Home Noticias Locales Antagonismo global y transición de poder

Antagonismo global y transición de poder

50
0

Hay una transición sistémica, en la que el mundo se aleja del orden que surge después de la Segunda Guerra Mundial y entra en un escenario multipolar.

Por Sergio Skobalski y Héctor Arrosio, en Diario Clarín
Vivimos una etapa clave de reconfiguración del poder mundial, donde tres grandes espacios económicos atraen los contornos del nuevo orden global: la alianza estratégica entre China y Rusia que se proyecta en el sur global; una Unión Europea que enfrenta tensiones internas y su posible separación con los Estados Unidos; y la estrategia de este último, se centró en contener el progreso chino en múltiples frentes.

Haga clic aquí para unirse al canal de WhatsApp de Panorama Diario y siempre estar informado

La actual política exterior estadounidense, especialmente bajo la administración Trump, ocupa viejos principios geoestratégicos. Reinterpreta la doctrina de Monroe determinada para mantener poderosos extranjeros fuera de Estados Unidos, como una herramienta para detener la expansión china, tanto en América Latina como en el Indo-Pacífico.

En este sentido, Estados Unidos analiza dos escenarios históricos: la defensa del hemisferio occidental, con el eje en el Canal de Panamá y el espacio de Canadá-Groenland-Alaaska como área de contacto con Eurasia; y la del “Mediterráneo asiático”, una vasta región entre Australia y el Mar del Sur de China que hoy concentra la atención del comando indo-pacífico de las fuerzas armadas de los Estados Unidos.

La estrategia no se limita a la tierra militar. También se expresa en la ofensiva comercial contra China, cuyo objetivo es claro: interrumpir el surgimiento del gigante asiático como un poder global. Y es que el crecimiento económico chino ha ido de la mano con una profunda modernización militar.

Desde finales del siglo XX, su doctrina de defensa evolucionó hacia una “guerra de precisión de dominio múltiple”, lo que implica la capacidad de ganar conflictos regionales contra los oponentes de peso. Esta transformación acompaña su ambición de convertirse, para 2049, en una fuerza militar mundial.

La disputa no solo se juega en el Pacífico. El conflicto entre Rusia y Ucrania también se interpreta como un punto de tensión indirecto entre la OTAN y Moscú, pero con los actores asiáticos involucrados: China y Corea del Norte apoyan a Rusia, mientras que Japón y Corea del Sur están alineados con Ucrania. Esta “guerra para otros medios” revela que Eurasia se ha convertido en el centro de la gravedad de los conflictos globales.

Por otro lado, Estados Unidos busca retirarse su presencia en Europa y transferir responsabilidades militares a sus aliados del antiguo continente. Esto refleja un cambio estratégico: concentrar los recursos en el Indo-Pacífico, donde percibe que se juega el liderazgo del siglo XXI.

En cifras, el panorama proyectado para 2049 es revelador: el PIB de China podría alcanzar 46 mil millones de dólares, superando a 38 mil millones de Estados Unidos. Este hecho, más que una comparación económica, señala un giro profundo en el equilibrio global de poder.

Lo que estamos presenciando es más que una competencia entre dos países. Es una transición sistémica, en la que el mundo se aleja del orden que surge después de la Segunda Guerra Mundial y entra en un escenario multipolar, marcado por tensiones estratégicas, carreras tecnológicas y una nueva geografía de poder.

El desafío no es menos. El resultado de este antagonismo dominante entre Estados Unidos y China definirá no solo las relaciones internacionales, sino también las condiciones de estabilidad, desarrollo y autonomía de todos los países del mundo, incluida América Latina.

Sergio Skobalski es director de la Licenciatura en Relaciones Internacionales de Undef. Héctor Arrosio es maestro en Rr.ii.