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Un juez de Río Cuarto declaró que el caso de Dalmasso se emitió en una “verdad de la verdad”

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Nora Dalmasso (51) fue encontrada estrangulada en las primeras horas del 26 de noviembre de 2006, en su casa en el vecindario de Villa Golf, una zona residencial de alto poder adquisitivo de Río Cuarto, al sur de la provincia de Córdoba. Ella vivía con su esposo, el traumatólogo Marcelo Macarrón, pero esa noche estaba sola porque su esposo había viajado a Uruguay para jugar un torneo de golf. En noviembre, se completarán 19 años de femicidio que se estremeciera por un país y que tiene un sospechoso identificado por una recopilación de ADN, pero gratuita.

Ahora, y en una decisión que deja abierta la posibilidad de alcanzar la verdad, el juez Diego Ortiz, a cargo del Tribunal de Control y Fallas de Río Cuarto, propuso que el caso sea investigado bajo la figura de “verdad de la verdad”.

El fallo establece que el caso debe continuar “activo y abierto”, lo que permite que la queja y la defensa propongan nuevas medidas probatorias destinadas a reconstruir la verdad histórica de lo que sucedió. Para el magistrado, cerrar el caso implicaría romper con obligaciones internacionales asumidas por el estado argentino en derechos humanos, especialmente en contextos donde ha mediado la violencia de género.

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De esta manera, el juez rechazó un enfoque central de los defensores de Bárzola, el presunto autor del crimen (N. de R.: El año pasado, una comparación de ADN con las muestras encontradas en la escena del crimen lanzó un resultado positivo).

La defensa solicitó declarar la prescripción de la acción penal, pero Ortiz consideró que esta decisión sería “prematura” e intento contra la posibilidad de lograr la justicia: “El proceso criminal debe continuar en vigor y abierta, de modo que la investigación continúa y las partes pueden incorporar todas las pruebas de que consideran la determinación de la verdad de lo que sucedió”, dijo en su resolución.

La figura de la “confianza de la verdad” se convierte en fuerza porque propone otra forma de alcanzar la verdad. Esta herramienta legal se basa en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (IACHR), que ha reconocido el derecho de las víctimas y sus familiares a saber la verdad de lo que sucedió, incluso cuando no se derivan sanciones penales.

En este contexto, el juez Ortiz consideró que mantener la causa del delito de abierta de Dalmasso no solo responde a un interés legal, sino también a un requisito del Sistema de Protección de Derechos Humanos Interamericanos. El objetivo ya no es solo castigar a los responsables, sino para permitir los medios para reconstruir la verdad y hacer justicia simbólica, incluso sin penalización.

“Debe avanzar en la ‘confianza de la verdad’ en relación con este caso, para conciliar los derechos de los miembros directos de la familia de la víctima para acceder a la justicia y al deber del estado argentino de investigar los actos penales en los que se habían violado los derechos humanos”, dijo el juez.

El crimen de Nora Dalmasso cruzó varias etapas judiciales. En 2022, el viudo Marcelo Macarrón fue juzgado por el caso y fue absuelto por falta de evidencia. El fracaso de Ortiz llega a contrarrestar esa sensación de cierre definitivo, al proponer una nueva fase en el proceso que permite explorar otras hipótesis, desde una perspectiva de la verdad histórica.

Uno de los puntos más controvertidos del fallo es la discusión sobre si el caso puede o no ser calificado como un crimen contra la humanidad. Para Ortiz, a pesar de la gravedad de lo que sucedió y su vínculo con la violencia de género, “el hecho no constituye una suposición de crimen contra la humanidad o una violación muy grave de los derechos humanos que lo hacen instalar”.

El magistrado explicó que los crímenes contra la humanidad requieren cierto contexto y condiciones de autoría que no se verifican en el archivo.

Aunque el caso de Dalmasso representa, según la resolución, una grave afectación de los derechos cometidos en un contexto de violencia de género, no cumple con los requisitos formales para la calificación como un delito intestible.

“De conformidad con las interpretaciones realizadas por los miembros del Sistema de Derechos Humanos de Protección Americana, los hechos cometidos en el contexto de la violencia de género se consideran violaciones de derechos humanos muy graves, asimilables para la tortura, cuando se ejecutan en una persona bajo custodia de un funcionario público, o por agentes del estado o por personas que trabajan bajo la instigación o dirección de funcionarios públicos en contextos específicos”, dijo el juez.

En la parte final del fallo, el juez Ortiz también señaló que, hasta ahora, no se ha verificado ninguna causa de suspensión o interrupción del proceso con respecto a Barzola, aunque esa situación podría modificarse si surge una nueva evidencia.

Una causa con muchas compras y giros

RP

En estos años, la investigación judicial por el crimen de Nora Dalmasso avanzó sobre varias hipótesis. Desde un crimen en el marco de un juego sexual, un abuso sexual seguido de la muerte, un femicidio, hasta un asesinato a pedido.

La experiencia concluyó que la causa de la muerte era la asfixia debido al estrangulamiento. El cuerpo de Nora, medio visto, fue encontrado en la cama de su hija.

Durante el extenso viaje judicial, varios sospechosos fueron acusados ​​y luego despedidos, incluido el viudo Marcelo Macarrón, el exasor del gobierno Rafael Magnasco, el pintor Gastón Zárate y Facundo Macarrón, el hijo de la víctima.

En la escena del crimen, los expertos detectaron un perfil genético correspondiente al linaje de haplotipo y macarrón. Ese hallazgo se usó por primera vez para acusar a Facundo, y luego, como apoyo para imputar al padre. Macarrón siempre argumentó que había mantenido relaciones con su esposa antes de realizar el viaje por el cual la noche del crimen no estaba en la ciudad.

Gastón Zárate, apodado “El Perejil”, fue arrestado brevemente, pero su situación generó una ola de apoyo popular y marchas exigiendo su liberación. Fue desconectado del caso más rápido que Facundo Macarrón, quien acaba de despedir seis años después.