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Visitas de intercarcelio, jardinería y fútbol: cómo la pareja acusó del caso de préstamo vive en prisión

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La historia de la desaparición del préstamo Peña (5) tiene varios protagonistas, pero pocos apuntados como el ex -Marino Carlos Pérez (63) y la ex oficial María Victoria Caillava (53). La pareja, involucrada en uno de los casos más misteriosos de los últimos años, entregó este sábado en la cárcel. Ambos fueron arrestados el 21 de junio de 2024 y nunca se fueron de nuevo.

Pérez y Caillava se encuentran en el complejo penitenciario No. 3 del NOA, en Güemes, provincia de Salta, después de que el caso pasó de la órbita provincial a la jurisdicción federal. A diferencia de otros prisioneros, su situación tiene algunas peculiaridades. Al estar involucrados como pareja en el caso, el régimen penitenciario les permite tener visitas de intercarcelio y contacto frecuente, tanto cara a cara como por teléfono. También reciben a sus familiares bajo supervisión y tienen acceso a actividades recreativas. “Tienen absolutamente libertad para poder comunicarse personalmente o por teléfono inclusive”, explica su abogado, Ernesto “Tito” González.

María Victoria Caillava, por ejemplo, participa en talleres de cocina, jardinería y horticultura. Según su defensa, el ex funcionario tiene una rutina diaria centrada en la terapéutica. Paralelamente, el Exmarino realiza actividades deportivas, especialmente partidos de fútbol con otros reclusos de la unidad penitenciaria. “Actividad al aire libre sin ninguna restricción en el sentido de poder estar afuera durante una hora todos los días”, detalla el abogado a este periódico.

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Acusación. La pareja está acusada de secuestro y ocultación de un menor, un delito que, según el artículo 146 del Código Penal Argentino, incluye sentencias entre 5 y 15 años de prisión. En mayo pasado, la oficina del fiscal solicitó la elevación en opinión del caso, que tiene otros cinco sospechosos: Bernardino Benítez, Daniel Ramírez, Mónica Millapi, Laudelina Peña y el ex comisador Walter Maciel.

La hipótesis judicial argumenta que el 13 de junio de 2024, durante un almuerzo familiar en la casa de la abuela del niño, en el sitio algarrobal, los adultos presentes ejecutaron un plan coordinado para separar el préstamo de su padre y darlo al matrimonio de Pérez-Caillava. La supuesta entrega habría ocurrido en un lugar llamado “La Topera”, y luego, en el camión Ford Ranger de la pareja, se completó el ocultamiento.

Sin embargo, para el abogado González, no hay elementos firmes que justifiquen la acusación. “La evidencia está viciada principalmente. No hay elemento objetivo, algo razonable o algo real para poder decir que tuvieron participación o interferencia, encienden elementos viciados”, dice.

El punto más cuestionado por la defensa del matrimonio son las pruebas odorológicas realizadas en los vehículos, donde se habría detectado el olor del préstamo. “No es viciado porque el procedimiento se ha hecho mal, pero porque todo antes estaba mal: la colección de prendas, conservación, su uso”, argumenta González. Además, plantea vicios de nulidad que fueron ignorados durante la instrucción y que, dijo, será retomado durante el juicio oral.

Otra pregunta está relacionada con el análisis de los teléfonos celulares. Según el abogado, el dispositivo de Pérez fue manipulado por la policía de Correntina. “Esa es el ABC de la ley: una violación de la cadena de custodia. Se desconoce la doctrina del fruto del árbol envenenado. No se puede usar una prueba”, dijo.

En el caso en general, el abogado dijo que no cree que los acusados ​​sean responsables. “No tienen las personas adecuadas”, dijo. Para él, la instrucción forzó la evidencia y construyó teorías sin apoyo: “Se plantearon 2.500 hipótesis que solo obedecían la imaginación de cualquier investigador y, obviamente, dejó las vías y teorías abiertas que hasta hoy son conspiración o paranoica, como la cuestión del accidente o de una red de tráfico muy organizada que ha tenido una intervención de estas personas”.

A pesar de las dudas planteadas por la defensa, para la justicia federal el caso es claro. Los fiscales de Mariano de Guzmán, Alejandra Mángano y Marcelo Colombo consideran que todos los involucrados actuaron de manera coordinada y premeditada, y que el niño estaba separado de su esfera de custodia por adultos que actuaron con pleno conocimiento de lo que hicieron. “No fue una desaparición accidental”, enfatizaron.

En la solicitud de juicio, detallaron que el préstamo se vio por última vez a las 13.52 del 13 de junio, cuando fue fotografiado camino a Naranjal, y que la alerta sobre su desaparición se emitió solo a las 15.26. En ese período, dicen, se consumió la resta.

Carlos Pérez y María Victoria Caillava fueron señalados cuando aquellos que se alejaron de la reunión con la excusa de ver un partido de río, y en ese viaje habrían retirado al niño del punto de entrega. Esta hipótesis también se basa en las declaraciones de testigos y el análisis de los rastros que se encuentran en el vehículo.

Paralelamente, el abogado González insistió en que hay experiencia pendiente que podría modificar el curso de la causa. En particular, mencionó la geolocalización a través de Google y la recuperación del historial GPS del vehículo. “Entiendo que el Ford Ranger tiene. No sé si ese modelo Ford Ka tiene particularmente”, dijo.

Mientras tanto, el matrimonio todavía es arrestado y sin perder contacto. Un año después de su arresto, la causa progresa, pero la ausencia de respuestas concretas sobre el destino del niño sigue siendo un gran misterio.

“No tienen detenidos para las personas adecuadas”

LN

El abogado de la pareja sospechosa, Ernesto “Tito” González, mantiene la inocencia de su defendido y critica fuertemente la instrucción de la causa. “Pérez y Caillava están en las mismas condiciones que el acusado restante”, dice e inmediatamente se expande: “lo que puede inclinar el equilibrio de un lado del crimen”.

Para González, la investigación “no ha podido resolver” el caso “porque no tiene las personas adecuadas”. “Es muy simple. Aunque es difícil creer que muchas personas, no tienen las personas adecuadas y es por eso que es prácticamente imposible armar un rompecabezas con piezas de jenga. No hay forma. Todo lo que se hace es forzar evidencia o tratar de forzar teorías e hipótesis para poder justificar algo que hasta hoy no tiene explicación”, dice.

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