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Malcorra habló sobre la sanción de los niños de Newell que pidió una foto: “Me da tristeza”

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El jugador central de Rosario lamentó la decisión de castigar a los jugadores de las divisiones infantiles de la Escuela Malvina Argentinas.

La sanción impuesta por los viejos niños de Newell a seis niños de la escuela Malvina Argentinas por tomar una foto con Ignacio Malcorra, el número 10 del centro de Rosario, continúa generando una repercusión en todo el país. En una conferencia de prensa en Arroyo Seco, el propio Malcorra rompió el silencio y expresó su descontento: “Me da tristeza y me hace malo para los niños”.

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El centrocampista de Cangalla explicó que el momento era completamente informal. “Estaban allí y yo fui a ver a mi hijo. Terminaron de jugar, pasaron, me saludaron y tomaron una foto como siempre me puso”, dijo. Además, comentó que en todas las canchas donde va, los niños de diferentes clubes le piden fotos, y él accede con placer: “Uno trata de tomar fotos con todos y pasar un buen rato como me hubiera gustado cuando yo era niño”.

Una sanción que generó indignación

La medida tomada por la Escuela de Fútbol del Parque Independence fue difícil: tres meses de inactividad y la pérdida de la beca para los seis niños. El argumento oficial, según Carlos Panciroli, coordinador de la institución, era “proteger a las familias del posible acoso”. Sin embargo, la sanción fue ampliamente repudiada, incluso por Lionel Scaloni, DT del equipo nacional argentino, quien habló en contra de castigar a los niños por tales gestos.

La reacción del presidente de Newell, Ignacio Astore y el entrenador Cristian Fabbiani, tampoco logró revertir el rechazo generalizado.

“Una foto simple con un primer jugador”

Malcorra enfatizó que la situación fue malinterpretada y cargada de un peso innecesario: “Era una foto simple que un niño se tomó con cualquier jugador de primera clase. Me sorprendió todo el impacto”.

El episodio expone un lado preocupante de la rivalidad de fútbol, ​​que en este caso tuvo consecuencias desproporcionadas en los niños que solo querían un recuerdo con un ídolo de fútbol profesional. Para Malcorra y para gran parte del mundo del fútbol, ​​el castigo no tiene justificación y deja una lección sobre los límites del fanatismo.