El ejecutivo nacional hizo una línea clara contra la nueva ofensiva sindical: no habrá reapertura de la paridad o el respaldo para los aumentos salariales fuera de lo que ya ha acordado. La decisión, promovida por el ministro de economía, Luis Caputo, y el secretario de trabajo Julio Cordero, tiene como objetivo preservar el orden fiscal y evitar una nueva escalada de precios en un contexto de recuperación de la economía.
Con un mensaje firme, la Casa Rosada dejó en claro que no validará los ajustes por presión sindical. “Los salarios se fortalecieron con el nuevo tipo de cambio, ahora tienes que ir por los precios”, sintetizó un funcionario de The Circle of Trust Javier Milei. Esa será la fórmula para enfrentar las demandas salariales que provienen del CGT y otros gremios a mediados del año electoral.
Un frente de la Unión cada vez más desafiante
La tensión crece. En el Ministerio de Economía se aseguran de que la validación de nuevos aumentos rompa la hoja de ruta fiscal. Para el gobierno, el salario real debe estabilizar y ganar terreno gradualmente, en paralelo a un precio bajo sostenido.
Sin embargo, por otro lado, la presión de la Unión está aumentando. Los sindicalistas detectan que la inflación permanece en altos niveles y temen que sus acuerdos vuelvan. La oferta comenzó a subir detrás de los datos de marzo, cuando el IPC aumentó un 3,7% y varios acuerdos firmados fueron desactualizados rápidamente.
Desde el trabajo, ya han comenzado contactos informales con los principales líderes sindicales para transmitir el mensaje oficial. La estrategia, explicar fuentes del ejecutivo, es convencer a los gremios de que no hay espacio para nuevos aumentos sin generar una carrera inflacionaria o una devaluación no deseada. “Si los salarios suben ahora, el dólar va a disparar”, advirtieron.
Reforma laboral y elecciones comerciales: los otros puntos calientes
A la oferta salarial se agrega otro conflicto: la nueva reforma laboral promovida por el fallo. Para el CGT, el problema no puede avanzar sin un diálogo institucional. Pero el centro central de los trabajadores enfrenta a sus propios reclusos: varios gremios renovarán a las autoridades en 2025 y eso exacerba el discurso combativo.
El Cegetist Dome, dirigido por Héctor Daer y Pablo Moyano, ya ha comenzado un plan de lucha que tenía su primera expresión con el desempleo general del 10 de abril y continuará con una movilización el 30 de abril en el día anterior del trabajador.
A pesar del tono duro, en los sectores moderados del CGT no descartan sentarse. En ese contexto, este miércoles, Cordero, Gerardo Martínez (Uocra) y Daniel Funes de Rioja (Uia) abrirán un seminario de la OIL sobre informalidad laboral, en un gesto que podría anticipar una foto de relajación.
La posición del gobierno y el rechazo de la antigua política sindical
En su reciente informe antes que los diputados, el jefe del gabinete, Guillermo Francos, fue categórico: “Necesitamos legislación laboral según el Times”. Recordó que el empleo privado no ha crecido durante 15 años y señaló con los privilegios sindicales que funcionan en la generación de posiciones genuinas.
Una fuente cercana al presidente también contribuyó con una visión cruda sobre la dinámica actual del sindicalismo: “Si continúan rompiendo mucho las pelotas y no se aflojan, no sé cuánto más se puede detener la ley de la democracia sindical”.
Este proyecto, promovido por legisladores profesionales y el UCR, propone eliminar la cuota de solidaridad, establecer límites para la reelección de los líderes sindicales y exigir una mayor transparencia en la gestión de las obras sociales. Si bien hoy no tiene la garantía ejecutiva, podría activarse si el CGT radicaliza su posición.









