Home Noticias Locales Vargas Llosa y “El Boom”

Vargas Llosa y “El Boom”

68
0

Hace un mes, el 13 de abril, a los 89 años, Mario Vargas Llosa murió, uno de los escritores latinoamericanos más prominentes. Una breve lista de algunas de las distinciones obtenidas por él da una idea clara del reconocimiento logrado por el autor: Premio Nobel de Literatura (2010), Premio Cervantes (1994), Premio Prince of Asturias para Letters (1986), Romulo Gallegos Premio (1967), Breve Library (1962).

No tenemos la intención de extender aquí el trabajo y la vida del escritor, porque esa tarea ya se realizó en múltiples medios periodísticos en las últimas semanas. En esta nota, proponemos algo diferente: examinar algunas características del “boom de la literatura latinoamericana” (fenómeno literario al que el nombre de Vargas Llosa está indudablemente asociado), y recuerda algunas reflexiones.

Con referencia al término “boom”, proviene de la terminología del marketing estadounidense para designar un fuerte aumento en las ventas de un determinado producto. Aunque en diferentes centros urbanos en América Latina ya había habido en ese sentido un “boom” de ventas de artículos o electrodomésticos, lo sorprendente fue su aplicación a un producto como el libro, que anteriormente estaba fuera de dicho desarrollo.

Estos no les gustan los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Es por eso que molesta a quienes creen que son los dueños de la verdad.

Por otro lado, en términos de las características del “boom de la literatura latinoamericana”, aunque se escribió mucho de ella, debe tenerse en cuenta que esto no significa que se presente con características firmemente establecidas, con una perspectiva uniforme por parte de los críticos y los mismos escritores. De hecho, no existe unanimidad de opiniones con respecto a elementos esenciales como autores, fechas, características comunes, el papel de los medios de comunicación y los editoriales en la difusión.

Con respecto a los autores que pertenecerían al “boom”, aunque la lista varía significativamente según quién lo realiza, hay algunos nombres que parecen inevitables, incluido el de Vargas Llosa. In this regard, the Chilean writer José Donoso, to which some include it within the movement, in his work Person Márquez and Mario Vargas Llosa ”. With a similar criterion, the Uruguayan literary critic Ángel Rama affirmed with a satirical tone in his article “The ‘boom’ in perspective” (1981) that this is “the most exclusive club that has known the cultural history of Latin America, a club Eso tiende a aferrarse al principio intangible de solo cinco sillones y no uno más, para salvaguardar su vocación elitista. Propiedad ‘: Aquellos correspondientes a Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez. Se puede ver que los cuatro designados parecen tener en cuenta siempre, aunque recuerde que de acuerdo con los diferentes apariencia generalmente se agregan nombres diferentes.

Por otro lado, en este tema, Vargas Llosa señaló en el libro Coloquium (Caracas, 1972): “Lo que se llama Boom y que nadie sabe exactamente qué es, particularmente no sé, es un conjunto de escritores, no se sabe quién tiene cada uno su propia lista, que más o menos simultáneamente en el tiempo en tiempo, algo de difusión, cierto reconocimiento por parte del público y la crítica”.

Además, con respecto a las fechas, debe tenerse en cuenta que tampoco hay acuerdo sobre ellas. Mientras que en general el “boom” se encuentra en los años sesenta y setenta del siglo pasado, es un arco temporal bastante laxo. De acuerdo con el mencionado Ángel Rama, una posible fecha de inicio sería 1964, para lo cual se basa en un curioso indicador: las cifras de ventas de Julio Cortázar antes y después de esa fecha. Había publicado Bestiario (1951), The Secret Weapons (1959) y los premios (1960) con rollos que varían entre 2,500 y 3 mil copias, sin volver a emitir ninguna de ellas. Pero, desde Rayuela (1963), comienza un ciclo diferente, ya que no solo las ediciones sucesivas de este trabajo alcanzan de 10,000 a 25 mil copias, sino que también se reeditan con importantes ejecuciones de sus textos anteriores. Para el crítico uruguayo, esta sería una clara indicación del momento de la notoriedad lograda por uno de los autores clave del “boom” y, por extensión, de todo el movimiento.

Además, con referencia a la generación del “boom”, la mayoría del cuarteto nombrado estaba compuesto por jóvenes, porque García Márquez (nacido en 1927), Carlos Fuentes (1928) y Vargas Llosa (1936) fueron treinta y años a principios de los años sesenta y solo Cortázar (1914) pertenecieron a un momento anterior. Pero una característica única del “boom” fue que, por el éxito de los nombrados, escritores de generaciones anteriores también obtuvo una difusión renovada entre el público. Un caso ejemplar de esto es el de Leopoldo Marechal y su obra más famosa, Adam Buenosayres. Esto había aparecido en 1948 cosechando pocos lectores, pero en 1966 la editorial sudamericana la volvió a emitir con una serie de 10 mil copias y con la misma carrera que publicó nuevamente en 1967, 1968 y 1970.

Por otro lado, en términos de los elementos comunes que se vincularían con los trabajos del “boom”, debe tenerse en cuenta que no hay consenso más allá de que las obras de estos últimos estén restringidas a la narrativa. Vargas Llosa destacó esa falta de elementos comunes en los autores del “boom”, quien en el evento indicó: “En ningún momento un movimiento literario vinculado por un ideología estética, política o moral.

Continuando con la referencia al papel cumplido por las revistas y editores actuales en la difusión de los autores del “boom”, no hay acuerdo. No es que haya dudas que influyan, sino en qué medida lo hicieron. Sin ingresar ese debate, no hay duda de que esas revistas que tuvieron lugar en los años sesenta siguiendo el modelo de publicaciones norteamericanas como Time o Newsweek jugaron un papel destacado. Prestaron atención a los libros y autores de manera similar a la utilizada solo para las cifras políticas, deportivas o de exhibición. Un caso ejemplar de esto fue la primera revista Argentine Flat, apareció en 1962, que contribuyó mucho a la difusión de los narradores latinoamericanos.

Por otro lado, en los editores, en los años sesenta, varios en América Latina y parte de España comenzaron a incluir en sus catálogos a autores latinoamericanos en una proporción mayor de lo que habían estado haciendo antes e incluso enfrentaron competencias internacionales con premios atractivos, contribuyendo así a la difusión de muchos escritores. Un caso ejemplar a este respecto fue la editorial española Seix Barral, quien recompensó obras como The City and the Dogs (1962), por Vargas Llosa, o Change of Skin (1967), por Carlos Fuentes.

Precisamente, sobre la importancia de los editores en la difusión del “boom”, Vargas Llosa comentó en 1972: “Los editores aprovecharon una gran ventaja de esta situación, pero también contribuyó a la difusión de la literatura latinoamericana que constituye un resultado en el fin de las cuentas bastante positivos. Lo que sucedió en el nivel de diseminación de los trabajos como un estímulo a muchos jóvenes, los han llevado a los que les ha llevado a escribir a los que les ha llevado a los que les ha llevado a un estímulo, les ha llevado a un estímulo. los llevó a escribir, los ha llevado a la posibilidad de publicar.

En resumen, el “boom” ha sido un fenómeno complejo, en cuyas características han sido formuladas muy diversas apreciaciones, tanto por los críticos como por los autores involucrados. En este sentido, más allá de recordar algunos problemas fundamentales sobre el fenómeno del “boom”, queríamos rescatar aquí las opiniones de Mario Vargas Llosa al respecto.

*Licenciado en Letras (UBA), Doctor en Ciencias Sociales (UBA), IG@Carloscampora01