“Como el pan, las tortillas, un poco de queso feta y una vez por semana Achuras. Tomo mate, pero lo hago seco y lo uso nuevamente”. El testimonio, anónimo, pertenece a una persona de 64 años y fue publicado en un informe sobre la situación de LGBT más antiguo elaborada por diferentes defensores de los derechos humanos. El resultado corresponde a una encuesta realizada durante el primer semestre de 2024 en la Casa Caracol para Venaces LGBTIQ+, en Tucumán.
Cuando se habla de la jubilación y el impacto del fin de la moratoria, los análisis se centran en la realidad de los hombres y mujeres cisgenero, que se identifican con el género asignado al nacimiento, y las estadísticas que tratan con otras realidades son escasas. El documento, preparado por diferentes familias, Tucumán, el Trans Trans, Biblioteca y Les Warmi Crisp, es uno de los que ofrece datos más recientes sobre vejes LGBT y el acceso que tienen a las pensiones, la comida, la salud y los diferentes servicios que hacen la calidad de vida.
Entre otras cosas, el estudio indica que solo el 4% de las personas encuestadas tienen una jubilación. Los otros no pudieron acceder a un empleo formal registrado, por lo que también tienen las contribuciones necesarias para retirarse. “Las obras que generan ingresos no son constantes y el salario es pequeño. Saben que, donde trabajan, se les pagará menos que otras personas”, dicen.
De esta situación se deriva que el 93% sobreviva con la ayuda de “grupos de apoyo, familias elegidas, sociedad civil, vecinos que proporcionan alimentos”, aunque también se destaca que esta asistencia no es regular o sostenida.
El documento también establece que “solo el 6.7% no necesitaba ayuda externa para poder alimentarse” y que la mayoría tenía que restringir la compra de alimentos y necesidades. “El anciano LGBT expresó sentimientos de desolación frente al paisaje general y dijo que sienten” una carga “, ya que sus grupos de apoyo, familias elegidas o amistades hicieron grandes esfuerzos para hacer frente a este contexto de crisis”.
Por otro lado, informa que el 84% de las personas tienen una comida completa una vez al día. En la mayoría de los casos, el horario de esa comida es al mediodía, “que es cuando pueden ir a la casa de alguien, de sus apoyos o algunos ONG o grupo, como picnings o comedores”. Aun así, “está cocinando la feria y muchas veces se mantienen hambrientas”.
Otro hecho importante que surge del estudio es que aumentó, en esta población, el consumo de productos ultraprocesos. “El anciano LGBT consultado tuvo que reducir la compra de lácteos, verduras, frutas y carnes debido al aumento excesivo de precios y la depreciación del poder adquisitivo”, lo que también condujo a “tener una dieta basada solo en harinas”.
La situación podría empeorar no solo con el final de la moratoria, sino también con las crecientes dificultades de acceder al uso de la gente de este grupo. Desde la contratación de Trans, en una nota sobre el tema, indicaron que, junto con la reducción del empleo estatal (donde se estimaron más de 150 despedidas de las personas con vesticitos y no binarios durante 2024), también asistimos a una dentalización de políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI) dentro de las empresas. “De esta manera, se reducen las oportunidades de empleo formales para las mujeres, las personas trans y otros grupos históricamente violados. A su vez, la eliminación de estos programas limita la creación de espacios seguros hacia el interior de estas empresas” y también afecta la productividad: “Las compañías diversas tienen un 39% más probabilidades de superar a sus competidores y obtener mejores resultados”.
Excusa en el clima de época, dice el análisis, muchas compañías clasifican las políticas de inclusión como una forma de “discriminación inversa”. Es, en cambio, una reparación histórica, “una herramienta para corregir las desigualdades acumuladas” que se destaca.
Ley 27,636, que establece una cuota laboral del 1% en el sector público, y que nunca se cumplió, contempla en palabras del coordinador del contrato del programa trans, dos aspectos fundamentales: por un lado, el hecho de no considerar un registro policial en la contratación, “ya que muchas personas principales tienen causas judiciales derivadas de la policía edictos que criminizaron su existencia hasta el año 20000”. Por otro lado, “garantizar la terminación educativa, permitiendo que aquellos que no hayan terminado sus estudios puedan hacerlo y capacitar para acceder a mejores oportunidades de trabajo”.









