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Cuando Pepiño Blanco es más voraz que Cristóbal Montoro: presiona así ‘acento’ en el Congreso para favorecer a sus clientes

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Son un rastreo.

Dos versiones del mismo negocio, con ligeras diferencias políticas y el mismo objetivo: obligarse mutuamente a aprovechar sus contactos, agendas y miserias.

Los suyos y los de quienes desde las puertas abiertas de poder facilitan los contratos y la ayuda.

En los pasillos del Congreso y el Senado, el nombre de José Blanco, conocido como Pepiño, resuena fuertemente.

Ex Ministro de Desarrollo en el momento de José Luis Rodríguez Zapatero, Secretario de Organización del PSOE y luego Eurodiputa, hoy es la cara visible de uno de los consultores de lobby más activos y exitosos del país: acento de asuntos públicos.

Junto con él, otro ex ministro, Alfonso Alonso (PP), lidera un equipo que ha logrado registros y beneficios de facturación, mientras que su actividad, y la de otras figuras políticas convertidas en cabilderos, vuelve a abrir el debate sobre la influencia real que ejercen estos grupos en las instituciones españolas.

En 2024, Accent alcanzó los 9.6 millones de euros en facturación, con una ganancia neta mayor de 2 millones. El crecimiento es notable: 22% más que el año anterior. Su fuerza laboral también ha aumentado, tocando a los 40 profesionales, y la empresa ya mira hacia América Latina para expandir su negocio después de consolidarse en Bruselas y Madrid.

La presión legislativa: cambios regulatorios en el servicio al cliente

La especialidad de acento no es solo para asesorar a grandes empresas en sectores estratégicos como energía, salud o infraestructura; También es para hacer que los estándares modifiquen o aumenten las enmiendas favorables a sus intereses. Un caso paradigmático fue la maniobra con los inquilinos de las tiendas en los aeropuertos: el acento logró que se aprobó una enmienda que significó una pérdida de 1,5 mil millones para AENA al eliminar el ingreso anual mínimo garantizado durante la pandemia.

Este movimiento generó una enorme incomodidad interna en la empresa pública y evidenció el peso real del lobby a las comisiones parlamentarias.

No es un caso aislado. El consultor tiene grandes multinacionales como Novartis, Huawei, MediaPro, firmas del sector de la salud y las compañías internacionales de energía. En todas estas áreas, su trabajo se traduce en lograr ventajas competitivas a través del cambio o interpretación favorable de las regulaciones clave.

De Montoro a Blanco: la puerta giratoria que nunca se detiene

La historia se repite. Anteriormente fue Cristóbal Montoro (PP), quien después de dejar el ministerio fundó su propio consultor para asesorar a las empresas sobre impuestos e influir en las políticas públicas. Ahora son blancos, Alonso e incluso otros históricos como Elena Valenciano o Valeriano Gómez, que forman parte del Consejo Asesor de Acento. Esta estrategia, lejos de ser exclusiva del PSOE o el PP, demuestra cómo las redes políticas se mudan al sector privado para monetizar contactos e información privilegiada.

Montoro fundó su compañía dos años después de dejar el Tesoro (que cumple con la actual “puerta rotativa legal”), pero los nuevos proyectos legislativos buscan endurecer estas restricciones. La futura ley de lobbies requiere un registro obligatorio y prohíbe altas posiciones recién fuera del gobierno para trabajar como lobos durante dos años. Con esta regla ya en vigor, cifras como Blanco o Alonso no habrían podido encontrar o dirigir el acento inmediatamente después de dejar sus posiciones públicas.

El negocio del lobby: figuras persistentes de registro y opacidad

El sector del lobby profesional está viviendo una explosión auténtica en España:

Se estima que se mueve entre 40 y 50 millones anuales, con expectativas de crecimiento hasta 2030. Solo el 3.45% de los vestíbulos cumplen con los estándares mínimos de transparencia (como la publicación de cuentas anuales recientes). Más del 55% ya comparte datos de facturación, pero las operaciones con piezas vinculadas (socios familiares o políticos) siguen siendo opacos según auditores independientes.

La auditoría de acento en sí indica que la memoria abreviada no incluye detalles sobre las operaciones con piezas vinculadas, lo que dificulta conocer el alcance real de las relaciones económicas entre el consultor y su red política.

Desde el pájaro a Marruecos: influencia después de las fronteras

La capacidad de influir no termina en el parlamento español. Tanto White (Accent) como Zapatero (Kreab) han ofrecido sus servicios como mediadores de las crisis comerciales internacionales tan relevantes como el caso Taqa-Naturgy o los problemas de energía entre España y Argelia. De hecho, Accent ya tiene líneas abiertas para capturar clientes fuera del país gracias al refuerzo de su equipo europeo y alianzas estratégicas con empresas portuguesas.

El sector de la salud, aclara durante la pandemia, es otra área donde el consultor ha ampliado su actividad gracias a firmas especializadas y relaciones privilegiadas con oficinas ministeriales. Marruecos también aparece como uno de los mercados donde el acento estaría operando para intereses comerciales españoles.

Un debate abierto: ¿quién controla los lobbies?

Mientras que Europa requiere un mayor control sobre las actividades de la lobstación, y España procesa una ley específica, los grupos de presión continúan operando con apenas restricciones efectivas o obligaciones de transparencia reales. Solo una minoría paga públicamente sobre sus ingresos o clientes; La mayoría continúa trabajando entre los estantes con casi ninguna vigilancia institucional.

En este contexto, nombres como Pepiño Blanco o Montoro no solo simbolizan una trayectoria política sino también de una nueva forma, y muy lucrativa, de ejercer influencia donde el público y el privado están entrelazados hasta que se confunden.

La falta de regulación efectiva deja el margen para que los antiguos líderes políticos transformen los contactos institucionales en negocios multimillonarios. El debate público crece sobre si estos movimientos son éticos o legales; Pero la verdad es que hoy son perfectamente comunes.

La historia reciente muestra que mientras no haya cambios profundos en la transparencia y la regulación reales, los lobbies continuarán siendo actores decisivos, aunque invisibles, en decisiones que marcan la dirección económica y social del país.

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