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Muharram en Irán: un ritual interpolítico de unidad y resistencia contra la opresión

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MADRID – El ritual de Muharram en Irán, tradicionalmente entendido en Occidente como una ceremonia estrictamente religiosa, de hecho tiene un significado mucho más profundo y complejo. No es simplemente una conmemoración espiritual, sino un acto sobre político que entrelaza la identidad, la memoria histórica y la resistencia.

Para comprender completamente esta dimensión, primero uno debe interrogar la categoría misma de “religión”, entendida como una construcción moderna y colonial, y reconocer que Muharram está integrado en un discurso que trasciende los límites convencionales entre el nacionalismo secular y la República Islámica, que dan forma a un proyecto compartido de soberanía y autonomía.

La religión como categoría colonial

En estudios contemporáneos sobre religión y política, pensadores como Talal Asad, Saba Mahmood, Gil Anidjar y Jasbir Puar han desafiado la noción de religión como una esfera autónoma y universal separada de lo político. Asad, en particular, argumenta que la “religión” es una invención europea moderna, impuesta a las tradiciones no occidentales como una forma de fragmentación epistémica y disciplinaria. Este proceso ha servido para despolitizar ciertas prácticas al relegarlas a la esfera privada o espiritual, despojado de la agencia colectiva.

Saba Mahmood expande esta crítica al mostrar cómo las prácticas religiosas pueden encarnar formas complejas de agencia ética y política, a menudo fuera de los marcos liberales o seculares. Gil Anidjar enfatiza que la división entre la “religión” y el “secularismo” es un mecanismo central de la gobernanza cristiana moderna, mientras que Jasbir Puar ha demostrado cómo la categoría de religión ha sido instrumentalizada para justificar tanto la dominación colonial como las jerarquías nacionales en los estados poscoloniales.

Desde estas perspectivas, Muharram no debe leerse como una mera observancia religiosa, sino como una forma de ontología política, un modo de ser en el mundo que moviliza los afectos, los cuerpos, los recuerdos y los símbolos en una praxis de resistencia y soberanía.

Muharram como recuerdo sobre político

Muharram conmemora el martirio del Imam Hossein en Karbala, un evento que simboliza la lucha perpetua entre la justicia y la tiranía, entre los oprimidos y el opresor. Lejos de ser una narrativa puramente devocional, el paradigma de Karbala es una narración fundamental para la memoria colectiva de Irán. Opera como un marco ontológico a través del cual se forma la identidad política de la gente, dando significado a una trayectoria histórica marcada por la resistencia a la dominación.

Cada año, el ritual de Muharram reactiva este paradigma, no a través de la repetición ritualista, sino a través de una renovación simbólica de la lucha contra la injusticia. La performatividad del duelo, los cantos elegíacos, las procesiones y las reuniones comunales proyecta un horizonte compartido de dignidad, soberanía y sacrificio. El pasado está inscrito en el presente como una continuidad histórica viva que legitima las formas actuales de resistencia y anticipa las futuras.

Nacionalismo y la República Islámica: falsas oposiciones, convergencias reales

En el contexto iraní, Muharram también juega un papel central como sitio de cohesión nacional. Sin embargo, esta unidad no debe entenderse como un mero punto de encuentro entre dos polos opositores: el nacionalismo e islamismo, sino más bien como una articulación más profunda en la que ambas tradiciones se encuentran, sostienen e entrelazan en torno a un objetivo compartido: la defensa de la soberanía iraní.

La supuesta oposición entre el nacionalismo y el islamismo ha sido en gran medida una construcción ideológica, útil en ciertas coyunturas históricas pero inadecuadas para capturar la complejidad del panorama político de Irán. Tanto el nacionalismo cultural como el islamismo revolucionario comparten una matriz común de resistencia contra la interferencia extranjera, el colonialismo y el despojo. En Muharram, esta convergencia encuentra expresión en un lenguaje simbólico compartido que integra lo religioso, histórico y político.

Durante la monarquía de Pahlavi, por ejemplo, el nacionalismo fue instrumentalizado por el régimen como una herramienta para legitimar su autoridad, a menudo a expensas del Islam chiíta como una fuente de legitimidad popular. Sin embargo, después de la revolución islámica de 1979, y especialmente durante la guerra de ocho años impuesta entre Irán e Irak, la religión recuperó un papel central. La narrativa de Karbala proporcionó un marco ético y afectivo que dio sentido a la defensa nacional. La guerra fue interpretada como una continuación de la lucha del Imam Hossein, y el uso de símbolos religiosos no solo fue aceptado sino también aceptado por combatientes y ciudadanos por igual.

Muharram 2025: entre la memoria y la lucha actual

El Muharram de 2025 tiene un significado particular después de la reciente guerra de 12 días entre Irán e Israel. Este conflicto, ampliamente percibido en toda la sociedad iraní como un acto de agresión extranjera, ha catalizado un momento renovado de cohesión nacional. Las movilizaciones masivas durante Muharram no han sido meros actos de devoción, sino que se han reafirmado expresiones políticamente cargadas a través de las cuales la unidad, la soberanía y la dignidad nacional.

Las ceremonias de duelo, los discursos públicos y las manifestaciones de base han proyectado una narración de continuidad histórica: de Karbala a Qods, desde el Imam Hossein hasta los mártires contemporáneos. El pueblo iraní no simplemente conmemora un pasado sagrado, lo están reactivando como práctica política frente a las amenazas actuales. Muharram se convierte así en un sitio de articulación entre la memoria, la resistencia y la acción colectiva.

Muharram en Irán no puede entenderse adecuadamente a través de la lente reduccionista de la religión como una categoría moderna. Más bien, debe verse como un ritual sobre político que encarna un modo particular de ser y resistir, una práctica colectiva que articula la memoria, el afecto, la identidad y la soberanía. En tiempos de agresión externa, como la reciente confrontación con Israel, Muharram funciona como un catalizador para la unidad nacional, reforzando la coherencia interna de un pueblo que ha combinado el islamismo con un proyecto político emancipador.

Más allá de las tensiones superficiales entre el nacionalismo y la República Islámica, el ritual se convierte en un espacio de convergencia y afirmación. Historia y teología, cultura y política, se reúnen en una praxis compartida de autonomía defendida. En este sentido, Muharram no es simplemente una conmemoración, es un acto de soberanía en sí mismo: una declaración que Irán no se inclinará, que su memoria permanece viva y que su futuro será moldeado por su propia gente.

Comprender esta dimensión es clave no solo para comprender la especificidad del Islam chiíta en Irán, sino también para apreciar las formas no occidentales de articular lo religioso y lo político. En última instancia, Muharram es la expresión viva de una nación que se resiste a través de su memoria y se afirma a través de su fe.

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