La industria argentina celebra su día con un escenario inédito. Después de años en los que la inflación dictó cada movimiento y obligó a las empresas a actuar en modo defensivo, el contexto actual presenta un doble desafío: mayor previsibilidad de precios, pero altas tasas reales y una creciente competencia de productos importados.
Los datos son elocuentes: la inflación del núcleo fue de 1.5% en julio, por debajo del 2% por primera vez desde 2018, incluso con un salto de intercambio en el medio. Esa desaceleración marca un cambio de régimen: ya no se trata de sobrevivir al deterioro permanente del poder adquisitivo, sino de planificar con horizontes más largos. Sin embargo, el alivio coexiste con las tasas de interés que, en términos reales, siguen siendo altos y aumentan la inversión productiva.
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Paralelamente, la producción industrial mostró en junio un aumento de 9.3% en el año y acumula un avance del 7.1% en el primer semestre, aunque con una caída diseccionalizada del 1,2% mensual. El uso de la capacidad instalada fue del 58.8%, un nivel más alto que hace un año (54.5%), pero aún es insuficiente para hablar sobre el uso completo y con una dispersión entre sectores que sugiere una reactivación no homogénea. El mensaje detrás de estos números es claro: la industria tiene espacio para crecer, pero necesita capital para hacerlo.
Durante años, el crédito en Argentina fue un instrumento defensivo: endeudado sirvió tanto para financiar el capital de trabajo como para proteger la inflación. Hoy esa lógica se quedó atrás. Con una dinámica de precios más contenida, el financiamiento una vez más ocupa su papel estructural: ser una palanca de crecimiento, innovación y diversificación. El desafío es transformar la capacidad inactiva en una inversión productiva, y hacerlo en un entorno en el que la presión de las importaciones y las altas tasas amenazan la competitividad local.
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En este contexto, las PYME industriales requieren estrategias financieras más sofisticadas que las del pasado reciente. No es suficiente con el crédito tradicional: se vuelve indispensable combinar herramientas de sociedades de garantía recíproca (SGR), acceso a mercados de capitales, diversificación de cartera y planificación de flujo dependiendo de los ciclos económicos. El financiamiento debe ser selectivo, oportuno y alineado con proyectos de inversión que agregan valor en las cadenas regionales.
La situación no está exenta de riesgos. Una industria que depende en exceso de los productos terminados importados puede ver su base productiva erosionada en unos pocos meses. El desafío de la política y la gestión comercial es precisamente lo contrario: capitalizar la ventana de previsibilidad inflacionaria para rediseñar las estructuras financieras que permiten mantener el empleo, modernizar los procesos y ampliar la capacidad instalada.
En resumen, la urgencia dio lugar a la planificación. Y ahí es donde se juega el verdadero futuro de la industria argentina: en la capacidad de articular el crédito, la inversión y la estrategia para transformar un alivio a conjuntural inflacionario en una oportunidad para el desarrollo sostenido.
Vicepresidente de Mills SGR y Director Comercial de Mills Capital Group









