¿Qué más tiene que suceder?
La pregunta es retórica y segura de que lo ha criado docenas de veces.
¿Qué tiene que suceder en España para que una caraura como Sánchez y su pandilla de matones asuman alguna responsabilidad?
No se acumule, porque la respuesta es simple.
Nada.
Solo necesitamos recibir un meteorito gigante, como el que terminó con los dinosaurios, o un tsunami colosal, de las dimensiones de las cuales Lisboa barrió a Lisboa en todos los santos de 1755.
Y si también nos enamoramos esas desgracias, algo que no descarto, el esposo de Begoña y su mafia ni siquiera serán aludidos.
Culparán a los marcianos, Franco o al heteropatriarcado. Y seguirán el sol de las vacaciones y darán su vida para tener en cuenta al contribuyente sufrido.
O acumulando millones como lo hace Zapatero, que hoy revela ‘el objetivo’ que ha multiplicado su herencia por 100, ya que es un comisionado, embajador y valoración del torturador de Maduro.
No tienen un pase. En el mismo país cuyo gobierno obtiene hoteles para alojar a los inmigrantes de África ilegalmente, las damas de Orense, León o Zamora, que han perdido sus hogares debido a la falta de pronóstico oficial y la negligencia en Cascade de los políticos, el sueño, la mentira, en una colchoneta en un centro deportivo.
En el cual el país se gastan 4.000 euros por mes en cada MENA, los dañados por el Volcán La Palma continúan residiendo en contenedores y las víctimas de Dana no han recibido la compensación.
Y en el que faltan hidroaviones para combatir los incendios, los Zánganos más relevantes de la banda de PSOE viajan todas las semanas en Falcón a Santo Domingo y su jefe declara ‘zona de exclusión’ y prohíbe a las motocicletas de agua en el mar adyacente a la Mareta, para que los baños no le dan a él a un hijo de una bitca.
Por lo tanto, dice las cosas, lo único que queda son las elecciones y, aunque podemos atrapar nuestros dedos nuevamente, ahora apostamos a que las tendremos en el primer cuarto de 2026.
El compatriota necesita aferrarse a la silla presidencial, para intentar desde el Moncloa para detener el rosario de los procesos judiciales para la corrupción, que rodean a sus parientes y su partido.
A esto se agrega que Proetarras, los separatistas catalanes de la derecha e izquierda y los zarrapasses periféricos no vislumbran un carácter más pastel como presidente del gobierno de España y aún tienen muchas facturas para pasar a la recolección.
Pero el calendario político es implacable.
Antes de diez meses tendremos elecciones regionales en Andalucía, donde ‘Chiqui Montero no cría cabezas y en Castilla y León, donde los socialistas aún están bajos.
Mi predicción es que Sánchez no tendrá otro para llamar al mismo tiempo a los generales.
Y que se pagará un batacazo antológico.