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Ejercer oposición para fortalecer la democracia

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La democracia no posee las últimas garantías de persistencia; Es un sistema cuya validez se basa en la autolimitación y la capacidad reflexiva de sus ciudadanos y gobernantes, y en la existencia y el ejercicio adecuado de una acción irremplazable: la oposición.

Por Juan Pedro Tunessi
en La Nacia Diario

Su importancia radica en el control y la limitación de los gobiernos de la época, prefigurando la existencia de alternativas a ellas.

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Sin ignorar las causas fundamentales que la democracia se erosiona a nivel mundial, en nuestro país ambos componentes están en crisis. La pérdida de valores y prácticas esenciales para una cultura democrática y el diseño del gobierno de una oposición funcional a ello, exige del liderazgo de la máxima responsabilidad, destinada a guiar su acción política principalmente en la defensa y la vigilancia de la salud democrática.

Hablamos, en primer lugar, el discurso de odio del presidente, la persecución deliberada de las opiniones críticas expresadas a partir de la prensa, las minorías e incluso los meros disidentes, el deterioro del papel del Parlamento y de todo tipo de control institucional y republicano, la descalificación y la deshumanización de Opponents, el desesperado por el diálogo y el mínimo consensu, y el consenso de la personalización de la mayoría de los Estados Unidos es la mayoría de los Estados Unidos. en un clima de violencia irrespirable a expensas del pluralismo vital y la coexistencia para la democracia.

Si concebimos la libertad de prensa como un requisito esencial de la democracia, concluiremos que los ataques brutales y repetidos del poder, infligidos contra ellos, constituyen ataques verdaderos hacia su validez, solo comparables a las acciones de facto que el kirchnerismo organizó, invitando a la población a enfrentar y escupir en caminos públicos, imágenes de periodistas críticos; Con la condición de que en ese momento había una oposición dispuesta a no tolerarla, denunciándolo.

Al mismo tiempo, y a través de una polarización fuertemente inducida y cómodamente aceptada, el progreso se realiza en la consolidación de un nuevo status quo formado por una oposición de diseño y funcional, corporativo por el espacio político responsable en gran medida en gran medida del aumento de la fuerza extrema que Argentina gobierna hoy. Un maniqueismo manual, que rocía cualquier opción de centro moderado y envía todas las críticas o propuestas alternativas a un retorno inevitable al pasado oprobious. Todos debemos reflexionar sobre la responsabilidad de este estado de cosas antes de que sea demasiado tarde.

Es imposible negar el riesgo democrático que implica asumir actitudes indolentes o atendidas a normalizar un estado de cosas que reduce la democracia a un formalismo simple y prescindible, exponiéndolo a la extorsión que implica concebir una estabilización económica a expensas de su propio desenfoque. La urgencia de restaurar los equilibrios me lleva a investigar en primer lugar sobre el papel de los partidos políticos y enfatizar el UCR, ya que, sin perjuicio de las diferentes opiniones políticas que su actuación plantea, es legítimo considerar que debido a su tradición histórica, representación actual y extensión geográfica, el radicalismo es parte de la cultura y el capital demócrata de nuestro país.

Es posible dejar en claro que no es solo un propósito vengativo de la ideología del partido, mucho menos del enfoque introspectivo y nostálgico tradicional al que generalmente aparece el radicalismo, especialmente aquellos que han estado militando en sus filas por mucho tiempo. Por el contrario, se trata de destacar qué actitud debe asumir en la situación actual una organización política que, más allá de las valoraciones específicas, es el portador de un gran legado histórico y hoy gobierna cinco provincias, más de 400 intendencias, reúne a una gran (aunque fragmentada) representación parlamentaria en ambas cámaras de la Congreso de la Congreso y en los niveles judiciales nacionales.

Su mayor contribución en esta coyuntura está vinculada a ocupar y ejercer el papel de la oposición que le asigna el pronunciamiento ciudadano. Sin embargo, la ausencia de una estrategia coordinada entre los diferentes actores del partido contribuye a la desenfoque de su papel nacional, y expone una vacante inocable de su papel de oposición, en detrimento no solo del predicamento en sí y la credibilidad misma, sino básicamente de la democracia misma, contribuyendo así a más infringidos y vulnerables.

La expresión más terminada de esta crisis es el rendimiento de los bloques en el parlamento. Sus posiciones y votos incoherentes y confusos en ambas cámaras del Congreso conducen a decisiones divididas y contradictorias y en muchos casos para respaldar las iniciativas y comportamientos gubernamentales en desacuerdo con las posiciones históricas del partido. Muchos de sus miembros lo hacen actuando como una consola con sus gobernadores, a la influencia de las negociaciones de cada gestión provincial con el gobierno central y en detrimento de la tarea de oposición. Una verdadera feudalización, cuyo resultado es la pérdida absoluta de identidad y representatividad social.

Y cuando hablamos de ejercer la oposición, no es una acción obstructiva, sino la de la cual siempre mostró el radicalismo. El que se practica con la lealtad democrática y es plenamente consciente de que el presente actual es el hijo de la decepción y el fracaso económico, la falta de respuesta a la inflación y la pobreza.

Una oposición a la que no es necesario convencer sobre los beneficios del equilibrio fiscal y el sistema macroeconómico como prioridades absolutas, asumidas desde la perspectiva enseñada por Felipe González, recordándonos que “la diferencia entre la izquierda y la derecha no es el déficit, que siempre es malo, sino la prioridad en el gasto y la distribución de los impuestos enterrados”.

Una oposición se centró en la defensa de los valores democráticos y republicanos amenazados, el promotor del diálogo, la disidencia democrática y la diversidad cultural, el promotor de los cambios estructurales con vistas a un país con equilibrio social y oportunidades para todos.

Este desempeño de la oposición a favor de la defensa y la preservación de nuestra democracia ya no se puede lograr a expensas del deterioro del gobierno fiscal de las provincias administradas por el radicalismo, pero su sostenibilidad basada en la firma del papel de la oposición que a nivel nacional requiere el creciente deterioro democrático en el que estamos inmersos.

El UCR, como el país, es una organización federal, cada provincia tiene su propia autonomía en el campo de las alianzas electorales y se vincula con el poder central, pero el ejercicio de esa autonomía exige materializarla preservando la pertenencia e identidad de una fuerza política que, además de luchar por el poder, su razón por la continuidad y la profundización del sistema democrático.

En tiempos sombríos para la democracia, los referentes y líderes de este partido más del centenario deben entender que ni en nuestra constitución ni en nuestra cultura hay mecanismos que nos inmunicen contra su degradación. Renunciar al ejercicio de la oposición afecta principalmente la validez y calidad del sistema político según el cual los argentinos decidieron vivir juntos.

El autor fue subdirector nacional, secretario parlamentario del Senado de H., y es presidente del Tribunal Nacional de Ética de la UCR.