contratos inflados en pandemia completa hasta la cartera responsable, donde los premios de los dedos se han convertido en deporte olímpico.
Ministros bajo sospecha
El retrato familiar no deja dudas. Entre los comisionados se encuentran ministros que han sido señalados por casos de corrupción política o clientelismo desvergonzado, desde la compra de votos en municipios hasta premios millonarios de empresas amigables. Muchos de ellos han sobrevivido portadas incómodas gracias a la disciplina del partido y la fuerte protección del propio Sánchez, quien hoy los siente en la mesa para escribir un manual contra las prácticas que los perseguen precisamente.
La ironía no se detiene allí: el vicepresidente a cargo de coordinar la comisión fue citado varias veces por la oposición como una política irregular responsable; El Ministro de Transporte aparece en informes sobre excesos de costos en obras públicas; Y la cabeza de salud aún arrastra las sombras de las bolas con máscaras y material médico durante la pandemia. ¿Son estos los garantes de la limpieza política?
Un plan de papel húmedo
Según el documento oficial, la Comisión preparará “estrategias de prevención”, fortalecerá los mecanismos de control y diseñará códigos de conducta más estrictos. Nada que no se haya escuchado antes en docenas de planes anti -corrupción que terminaron archivados junto con los resúmenes judiciales que indicaron a sus propios conductores.
La experiencia invita al escepticismo: las mismas partes que escriben códigos éticos los rompen a la velocidad con la que distribuyen posiciones entre familiares y amigos. Y ahora, el gobierno pretende que los ciudadanos aplauden mientras los investigados de ayer se convierten en auditores del mañana.
El espejo de la hipocresía
La contradicción es tan obvia que incluso las voces dentro del propio ejecutivo admiten en privado que la comisión “nace muerta”. Fuera de Moncloa, la oposición ya ha descrito la invención de “burla” y “lavado de cara para distraer mientras continúan administrando los contratos manipulados”.
Y, mientras se presenta este pomposo “plan estatal”, los tribunales siguen abrumados por las causas que afectan a los líderes del propio PSOE y sus socios de la coalición. La corrupción, lejos de la lucha, se institucionaliza cuando aquellos que deberían estar en el banco sienten diseñar las reglas del juego.
España, Laboratorio de Cinismo Político
Si algo está claro después de este episodio es que España se ha convertido en un laboratorio mundial del cinismo político. Aquí, un gobierno investigado por prácticas corruptas puede amamantar a una comisión para combatirlos, y hacerlo sin sonrojar, sabiendo que una parte de la prensa amistosa será responsable de aplaudir y inventar la farsa.
Mientras tanto, el ciudadano a pie, cansado de ver cómo se desperdician sus impuestos en los puestos de quiringos, los asesores y los contratos inflados, contempla la última invención de los aturdimientos de Moncloa. Una comisión que, lejos de inspirar la confianza, confirma lo que ya se sospechaba: aquellos que deberían pagar cuentas son los mismos que tienen la intención de enseñar lecciones de ética.