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Políticas republicanas y morales | Perfil

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En cada sociedad con un régimen democrático, los actos electorales definen ganadores y perdedores. Y que la sociedad avanza más cuando se aplica un viejo eslogan que aconseja: “El que gana gobierna y el que pierde los acompaños”. Es lo que sucede en otros países, como Chile, que haber triunfado a un candidato de “dejado” su gobierno se benefició, en temas esenciales para la estabilidad y el desarrollo económico, debido al acompañamiento de fuerzas que han respaldado durante mucho tiempo, había apoyado al régimen de Pinochet.

En el nuestro, por otro lado, con demasiada frecuencia sucede que tanto los perdedores como las mayorías circunstanciales conciben la política (y el arte de gobernar) como un concurso que tiene como objetivo destruir al adversario circunstancial. Destrucción que a veces tomó una violencia que puso en control el sistema del gobierno democrático, como sucedió con los “golpes” protagonizando a las fuerzas armadas y con las acciones de organizaciones guerrilleras como ERP o Montoneros.

Pero desde la recuperación de la democracia no hemos tenido levantamientos armados, aunque “campañas de desacreditación” que afectan a los gobiernos elegidos libremente; llevado a cabo por fuerzas políticas derrotadas en esas elecciones, incluso se oponen medidas que podrían ser efectivas para superar los obstáculos para el desarrollo económico y el bien de la sociedad en su conjunto; Críticas que a veces buscan ir acompañadas de otros actores sociales, como corporaciones comerciales o organizaciones sindicales.

Estos no les gustan los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Es por eso que molesta a quienes creen que son los dueños de la verdad.

Sin embargo, otra peculiaridad de nuestra política nacional es que estas campañas para desgastar a las fuerzas políticas también se han llevado a cabo del gobierno que estaba ejerciendo el poder. El caso paradigmático ha sido el kirchnerismo, cuya campaña de desacredit, diseñada y aplicada por Nestor, y perfeccionada por Cristina, se realizó con el objetivo de permanecer en el poder y usarla para una estrategia de enriquecimiento fuerte derivado de un ilícito ilícito raro. El poder que se mantuvo con la colaboración de otros actores económicos y sociales, como los amigos capitalistas, que disfrutaban de los favores del estado, así como el de los líderes sindicales burocratizados con una gestión espuria del CGT, y por una masa de “” benéficos “de luminosidad” de los trabajadores ocasionales, nuevos empleados públicos con tareas innecesarias y una masa de “beneficios” de benéfica “de asistencia social. Todo lo cual ha resultado en un capitalismo de amigos que tenía un estancamiento económico y pobreza tan inevitable.

Pero mientras el poder ejecutivo y legislativo fue manejado por el kirchnerismo de la manera indicada (no muy democrática, tanto para las formas como para contradecir los intereses de la “gente” que lo había elegido) subsistió el funcionamiento adecuado del poder judicial, particularmente en la Corte Suprema de la Nación. Este refugio republicano es el que finalmente ha permitido que “justicia” condene al ex presidente de la nación por los crímenes cometidos mientras ejerce el poder de la nación.

*Sociólogo.