El acné es el trastorno cutáneo más frecuente: se estima que hasta el 95% de la población ha sufrido en algún momento de su vida, especialmente durante la adolescencia, cuando los cambios hormonales influyen en la producción de sebo y la operación de las glándulas sebáceas, según datos de la revista de la Academia Americana de Dermatología (JAAD), Burden Global de Enfermedad.
De hecho, se estima que entre el 30% y el 50% de las consultas dermatológicas actuales están relacionadas con el acné, lo que refuerza la importancia de abordarlo de manera seria y profesional.
Comienza en el folículo piloso, donde ocurre el cabello y las glándulas sebáceas están asociadas que, cuando producen exceso de grasa, junto con las células muertas de la piel, lo obstruyen generando un ambiente propicio para la proliferación de bacterias e inflamación.
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Aunque generalmente se asocia con la juventud, también puede persistir o aparecer en la edad adulta. Más allá de su frecuencia, es una condición que merece atención médica y social por sus consecuencias físicas y emocionales.
Comida y acné: ¿Mito o realidad?
Aunque no se ha demostrado que la dieta es una causa directa de acné, estudios recientes sugieren que ciertos alimentos podrían agravar la afección. Las dietas ricas en harinas refinadas, azúcares y productos lácteos pueden aumentar los niveles de insulina y el factor de crecimiento IGF-1, estimulando la producción de grasas y la proliferación celular en los folículos. Esta relación todavía se estudia, pero se considera relevante cuando se adoptan hábitos más saludables.
Las lesiones del acné inflamatorias pueden romper la pared del folículo piloso, lo que hace que la infección se extienda a las capas más profundas de la piel. Cuando esto ocurre, se destruye el tejido sano, lo que genera cicatrices.
Además, el proceso de curación puede ir acompañado de una acumulación excesiva de melanina, dejando puntos o marcas hiperpigmentadas que persisten incluso después de que el brote ha desaparecido.
¿Qué tan dañino es el sol para la piel con acné? Un mito muy extendido, especialmente entre los adolescentes, es que el sol mejora el acné. Sin embargo, esta es una ilusión óptica. Lo que sucede es que la exposición al sol deshidrata la piel. Para compensar la falta de agua, la piel aumenta la producción de grasa, lo que agrava el problema. Además, la piel seca tiende a queratinizar, es decir, su capa más superficial se endurece. Esto obstruye los poros y ralentiza el ciclo natural de renovación celular, favoreciendo nuevos brotes.
Piel sana: por qué es importante proteger del sol todos los días del año
Aún más importante: el sol en lesiones inflamadas aumenta el riesgo de cicatrices. Todos los tratamientos de acné, orales, orales o con antibióticos específicos, dejan la piel más sensible. Por lo tanto, el uso del protector solar es obligatorio para evitar manchas, quemaduras o que el tratamiento pierde efectividad.
La cara, siendo nuestra carta de presentación, es un área altamente visible. Las lesiones y las cicatrices del acné pueden generar sentimientos de vergüenza, inseguridad, ansiedad y una fuerte disminución en la autoestima. Para muchas personas, esto puede afectar su vida social, bien emotivo y incluso su desempeño académico o laboral. Por lo tanto, es esencial no minimizar esta condición y también abordarla de lo psicológico.
Acné: tratamientos y prevención
Hoy existen numerosos tratamientos para marcas y cicatrices de acné, desde cremas de depigación hasta procedimientos como láser o microdermabrasión. Elegir el derecho depende del tipo de piel, el tipo de cicatriz y su profundidad.
Pero lo más importante sigue siendo la prevención. Cuidar la piel, evitar la manipulación del grano, consultar los primeros signos de acné y usar protector solar durante todo el año son medidas clave para evitar marcas permanentes.
Además, adoptar una rutina de atención adecuada, informar sobre desencadenantes, mantener hábitos saludables y evitar el uso excesivo de filtros digitales también contribuyen a una relación más realista y saludable con nuestra imagen. Y cuando el impacto emocional es profundo, buscar apoyo psicológico puede ser una parte esencial del tratamiento.
Hablar de acné es hablar de salud, autoestima y educación.









