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La política de intercambio bajo presión: entre el intento de estabilidad y un dólar que amenaza con desbordarse

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En un contexto marcado por la incertidumbre, el debate político y las fluctuaciones de intercambio, la economía argentina parece ser discutida entre dos narrativas opuestas: una que predice el estancamiento y la crisis, y otra que, con reservas, argumenta que hay un cambio de régimen económico en curso, con signos de recuperación incipiente. Para el economista Gastón Utrera, es esencial comprender el trasfondo estructural de lo que está sucediendo, más allá del ruido ejecutivo: “Lo que estamos viviendo es una reorganización profunda de los precios relativos y una transición a un nuevo régimen económico. Y en ese marco, hay ganadores y perdedores, y continuaremos teniendo durante mucho tiempo”.

Desde su perspectiva, la microeconomía argentina está en plena transformación. “Los precios relativos están cambiando por la apertura de la economía y la desregulación. Eso modifica todas las señales e incentivos, y obliga a las empresas y consumidores a tomar diferentes decisiones. Hay sectores que se benefician de la importación más barata de insumos y otros que están perjudicados por la competencia externa. Todo se mueve”, resume “, resume.

Uno de los ejemplos más claros que plantea es el de la industria de la maquinaria agrícola: “En el segundo trimestre, la fabricación de maquinaria creció alrededor del 20% en comparación con el año anterior, pero la fabricación de agrocomponentes cayó 4%. Es decir, el cambio de precios relativos.

Consumo: una percepción errónea. Al contrario de ciertos discursos que aseguran que el consumo se plance o caiga, Utrera desarme esa idea con datos: “Si observamos las cuentas nacionales, el consumo tocó antecedentes en el segundo trimestre del año pasado y desde entonces ha aumentado. Es baja, sí, para la pérdida de poder adquisitivo acumulado, pero está aumentando.

La clave, aclara, es observar el consumo en cantidades reales, no en valores nominales: “La estructura del consumo cambió. Se puede gastar más en servicios que en bienes, pero el volumen total está creciendo. Las estadísticas de supermercados y los centros comerciales muestran una línea ascendente. Los niveles de preparación aún no se recuperaron, pero no están cayendo”.

Además, alerta a los errores de interpretación: “Se está instalando una historia que dice que el consumo cae porque las personas gastan más en servicios públicos, pero si eso fuera cierto, el consumo total medido en las cantidades debería disminuir. Y eso no sucede. Debe ser más riguroso en el análisis”.

Recuperación en “V Short” y advertencias. En el nivel general de actividad económica, el economista afirma que la recesión posterior a la devaluación de abril del año pasado era “más rápido de lo esperado, profundo pero corto”. El rebote, que define como un “V corto”, mostró en su punto más alto una tasa de crecimiento equivalente al 10% anualizado. “Estos niveles no se sostienen indefinidamente, sino que indican que la economía reaccionó”, dice.

Sin embargo, reconoce que este impulso podría estar perdiendo fortaleza en los últimos meses: “Puede que ya haya mostrado enmendación y los datos de junio aún no sean. Es probable que la recuperación se modere porque estamos entrando en la parte difícil: la que requiere inversión para mantener el crecimiento”.

Según su diagnóstico, en la etapa inicial de recuperación, el aumento de la actividad se logra aprovechando la capacidad inactiva. Pero una vez que se excede cierto umbral, si no hay inversión, se detiene la expansión. “Es lo que puede estar comenzando a suceder. Por eso es urgente avanzar con las reformas necesarias para la inversión”, enfatiza.

Una política monetaria en transición. La reciente volatilidad de intercambio también se centró en la política monetaria del gobierno. Para Utrera, lo que sucedió con el último aumento del dólar “no fue una falla estructural, sino una transición a la gestión de liquidez”. Explica que el equipo económico decidió moverse de un esquema en el que estableció la tasa de interés y deja que la cantidad de dinero flote a otro donde se establece la cantidad de dinero y dejar que el mercado determine la tasa.

“Levantaron todos los Lefi y colocaron instrumentos del tesoro como Lecap. Pero ofrecieron menos de lo necesario y se dejó mucho dinero en las orillas. Bajaron las tarifas y, como consecuencia, el dólar subió. Tuvieron que salir a corregir sobre la mosca”, dice. Al considerar que la situación será transitoria, admite que generó ruido: “Fue un error no apartado. El plan sigue siendo sólido, pero en plena campaña electoral, esto genera dudas. Afortunadamente tienen herramientas para calmar el mercado”.

Nuevo régimen económico: ¿ficción o posibilidad? Una de las ideas más insistentes de Utrera es que el país está tratando de salir de su régimen histórico de “ineficiencia con un dólar alto” para pasar a uno de estabilidad con una competitividad genuina. “El antiguo modelo nos hizo competitivos pero pobres. El nuevo, si es concreto, debería permitir que cada ganancia de productividad cuente”, dice.

Dentro de ese marco, el tipo de cambio ya no debería ser la única herramienta de ajuste. “La broma para aumentar el tipo de cambio para ganar competitividad termina con salarios licuados y generando inflación. Podemos ser costos de reducción competitiva, con reformas fiscales e institucionales, sin ser pobres”, insiste.

De hecho, plantea un ejemplo específico con la industria de la maquinaria agrícola: “Si se realiza la reforma fiscal que el Gobierno en una carpeta, el costo de fabricación de una cierta cabeza caería de 115 mil dólares a 90 mil. Pero si la reforma no se realiza y esa competitividad se busca con un dólar más alto, implica inflación y caída del verdadero salario. Debe elegir”.

La urgencia de las reformas y el papel de los negocios del motor que debería mantener el crecimiento futuro son las inversiones, pero que, reconoce Utrera, no ocurrirá sin cambios estructurales. “El modelo económico que promete el gobierno es uno con crédito disponible, sin que el estado compita por los recursos de los bancos. Pero todavía estamos en la transición”, aclara. Y aparece una de sus advertencias clave: “Las reformas no pueden quedarse solas en manos del sector público. El sector privado tiene que involucrar activamente, proponer soluciones concretas y construir consenso. Si no, todo permanece en títulos”.

De Córdoba, dice, ya está trabajando en esa dirección. “Estamos identificando problemas específicos, como litigios de trabajo y proponiendo soluciones detalladas. Es urgente. Si no avanza, el nuevo modelo no se consolida y regresa al anterior”.

Para Utrera, el país se enfrenta a una oportunidad histórica que no puede faltar. “La transición a un régimen de estabilidad es posible, pero requiere reformas urgentes. No podemos continuar ajustando con los salarios. Necesitamos una competitividad real, y eso se construye”, concluye.

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