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La rebelión de China y Taiwán

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El Estrecho de Taiwán se ha establecido como uno de los epicentros de la tensión geopolítica global, con el potencial de desencadenar un conflicto a escala mundial. La rivalidad entre China y Taiwán, exacerbada por la creciente presión militar de Beijing, el papel de los Estados Unidos como aliado de Taipéi y la dinámica que involucra a la OTAN, Rusia y la Unión Europea, configuran un escenario de alta complejidad.

La disputa entre China y Taiwán tiene sus raíces en la Guerra Civil China (1927-1949), cuando los nacionalistas de Kuomintang, liderados por Chiang Kai-shek, se retiraron a Taiwán después de su derrota contra los comunistas de Mao Zedong. Desde entonces, la República Popular de China (RPC) considera a Taiwán como una provincia rebelde, mientras que Taiwán se ha desarrollado como una democracia autónoma con sus propias instituciones, aunque con un reconocimiento internacional limitado debido al principio de “una sola China”. La historia de Taiwán está impregnada de insubordinación frente a la narrativa de reunificación de Beijing, un sentimiento que se remonta a su separación de facto en 1949. La retórica del presidente de China, Xi Jinping, que no descarta el uso de la fuerza, tiene tensiones intensificadas, especialmente antes del taiwanés, la OMS que reactiva su posición de independencia.

China ha aumentado significativamente su presión militar en Taiwán. Según El País (20 de junio de 2025), Taiwán detectó 74 aviones militares chinos en menos de 30 horas, la mayor incursión en ocho meses. De estos, 61 cruzaron la zona de identificación de defensa aérea (ADIZ), en respuesta al paso de un barco británico a través del estrecho. En abril de 2025, China desplegó 71 aviones y 21 barcos de maniobra que simularon un bloqueo de la isla, acompañado de declaraciones beligerantes que chocan con el deseo de emancipación de Taiwán. Estas acciones, descritas por los medios estatales chinos como “ensayos de reunificación”, reflejan una estrategia de intimidación.

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El arsenal chino, con portaaviones como Liaoning y Shandong, misiles hipersónicos y una Fuerza Aérea en expansión, refuerza su capacidad ofensiva. Esta modernización militar plantea un desafío para la seguridad regional y aumenta la competencia estratégica con los Estados Unidos. En 2024, Taiwán informó un récord de 153 aviones chinos en un solo día, según el Ministerio de Defensa Taiwanés. Con un presupuesto de defensa de 296 mil millones de dólares en 2025, China continúa modernizando sus fuerzas armadas y mejora su presencia e influencia en la región del Indo-Pacífico.

El Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Pete Hegseth, ha priorizado la disuasión de China, desplegando submarinos, bombarderos y unidades especializadas, mientras presiona a Taiwán para aumentar su gasto militar. Washington ha dado a los sistemas de misiles antifoon de Taipéi y está fortaleciendo las alianzas con Japón y Australia, aunque ambos países han sido cautelosos para comprometerse por completo.

La OTAN, dirigida por Mark Rutte, ha advertido sobre un escenario en el que China y Rusia coordinan acciones para abrir múltiples frentes de conflictos. En este contexto, la agresión de China contra Taiwán podría coincidir con las acciones rusas contra la OTAN, dispersando los recursos occidentales. La cooperación entre Beijing y Moscú, evidencia en maniobras conjuntas, amplifica este riesgo. Rusia, beneficiada por la distracción de los Estados Unidos en el Indo-Pacífico, podría intensificar su presión en Ucrania o en los países bálticos.

La Unión Europea (UE), aunque menos involucrada militarmente, enfrenta dilemas estratégicos. La dependencia de los semiconductores taiwaneses, producidos por la composición de fabricación de semiconductores de Taiwán (TSMC), y la importancia de la estrecha de Taiwán para el comercio marítimo global convierte un conflicto en una seria repercusión económica. La UE ha fortalecido los lazos con Taiwán a través de acciones como la apertura de una fábrica de TSMC en Alemania, pero su papel militar sigue siendo limitado.

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Un conflicto en el estrecho de Taiwán tendría consecuencias devastadoras. Las simulaciones del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSI) indican que Estados Unidos y sus aliados podrían lograr una victoria con altos costos, perdiendo docenas de barcos, cientos de aviones y miles de soldados. Las cadenas de suministro globales colapsarían, desencadenando una crisis económica. Además, la cooperación entre China, Rusia y Corea del Norte podría generar acciones desestabilizadoras en otros frentes, debilitando la cohesión de la OTAN y la capacidad de respuesta de Occidente.

La tensión en el estrecho de Taiwán es un polvorín geopolítico. El líder chino Mao Zedong falsificó hace décadas la frase “El poder político nace del rifle”, una máxima que parece guiar la estrategia de intimidación actual del gigante asiático. Mientras tanto, el internacionalista, diplomático, académico y político Henry Kissinger, consideró que el arte de la diplomacia es evitar que las tensiones se conviertan en conflictos irreparables y destacaron la importancia de comprender el interés nacional de otras naciones para enfrentar procesos de negociación efectivos.

La comunidad internacional debe priorizar la disuasión, el diálogo y la cooperación para evitar un conflicto que, para materializarse, altere el orden global con un costo humano, económico y estratégico incalculable.

*Analista internacional especializado en defensa y seguridad en los Estados Unidos; Profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales.

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