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Los debates efímeros (y estériles) sobre la serie “El Eternalauta”

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En la revista otra parte (fundada por Graciela Speranza y Marcelo Cohen), la semana pasada se publicó el artículo “Una isla de Superpoblada Robinson”. En la serie El Eternalauta, firmada por el escritor y editor Federico Reggiani. Allí señala que “los personajes discuten constantemente los líderes y que estas discusiones siempre tienen como psicología que superpone cualquier problema externo, aunque el problema es el mismo apocalipsis, elaboran una representación que replica el mecanismo típico de la serie estándar de la industria estadounidense”.

Una pregunta que, llevada a un extremo en la construcción del carácter de Juan Salvo, lo convierte en “el conflicto veterano correspondiente de Vietnam”. Eso, diseñado como un administrador de héroes de violencia también en el entrenamiento militar de Vindica como una calificación social aceptable, evocando el Rambo de Silvester Stallone o el múltiple Arnold Schwarzenegger, sin olvidar a De Niro en Taxi Driver.

Reggiani también reprocha que en la serie la muerte de la población importa poco y se concentra “en la búsqueda de Clara (que no Martita, como en la caricatura), la hija de Juan, excepto. Como si sobreviviera a él no fue suficiente.

Estos no les gustan los autoritarios

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De esta manera, “por ansiedad y urgencia, se reemplaza la construcción árabe del suspenso y, por hechos inmediatos, lo que la caricatura propuso como resultado del lento trabajo humano”. Y luego “todo sucede un poco porque sí, como si atender a la cuidadosa cadena de causas y efectos fuera demasiado para los espectadores que la serie imagina”. Concluyendo que debemos preguntarnos “por qué la industria cultural decide tomar libros del pasado para modificarlos casi a lo irreconocible, y por qué los títulos de la adaptación de un famoso libro dicen” Creado por … “El director de la serie. Tal vez tengamos que esperar la segunda temporada para entenderlo”.

Estas citas tienen un efecto noble, como detener el delirio virtual de los medios (entre periodismo y redes sociales) en el que aquellos que piensan sin haber visto la serie fueron mixtas, con la que no conocen la caricatura original. Y en más de un caso, emitir conceptos ignorando todo. Y también desactiva la atracción ideológica bruta (una cierta propiedad simbólica de El Eternalauta), entre los entusiastas del individualismo y el colectivismo.

Batalla cultural que, precisamente, en ausencia de cultura, se veía como una pelea homínida con gritos elementales. La división era que para algunos Juan Salvo representaba al héroe nacional de Malvinero capaz de enfrentar cada desafío para el bien superior del país, mientras que para otros fue la encarnación sagrada de la salvación colectiva. Dos reduccionismo para otros optimistas.

El enclave libertario oficial, alineado con el héroe individual, ejerce al novelista favorito del presidente Milei, Ayn Rand, seudónimo de Alisa Zinóvievna Rosenbaum (1905-1982), ruso nacionalizado de América del Norte, filosofía y novelista, defensor del objetivismo, el ensamblador de teórico formado por racionalismo, el individuo de la defensa y la defensa del capital del capital del absoluto del absoluto del absoluto del absoluto del absoluto del absoluto del absoluto del absoluto del absoluto del absoluto del absoluto. Algo como la imagen opuesta a Jean Paul Sartre.

Se puede afirmar que ella introdujo las nociones de Antibolcheviques en la inteligencia estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, mucho antes de la Cumbre de Yalta. Con esa ascendencia en la élite del poder, tuvo acceso al cine de Hollywood. La versión de su novela El Manantial (1943) fue filmada por el rey Vidor en 1949, con un guión (respetado en detalle) del mismo rand. Pero también fue víctima de la “adaptación irreconocible” indicada por Reggiani: sin mencionarlo, el brutalista (2024), dirigida por Brady Corbet, la fecha que ganó tres Oscar, es una reinterpretación gratuita de El Manantial.

Con respecto al comportamiento grupal en situaciones extremas, donde surge el presunto héroe colectivo de la oposición, hay una película de Hitchcock, LifeBat (1944), basada en la novela homónima de John Steinbeck, Future Nobel Premio para Literatura (1962). Sufrió una tormenta de críticas porque el personaje nazi que hundió el barco, y estaba en el bote con los sobrevivientes, tenía un trato benevolente en el guión.

¿Qué otro héroe colectivo podemos hablar pero de los que aparecen en la deshumanización? El ejemplo cercano es la caída del avión uruguayo en la cordillera de los Andes, en 1972,, cuyos sobrevivientes casi mueren entre nieve que apoyan condiciones terribles, como el canibalismo. La Sociedad Snow (2023) de Juan Antonio Bayona, reconstruye la situación y también el documental del mismo nombre (2008), por Gonzalo Arijón.

Lejos de todo esto, el eternalista enfrenta las condiciones de su producción con similitudes en el cine. Son los casos de Starship Trouppers (1997) de Paul Verhoeven; DISCRITT 9 (2009) y Elysium (2013), ambos por Neill Blomkamp; The War of the Worlds (2005) de Steven Spielberg, Oblivion (2013) de Joseph Kosinski y el Filo del Tomorrow (2014) de Doug Liman, los tres con Tom Cruise como protagonista. Además, las cinco temporadas de la serie Falling Skies (2011-15), con un guión de Steven Spielberg y Robert Rodat, que denota una inspiración sospechosa en Eternalauta.

A pesar de este flujo de película (la historia del cine reciente del género de ciencia ficción), la Eternauta mantiene su integridad narrativa, que emana otros tipos de preocupaciones como la oración: “Es muy peligroso aferrarse a una sola idea como indiferente a todos”.