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Un futuro mejor para la macro argentina

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Haroldo Montagú y Mara Pedrazzoli *

Hoy 04:01

La inflación y la dependencia del dólar siguen siendo el verdadero talón de Aquiles de nuestra economía. Entre las recetas de ajuste ortodoxo y los modelos que no lograron diversificar la producción, Argentina necesita un camino diferente.

Un nuevo informe mejor futuro plantea reservas genuinas, estabilidad de precios y un estado que administra el tipo de cambio para favorecer el desarrollo.

Se dice mucho que Argentina es un país de “mierda”. Sin embargo, objetivamente, lo único que no es normal en Argentina es nuestra dólarización y su consiguiente inflación. Mientras que el país se asemeja a sus vecinos en muchos de los indicadores sociales y/o productivos, durante décadas con un círculo vicioso entre las devaluaciones y el aumento de los precios durante décadas. Cada salto en dólares tiene un impacto inmediato en los alimentos, los insumos importados y, finalmente, en el bolsillo de las personas.

El gobierno de Javier Milei asumió con un diagnóstico simplista: la inflación es el producto de la emisión para financiar el déficit. Por lo tanto, aplicó un ajuste drástico, devaluado y buscó dólares prestados. El resultado es paradójico: el peso fue la moneda más apreciada en el mundo en 2024, pero esa “fuerza” se basó en el endeudamiento, el blanquecino y los desembolsos del FMI, no en monedas genuinas.

Mientras tanto, la inflación se acumuló casi 90% en los primeros meses de gestión y la economía entró en recesión (incluso con el rebote del sector agrícola después de la sequía de 2023).

La historia ya mostraba los límites de estas recetas. En los años noventa, la estabilidad del intercambio se pagó con la industria y el empleo. Posteriormente, los modelos y controles de alto dólar, por otro lado, protegieron la producción, pero alimentan la inflación y las brechas de intercambio. Ninguno logró consolidar una ruta estable.

Ante esto, de Better Future, un grupo de jóvenes profesionales que han estado pensando y diálogos con la sociedad cuál es la agenda alternativa pendiente para Argentina, proponemos una definición diferente de “macro ordenado”. No es un déficit cero a ningún costo o endeudamiento perpetuo para mantener un dólar barato. Tampoco es relegar el término para cuestiones ideológicas (“el problema no es la macro ordenada sino solo la política industrial”, nos dicen colegas heterodoxos). Para mejores futuros, una “macro ordenada para Argentina” a largo plazo, tiene como objetivo alentar inversiones que diversifiquen la estructura productiva y promuevan el crecimiento y el desarrollo social. En el mediano plazo, intente mejorar el perfil de la deuda pública y garantizar tasas de interés sostenibles. A corto plazo, busca responder a la crisis, como los pagos, estabilizar la economía contra choques externos o endógenos. Y para alcanzarlo, proponemos tres ejes.

La primera es una política de intercambio con volatilidad administrada, con bandas explícitas y flexibilidad contra choques externos. El tipo de cambio no puede ser una variable liberada para el mercado: también es una política industrial que debe reflejar la estructura productiva y proteger el empleo. El mundo ofrece un ejemplo claro: aunque se habla de flotación, casi todos los países intervienen activamente en sus mercados de intercambio. La flotación administrada es la norma, no la excepción. Argentina debe asumir esa lógica, pero hacerlo con responsabilidad y sin repetir la dependencia del endeudamiento externo.

El segundo eje es la acumulación genuina de monedas. Argentina necesita más exportaciones y, sobre todo, más exportadores. Hoy, el número de empresas que venden al mundo está estancada en siete mil. Para crecer, se requiere infraestructura, logística, certificaciones de calidad y reglas claras que permitan la diversificación de sectores estratégicos. Todos los problemas que Milei abandonó.

El tercero es un equilibrio fiscal intertemporal. Los déficits crónicos generan tensiones, como lo dice Milei, pero sobre el tipo de cambio, pero los excedentes perpetuos a costa de los recortes en áreas clave también son dañinos. Proponemos déficits justificados en una situación crítica y equilibrio en tiempos de bonanza.

A esto se agrega la necesidad de una tasa de interés positiva en términos reales (pero no el super -left que vimos en estos días). Solo de esta manera se pueden promover los ahorros en pesos sin desalentar la inversión productiva, lo que depende más de la demanda interna que del costo financiero. La historia reciente muestra que una tasa de interés negativa no pudo aumentar la tasa de inversión productiva y alentó la dólar de los ahorros.

Una macro ordenada, en resumen, significa acumulación de reservas, inflación controlada y salarios en equilibrio con los precios. Es una condición necesaria para cualquier política de desarrollo, pero no lo suficiente por sí mismo. Como solemos decir: “Sin la macro no puedes, pero con la macro sola no alcanza”. La macro tiene que ser el piso y no el techo del desarrollo.

* Mejores economistas de futuros.

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