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Doral, la ciudad más venezolana de los Estados Unidos, sufre rigor migratorio después de apoyar a Trump

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Hoy, 4 de julio de 2025, Doral Dawns con un denso aire de incertidumbre.

Esta ciudad del condado de Miami-Dade, donde casi uno de cada tres habitantes es venezolano, se ha convertido en un símbolo de las contradicciones de exilio.

Aquí, aquellos que huyeron de Chavismo y apostaron a Donald Trump como un garante de mano duro contra Nicolás Maduro, ahora experimentan el efecto bumerano: las políticas migratorias del ex presidente amenazan la estabilidad y el futuro de miles de familias venezolanas.

Doral, apodado popularmente como Doralzuela, ha sido durante años el epicentro del éxodo venezolano en los Estados Unidos.

Su población, que excedió los 79,000 habitantes en 2023, está marcada por una presencia venezolana del 32%, según datos recientes del censo estadounidense.

Las calles vibran con acentos de Caracas, panaderías y areums; El español domina las empresas locales. Pero bajo esa aparente normalidad crece una preocupación: el endurecimiento migratorio amenaza con fragmentar a la comunidad.

Muchos residentes llegaron después de dejar Venezuela debido a la crisis política y económica generada por Chavismo.

Escaparon de la escasez, inflación e inseguridad; Encontraron en Doral un espacio para reconstruir sus vidas. Sin embargo, las últimas decisiones ejecutivas han puesto su estado en control: deportaciones aceleradas, revocación de programas como el estado de protección temporal (TPS) o permisos humanitarios (libertad condicional) y una narrativa que asocia a los migrantes venezolanos con pandillas criminales como el tren Aragua.

El voto que regresa como una sombra

El apoyo electoral para Donald Trump fue abrumado en Doral: alrededor del 60% votó por él en los presidenciales anteriores. La expectativa era clara: presión internacional contra maduro y apoyo para aquellos que huyen de su régimen. Sin embargo, la realidad actual está lejos de ese anhelo. El propio Trump adquirió en 2012 el famoso campo de golf local, el Trump National Doral Golf Club, y cultivó una relación cercana con la comunidad.

Ahora, residentes como Viviana Ferrer reconocen que votaron por él pensando que él sería su salvavidas contra Chavismo. Pero se sienten traicionados al ver cómo las nuevas reglas migratorias afectan principalmente a los venezolanos: “Voté por Trump pensando que iba a ayudarnos a abandonar el gobierno de Maduro y resulta que ahora negocia con él y ataca a los venezolanos”, confiesa a un vecino bajo anonimato.

La percepción general es que las medidas recientes no solo buscan detener la inmigración irregular, sino que también tienen miedo entre aquellos que ya estaban protegidos por cifras legales especiales.

La paradoja del exilio: ¿A dónde van los venezolanos?

El caso de Doral refleja un fenómeno global: la diáspora venezolana ya es una de las más grandes del mundo. En los últimos años, de acuerdo con las estimaciones actualizadas, más de 7.7 millones de venezolanos han abandonado su país desde 2015.

Los principales destinos son:

Colombia: Más de 2.8 millones de Perú: aproximadamente 1.5 millones de Estados Unidos: aproximadamente 545,000 (especialmente concentrado en Florida) Ecuador: Más de 500,000 CHILE: alrededor de 440,000Brasil: más de 300,000

Otros países como México, Argentina y España también aparecen entre los destinos preferidos, aunque a menor escala.

La razón es común: huir del “horror Chavista”, la combinación letal del colapso económico, la represión política e inseguridad, para buscar refugio donde hay oportunidades y garantías mínimas. El caso estadounidense se destaca porque muchos vieron en los Estados Unidos no solo un destino seguro sino también un aliado político para forzar cambios internos en Venezuela.

Consecuencias inmediatas y posibles escenarios

La situación actual ha generado varios efectos inmediatos:

Incertidumbre legal sobre el futuro estatus de inmigración. Aumento de deportaciones o separación familiar. Impacto económico directo para empresas locales administradas o utilizadas por venezolanas. Presión de Mayer sobre organizaciones comunitarias dedicadas a asesoramiento legal y apoyo psicológico.

Algunas decisiones han sido impugnadas en la corte; Los jueces federales han bloqueado temporalmente ciertos decretos presidenciales. Sin embargo, la sensación entre los vecinos es que viven “con la maleta hecha”, listas para moverse si llega una notificación inesperada.

En cuanto al futuro político inmediato:

Si se mantienen restricciones actuales, podría haber una disminución significativa en la presencia venezolana en ciudades como Doral. La comunidad repensa su afinidad política tradicional; Hay voces que solicitan un turno de opciones menos polarizantes. Un rebote se descarta en aplicaciones de asilo a otros países, como Canadá o naciones europeas, si el clima hostil persiste.

Una fiesta entre dos exiliados

Doral hoy representa uno de los espejos más crudos del éxodo venezolano: una ciudad que fue forjada como un refugio contra el autoritarismo pero ahora enfrenta sus propias fronteras internas. El debate político local gira en torno al miedo y la esperanza; Muchos temen perder al pequeño construido después de años fuera de casa.

Mientras tanto, las organizaciones civiles intentan mediar entre las autoridades federales y residentes para garantizar los derechos básicos y evitar deportaciones masivas sin garantías de procedimiento.

En palabras simples: lo que sucede hoy en Doral, y por extensión en gran parte del sur de Florida, condensa las tensiones globales entre la migración forzada, la polarización política y la identidad comunitaria.

El desafío será encontrar salidas que no sacrifiquen los derechos humanos ni los sueños legítimos por una vida mejor lejos del Chavismo.

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