Desde el inesperado éxito electoral de LLA en la ciudad de Buenos Aires, se ha intentado instalar la idea de un dominio libertario absoluto del escenario político nacional. Parece que un destino irrevocable pintado de violeta se cierne sobre la sociedad argentina en su conjunto.
Sin embargo, el análisis reflexivo de aquellos y otros resultados electorales que han estado proyectando, como los de Santa Fe, Salta, Jujuy, San Luis y Chaco, ofrecen un panorama diferente.
En cualquier lugar, el partido del presidente Javier Milei pudo construir una mayoría electoral, lo que en un sentido estricto implica un 50% +1 de los votos válidos, como lo hizo en 2023. Donde era mejor, en Caba, apenas excedió el 30%. En Salta y Jujuy, 2 lugares fuertes del antiguo panelista, obtuvieron un 25%, con un pico en el capital de Salta del 35%. En Santa Fe, yendo solo, no cosechó o 15% y en Chaco tuvo que aliarse al gobernador radical para lograr algo aceptable.
Estos no les gustan los autoritarios
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Como vemos, estos escasos resultados no son suficientes para perfilar una hegemonía libertaria en el futuro argentino de mediano y largo plazo, ya que el gobierno intenta imponer. Es más una expresión de deseos que un hecho específico de la realidad.
Lo que indica los resultados es otra cosa: que ha logrado construir una primera minoría intensa, ubicada entre 30 y 35 puntos porcentuales, a los que debe alimentar, consolidar y fortalecer, en una palabra, lealtad. Hacia ese sector se dirigen crueldad e individualismo como estrategias de identificación política. Por lo tanto, debe esperarse que lejos de detenerse, las provocaciones y degradaciones a los sectores vulnerables o representativos de los sectores populares, como jubilados, inmigrantes, trabajadores de hospitales públicos, periodistas, organizaciones de derechos humanos, científicos, maestros, artistas que no se comunican con sus ideas y muchos otros, van a profundizar.
No es suficiente para la hegemonía libertaria, pero explica los mecanismos ideológicos y culturales que el gobierno utiliza para ejercer su control con cierto grado de éxito y consenso social activo.
El principal requisito de la hegemonía, la construcción de una mayoría electoral pero fundamentalmente política, que legitima las supuestas nuevas identidades y formas de relacionarse, está lejos de ser lograda.
La fuerza laboral está lesionada en la base
Ese papel legitimador, que en democracia está reservado para la mayoría, que son los sectores populares, no puede ser reemplazado por una minoría electoral para más significativa e intensa.
La otra situación, quizás la más importante, que indican los resultados de las elecciones celebradas hasta ahora, son los niveles históricos de abstención electoral. La bomba de indiferencia, estrictamente hablando, la extensión de la idea de que los problemas políticos no afectan la vida diaria de las personas y, por lo tanto, no se movilizan para votar, el gobierno lo interpreta incorrectamente.
En la Casa Rosada relativan este hecho interpretando que estos son sectores que históricamente votan por el peronismo, lo cual no es importante. Sin embargo, estos son los mismos sectores que en 2023, abandonados en sus afirmaciones de mejoras en las condiciones materiales de la vida por parte de los partidos políticos tradicionales, incluido el peronismo, recurrieron a apoyar a los libertarios.
Hegemonía libertaria y control social
El presidente y sus asesores no terminan entendiendo el fenómeno sociológico que los depositó en el poder: como ya hemos señalado en estas páginas, en los últimos 15 años, el lugar de defensa de los intereses materiales de los sectores populares fue abandonado deliberadamente por la política tradicional y reemplazado por la defensa de las identidades sectoriales. La trampa de identidad terminó fagocipando la fragmentación del campo popular y el descontento multiplicado. Milei se montaría en ese caballo en 2023.
Límites, rupturas y continuidades en la sociedad de furia
Pero mantener ese apoyo movilizado implica responder positivamente a las afirmaciones de mejora de las condiciones de estos sectores, que ni siquiera aparece remotamente en la agenda del poder.
La reacción popular y las experiencias compartidas frente a la desposesión planificada e innecesaria de instituciones de muy alta estima y capital social, como el Hospital Garrahan, que atiende a los niños con problemas de salud muy graves de forma gratuita y con una calidad médica muy alta, puede servir como elementos articulantes de un nuevo descontento.
Si bien estos problemas subyacentes continúan sin resolverse, no hay nada garantizado para nadie en octubre, mucho menos en septiembre, donde tiene la intención de hacer el peronismo de la provincia de Buenos, lo mismo que le hizo al profesional en CABA: ganarlo en su propia cancha y eclipsar sus posibilidades en 2027.









