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La justicia interviene a Vicentin y muestra el desastre corporativo que muchos argentinos no querían ver la política intransigente

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Cinco años después del intento frustrado del gobierno de Alberto Fernández por rescatar a Vicentin y preservar miles de empleos, Justice confirmó lo que muchos se negaron a ver: el cereal estaba atrapado en un esquema de parálisis, pereza y deuda millonaria que empuja la firma al borde de la bancarrota. El juez Fabián Lorenzini ordenó la intervención de la junta directiva durante 120 días hábiles, desplazó a sus autoridades y nombró al contador Andrés Shocrón y al abogado Guillermo Nudemberg como auditores.

La medida fue motivada por la grave situación financiera y operativa de la compañía: una deuda post -consaltal de más de $ 12,500 millones, plantas paralizadas, falta de mantenimiento, riesgo de incendio y una administración que, según el juez, “naturaliza un escenario de parálisis corporativa”. Lorenzini también ordenó proteger los servicios esenciales como el gas, la electricidad y la seguridad, para evitar el colapso total.

En su resolución, el juez advirtió que la empresa no generó contratos de empleo, no promovió inversiones ni mantuvo las plantas en condiciones de operación básicas. «No se administraron contratos de terceros; La estructura corporativa ha decidido cerrar las instalaciones sin proporcionar alternativas ”, dijo. Además, la Junta Directiva evitó convocar a una asamblea extraordinaria para abordar la crisis, refugiarse en pasividad y silencio.

El fallo judicial evidenció lo que el gobierno de todos había advertido en 2020, cuando propuso una intervención estatal frente a una deuda millonaria de Vicentin con el Banco Nacional y una cadena de productores bajo control. En ese momento, la iniciativa fue demonizada de los sectores de oposición y negocios, y acusado de “estatismo”. Hoy, Justice reconoce que la empresa estaba en manos de una conducción irresponsable, que hundió aún más la compañía y puso en riesgo miles de fuentes laborales.

El juez también valoró propuestas concretas para reactivar la actividad, como las de la Unión Agrícola de Avellaneda y las bioenergias agrícolas de SA, que ofrecían contratos de Fasón y nuevas inversiones. Sin embargo, el directorio de Vicentina no mostró interés en ninguna de esas alternativas. La justicia, antes de este escenario, decidió intervenir para “preservar a la compañía en crisis y su continuidad operativa y laboral”.

Otro hecho alarmante es que los socios estratégicos como Bunge-Viterra y la Asociación de Cooperativas Argentinas ya se han retirado del esquema de procesamiento en las plantas de Vicentin. El fallo señaló que la compañía no solo no previó esa posibilidad, sino que ignoró los “avances de Fasón” que habían sido contribuidos, afilando aún más la inestabilidad económica de la empresa.

El intento de expropiación en el 2020 de Vicentin por el estado nacional no fue un capricho ideológico

La intervención judicial representa un nuevo capítulo en la historia de una de las compañías más emblemáticas en el sector agroindustrial argentino. Pero también deja una lección clara: el intento del estado de evitar el colapso de Vicentin en 2020 no fue un capricho ideológico, sino un intento concreto de poner el orden en una compañía que ya mostraba signos obvios de colapso. La justicia, finalmente, lo reconoció.