Los anuncios realizados el 22 de mayo por la energía ejecutiva nacional no constituyen una mera batería de medidas fiscales o administrativas. En realidad, representan una propuesta para cambiar el régimen: por primera vez en décadas, el estado argentino plantea una arquitectura fiscal fundada no sobre la presunción de evasión, sino en la confianza ciudadana.
El plan de reparación histórico para los ahorros de los argentinos, según lo presentado por los principales funcionarios económicos del gobierno nacional, promueve una reconfiguración estructural del sistema fiscal y financiero. Se eliminan los controles de que durante años burocratizaron las decisiones económicas cotidianas, se implementa un régimen simplificado para el impuesto sobre la renta, y se crea un sistema de finanzas abiertas que reposiciona al contribuyente como un sujeto colaborativo y no como un sospechoso predeterminado.
El diagnóstico que subyace a esta parte de la reforma de una idea central: una buena parte de la informalidad que cruza la economía argentina no responde a las prácticas fraudulentas deliberadas, sino a un contexto fiscal que ha sido incompatible con la sostenibilidad del trabajo y la producción blanca. En lugar de penalizar ese comportamiento defensivo, ahora se propone revertir los incentivos que históricamente empujaban a los ciudadanos y empresas fuera del sistema. La informalidad, lejos de ser tolerada, se lee como un síntoma de una falla estructural del diseño de impuestos.
Durante la presentación oficial, se afirmó que el 50% de la economía argentina opera en informalidad y que solo 11,000 contribuyentes explican más del 70% de la recolección. En línea con este diagnóstico, el decreto firmado por el Presidente de los Estados Nacionales de que 10,000 grandes contribuyentes fueron responsables del 80% de la recolección nacional en 2024, y reconoce expresamente que la “asfixia fiscal ha generado una distorsión estructural en la economía”.
El nuevo régimen fiscal se articula a partir de una visión que desplaza el enfoque de control universal mediante un criterio selectivo basado en el riesgo. Esto se traduce en la eliminación de múltiples regímenes informativos obligatorios, la reducción de los requisitos de informes sobre las operaciones de baja cantidad y la redefinición del papel de la Unidad de Información Financiera, que debe priorizar los perfiles de riesgo reales asociados con delitos complejos como el tráfico de drogas o el financiamiento del terrorismo. La reforma está alineada con los estándares internacionales del Grupo Internacional de Acción Financiera (GAFI) y propone una lógica de control estatal más eficiente y enfocada.
Uno de los núcleos operativos del nuevo esquema es la modalidad simplificada y opcional del impuesto sobre la renta. El ARK estará a cargo de la preparación de los acuerdos preeseados sobre la base de la información que la agencia ya tiene y la proporcionada por el contribuyente. Este sistema prescinde de la declaración de consumo personal o variaciones de patrimonio, y se limita a considerar la facturación y las deducciones admitidas. El decreto prevé exclusivamente para personas humanas o sucesiones indivisas a los residentes que obtienen ingresos de Fuente Argentina y eximen a aquellos que se adhieren a presentar las declaraciones patrimoniales requeridas por el Decreto 862/2019. Es una herramienta destinada a facilitar la reincorporación de los contribuyentes al sistema, en un marco voluntario regulado y con un bajo nivel de conflicto.
La medida genera las condiciones para que aquellos que tengan activos no firmados, en particular los ahorros en moneda extranjera acumulada fuera del sistema formal, puedan integrarse en el circuito económico sin estar expuestos a acciones retroactivas o sancionadas. La estrategia no descansa en una amnistía general, sino en la posibilidad de restaurar la condición del contribuyente activo en condiciones predecibles y menos intrusivas.
Paralelamente, avanza en la creación de un sistema de finanzas abiertas que permitirá a las personas humanas y legales, a través de su consentimiento expreso, compartir información con las entidades financieras registradas en el banco central. Esta apertura tiene como objetivo facilitar el acceso al crédito, mejorar la competencia en el sector bancario y promover la inclusión financiera. El banco central será la autoridad de la aplicación del sistema y será responsable de la definición de estándares técnicos, así como de la articulación con organizaciones públicas y entidades participantes. El sistema garantiza la protección del secreto fiscal, a menos que exprese autorización del propietario de los datos.
Este conjunto de reformas siente la base de una transformación de fondo. El decreto no agota la reforma fiscal anunciada, pero constituye un primer paso regulatorio de ejecución inmediata. Muchas de las definiciones pendientes, como la eventual armadura legal de los nuevos esquemas o la adaptación legislativa del impuesto sobre la renta, dependerán de un debate parlamentario incluso en el desarrollo.
El enfoque adoptado por el gobierno nacional no solo busca aliviar la presión fiscal formal, sino modificar la relación simbólica entre el estado y sus contribuyentes. Cuando la evasión se presupone previamente, ahora se ofrece la posibilidad de cooperación simplificada. Cuando se alentó una vez el ocultamiento patrimonial, ahora se ofrece un marco razonable y sin coerción de refuerzo.
La propuesta implica, en resumen, un cambio en la lógica: desplazar el control masivo sobre la orientación, reemplazar la amenaza de la previsibilidad y construir un sistema en el que el cumplimiento no es una carga sino una forma de acceso al crédito, al desarrollo y la ciudadanía económica completa. Su consolidación requerirá tiempo, estabilidad política y credibilidad institucional. Pero, al menos por diseño, propone un horizonte fiscal donde la libertad, la formalidad y la confianza no se perciben como términos incompatibles.
* Socio fiscal, BDO en Argentina.









