“Estamos exhaustos. No tenemos comida, ni medicina ni un lugar seguro para ir”, dijo un residente que ya había huido dos veces antes. La ciudad, maltratada por semanas de ataques aéreos, se enfrenta a la hambruna e infraestructura colapsante. Los hospitales se desbordan con los heridos, mientras que la ayuda humanitaria lucha por alcanzar a los necesitados.









