Mientras Argentina continúa sin un plan específico, el resto del mundo avanza a toda velocidad en el campo de energía. Si un país solo se dedica a pedir prestado sin generar riqueza, su destino es la pobreza perpetua. Argentina todavía está atrapada en esa lógica: renegotiaciones con el FMI, la emisión sin soporte y un déficit estructural que no encuentra ninguna solución. Mientras tanto, el mundo ya entendía que la clave del futuro está en energía. No se trata solo de explotar los recursos, sino de desarrollar proyectos integrales que promuevan industrias, generen empleo y mejoren la competitividad global para TI, la Unión Europea toma medidas para garantizar su minería y autonomía energética.
Hoy, la Unión Europea anunció una inversión de 22,500 millones de euros, con estos proyectos que busca fortalecer su capacidad de extracción, transformación y reciclaje de materiales clave como litio, cobalto, níquel y grafito. Esta decisión responde a una realidad ineludible: la globalización sin límites ha demostrado ser una espada de doble filo. Europa depende del 97% de China para el magnesio, en el 63% del Congo para el cobalto y en el 79% de Chile para el litio. Con estas cifras, garantizar la autosuficiencia no es una opción, sino una necesidad urgente.
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La nueva ley de materias primas críticas, aprobada el año pasado, es la respuesta de la comunidad para fortalecer la autonomía en sectores clave como la tecnología y la industria de las armas. En este contexto, la Comisión Europea ha anunciado 47 proyectos estratégicos de minería y refinamiento en 13 estados miembros, incluidos Francia, Alemania, España y Portugal. De estos, 22 se centran en el litio, 12 en el níquel, 10 en el cobalto y 11 en grafito. El mensaje es claro: Europa no quiere seguir siendo como rehén de las tensiones globales.
El desafío, sin embargo, es enorme. China domina el refinamiento de muchos de estos materiales, y la experiencia muestra que no es suficiente extraer minerales: se necesita infraestructura industrial para procesarlos y convertirlos en productos de alta agregación. Además, la resistencia ambiental y social a la minería en el suelo europeo podría dificultar la concreción de varios proyectos.
En este contexto, el contraste con Argentina es alarmante. Mientras que otras regiones movilizan inversiones estratégicas, aquí continuamos en modo “NAP”, sin un plan integral para agregar valor a nuestros propios recursos. La política económica parece reducirse a granjas de concesión sin una visión del desarrollo industrial. No hay incentivos para la instalación de plantas de refinamiento o para la integración de cadenas de valor que generan empleo y mejoran la competitividad del país.
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El futuro global exige un compromiso real con el desarrollo. No es suficiente abrir licitaciones para explotar los recursos; Es esencial acompañarlos con políticas que promuevan la industrialización, el talento local y la sostenibilidad.
El mundo exigirá minerales más críticos para la transición de energía todos los días.
Litio: llave para baterías de automóviles eléctricos y almacenamiento de energía. Argentina, Chile, Bolivia (Triángulo de Litio), Australia y China.
Cobre: Vital para redes de electrificación y transmisión. Chile y Perú dominan la producción, con inversiones crecientes en África.
Níquel, cobalto y tierras raras: necesaria para baterías, turbinas eólicas y paneles solares. Indonesia, la República Democrática del Congo y China son actores clave.
Argentina debe alinearse con esta tendencia o continuará observando desde la comodidad de su letargo, perdiendo oportunidades en un mundo que no espera a nadie.









