La posibilidad de que los acuerdos entre Freedom Advance y Pro Fly por el aire deben preocupar a los inversores más que un triunfo eventual de Santoro.
Por Fernando Laborda, en Diario la Nacia
No hay antecedentes de una simple elección de legisladores locales de la ciudad de Buenos Aires que ha ocupado tanto espacio en los medios de comunicación. Tampoco hay registros de un concurso electoral similar que se haya convertido en protagonistas principales de acciones proselitistas, nada menos que un presidente de la nación en el ejercicio del poder y un ex presidente. Javier Milei y Mauricio Macri prácticamente pusieron las campañas de sus respectivas fuerzas políticas en su hombro. Estrictamente hablando, lo único que se establecerá en las elecciones de Buenos Aires mañana es la renovación de la mitad de la legislatura de la ciudad: poco más de dos millones de ciudadanos y medio podrán elegir 30 legisladores locales entre una oferta de 17 listas diferentes. Pero para los principales líderes políticos, lo que estará en juego es mucho más que eso.
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Según algunos observadores, este concurso electoral será un abierto interno para el liderazgo del centro, derecho entre los avances de La Libertad y el profesional. Por lo tanto, desde el principio, Mileismo trató de nacionalizar las elecciones, colocándose como el primer candidato para el portavoz presidencial, Manuel Adorni, y no dudó en hacer campaña bajo el eslogan “Adorni es Milei”.
El presidente de la nación pretende que las elecciones de mañana sean una especie de plebiscito a favor de su propia gestión. No fue un accidente que, hace unos días, dejara anuncios relevantes, como la reducción de los aranceles de importación para que los teléfonos celulares y otros productos tecnológicos puedan adquirirse a un precio más bajo.
Al mismo tiempo, La Libertad Avanza se centró en el eslogan “Kirchnerismo o libertad”, con la intención de polarizar a su favor y obtener votos gracias a una transferencia de votantes macrísticos a la lista encabezada por Adorni. Este último sugirió que Pro era una parte “obsoleta”, a la que el jefe del gobierno de Buenos Aires, Jorge Macri, respondió con una frase tomada del sistema eterno: “Las viejas obras, Juan”.
Así como los líderes libertarios han tratado de polarizar las elecciones con el kirchnerismo, elevando un escenario de paridad virtual con Leandro Santoro, esto, no sin travesuras, también sugerido en las últimas horas que el milismo podría ganar las elecciones, con la clara intención de capturar la “útil” votantes de los votantes a apoyar a otras fuerzas políticas enfrentadas con el gobierno de mana, comenzando por la votación de la votación “de los votos de la izquierda.
En diferentes círculos donde se toman decisiones, han surgido preguntas sobre cuáles podrían ser las consecuencias políticas y económicas de un triunfo electoral hipotético de Leandro Santoro. ¿Deberían aquellos inversores internacionales que evalúan su dinero en la economía argentina molestar? Es cierto que todos los inversores importantes necesitan saber cuánto tiempo se mantendrán las condiciones que hoy en día a que se arriesguen a su capital en un país como Argentina. Y también es cierto que el mensaje que, del milismo, dramatiza los riesgos que enfrentaríamos si la lista de Adorni no se impone mañana sobre el del peronismo, no ayuda a generar confianza, aunque puede estimular la polarización de los votantes a su favor.
A menos que Santoro gane las elecciones de Buenos Aires con un porcentaje inesperadamente alto, por ejemplo, el 40% de los votos, que exceden en gran medida el promedio histórico del peronismo en el distrito (25%), ningún inversor debería preocuparse demasiado. Por otro lado, quizás mucho más debería preocuparse si la alianza virtual entre los avances de La Libertad y el Pro, que fue clave para la sanción de proyectos esenciales, como la ley base, y para evitar el rechazo parlamentario hacia los vetos del gobierno a las normas promovidas del kirchnerismo que podrían poner en peligro el equilibrio fiscal.
Ante estas estrategias polarizantes, Mauricio Macri y su candidata, Silvia Lospenato, eligieron sugerir la existencia de un tipo de pacto de impunidad entre los míleos y los kirchneristas, basado en el fracaso del borrador de la ley limpia en el Senado de la nación, y, por lo tanto, mejorar la figura del primer solicitante de la legisladora de Buenos Aires, Fervent Promoter de ese iniciador de ese iniciador de ese iniciador.
La verdad es que la campaña electoral de Buenos Aires evidenció que la estrategia de Milei va más para retirar a Mauricio Macri que estar de acuerdo con él, aunque fue el principal aliado del partido gobernante en el Congreso Nacional.
Es claramente que de Milei es una estrategia muy arriesgada para un gobierno con una base de apoyo parlamentario muy débil, ya que es una ruta de consolidación mucho más larga que la que propondría la búsqueda de alianzas rápidas para garantizar la gobernanza. La repetición de esa estrategia en las elecciones nacionales de octubre podría ser peligrosa si, finalmente, Cristina Kirchner podría ser una candidata para el diputado nacional en la provincia de Buenos Aires y el kirchnerismo terminaron triunfando en ese distrito debido a la división entre los progresos de la libertad y el profesional.
Es, por cierto, una apuesta de doble o nada de milla. Si le está yendo bien, puede afirmar que su fuerza política terminó con el kirchnerismo. Pero si puede perder frente a Cristina Kirchner, solo ofrecerá un signo de debilidad y dudas sobre si Argentina cambió su curso económico definitivamente o si solo está implementando políticamente político lo que pronto podría revertirse en la dirección opuesta.
Por lo tanto, a partir de mañana por la noche, cuando se conoce el resultado electoral de Buenos Aires y los fuegos artificiales de la campaña están apagados, podemos comenzar a dilucidar cómo la relación dinamitizada entre los alineistas y Macristas ha quedado, qué posibilidades habrá de ahora los sectores de que los sectores se unan a la provincia de Buenos Aires para enfrentar el kirchnerismo y las posibilidades de ahora.









