Si bien el discurso oficial argumenta que el fuerte peso no es un problema, la falta de acumulación de reservas comienza a generar desconfianza. La política crea significado, pero la macroeconomía impone sus verdades.
Uno de los objetivos centrales de la política económica actual, expresamente establecida en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, es la acumulación de reservas internacionales en el banco central. Es un objetivo crucial no solo fortalecer la sostenibilidad del programa, sino también anclar las expectativas del mercado, reducir el riesgo de los países y recuperar títulos de libertad en la política económica. Sin embargo, desde el mismo día en que se firmó ese acuerdo, el gobierno comenzó a alejarse de lo que había cometido.
Primero lo hizo con declaraciones que sorprendieron: argumentó, a pesar del hecho de que esta posibilidad se había reservado tanto en el acuerdo con el FMI como cuando se anunció el nuevo régimen de bandas de intercambio, lo que no planeó intervenir dentro de la banda, una intervención que, en teoría, debería permitir la acumulación de reservas cuando el tipo de cambio se acercaba al piso del corrido. Luego, minimizó directamente la importancia del objetivo, lo que sugiere que la acumulación de reservas no era relevante, o que incluso podría posponerse sin consecuencias importantes. En los hechos, lo que se había escrito con la mano se eliminó con el codo.
El discurso oficial argumenta que el peso fuerte no es un problema
Pero la verdad es que acumular reservas sigue siendo importante. Muy importante. Y no porque se establezcan los objetivos del programa acordado con el FMI, sino porque el mercado todavía se considera un termómetro clave de la credibilidad del esquema macroeconómico. El riesgo del país, que había alcanzado un mínimo de 559 puntos básicos el 9 de enero, nuevamente se estableció alrededor de 670 puntos y no puede perforar ese nuevo piso. Por otro lado, las recientes colocaciones de deuda en dólares, que reflejan una mejora del apetito por el riesgo argentino, se hicieron a tasas que siguen siendo altas. Las señales parecen ser claras: sin reservas, no hay garantía de cumplimiento y la confianza se vuelve más difícil de alcanzar.
Lo que se dice y lo que se hace. La contradicción entre el discurso y las acciones se hace aún más evidente cuando se observa el comportamiento reciente del gobierno. A pesar de lo que se dice, todas las medidas tomadas en las últimas semanas apuntan a lo mismo: obtener dólares de cualquier manera posible. No importa si provienen de la economía informal o si son capitales a corto plazo o si vuelven a endeudarse. Es decir, se intenta acumular reservas sin provenir de un equilibrio comercial genuino o una mejora estructural del frente externo. Los orígenes no importan o sostenibles son esos flujos de dólares; Lo importante es agregar algo al equilibrio.
El fallo de la Corte Suprema confirma la condena contra la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner puede tener un impacto inicial favorable en el riesgo del país, pero no cambia lo esencial. Lo que domina el escenario es la sensación de que el gobierno necesita para alimentar expectativas favorables con anuncios frecuentes. Una especie de anabólico permanente, que en lugar de consolidar la confianza comienza a sugerir lo contrario: que el programa no está respaldado por su consistencia, sino por su capacidad para generar titulares.
Este patrón, que ya analizamos en otras notas, implica un mayor riesgo: cuanto más anuncios episódicos se usan, más se borra la percepción de que hay una hoja de ruta integral y sostenida. El gobierno insiste en que “todo va según lo planeado”, pero la necesidad constante de corregir, expandir, aclarar o reinterpretar sus propios objetivos sugiere lo contrario. Incluso en el marco de una política desinfladora que continúa mostrando buenos resultados.
El problema que no se nombra. Finalmente, hay un fondo que no se puede ignorar: el nivel del tipo de cambio real. La dificultad para acumular reservas a través de la cuenta de intercambio actual (que ha sido negativa desde junio del año pasado) y la necesidad de ir a mecanismos alternativos, como el endeudamiento, los ingresos de capitales especulativos o blanquecinos, son síntomas que este nivel no es adecuado para promover un excedente externo sostenible. En este contexto, para mantener que el tipo de cambio no es un problema, o simple y simple, nuevamente no hablar sobre el tema, puede ser políticamente funcional, pero apenas resistir el análisis desde una perspectiva macroeconómica más integral. La persistencia de un tipo de cambio apreciado también introduce distorsiones en la asignación de recursos y en la recuperación de sectores negociables, y aunque no compromete la dinámica inflacionaria a muy corto plazo, eventualmente puede ser un foco de dudas sobre la continuidad de la desinflar que, para consolidar, necesita una economía que funcione sin aumentar las imbalances externas.
El informe publicado por la BCRA este viernes 13 de junio de 2025.
El 1,5% de la inflación minorista aliviada por Indec para mayo es una excelente noticia. Aunque la inflación del núcleo (2.2%) se ubicó nuevamente por encima del promedio, es una desaceleración importante con respecto a los niveles anteriores (había podido romper el 2% mensual de siete meses). La convergencia de la inflación a un rango entre 1% y 2% mensual podría permitir que la apreciación del tipo de cambio real disminuya la velocidad, especialmente si el tipo de cambio nominal se está moviendo hacia el techo de la banda. Pero no debe descartarse que algunas presiones inflacionarias resuren en la medida en que se produce este desplazamiento progresivo (que esperamos que ocurra, de no mediar un deterioro más marcado de gobernanza, con mucha más fuerza cuando nos acercamos a las elecciones nacionales de octubre).
En resumen, la economía argentina avanza en un terreno frágil, donde la historia oficial comienza a estresarse con la realidad de algunos indicadores. La acumulación de reservas no es una opción técnica, entre otras, es una condición necesaria para dar coherencia al resto de los objetivos, incluida la desinflación. Sin reservas, no hay sostenibilidad. Y sin sostenibilidad, el riesgo es que todo el esfuerzo realizado hasta ahora sea cuestionado. El mercado lo sabe. Y aunque sería prudente que el gobierno lo admita, es poco probable que veamos un cambio en lo que ha sido uno de sus dogmas: el peso fuerte no es un problema y llega a quedarse. Pero en algún momento la historia choca con la realidad: la política puede generar significado, pero la macroeconomía impone sus verdades. Siempre.
*Economista.









