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El largo juego de la hospitalidad: así es como Malaika Arora lo logra

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Dirigir un restaurante más allá del romance y el bullicio de la noche de inauguración no es para pusilánimes. Una vez que los aplausos se apagan, comienza el verdadero trabajo. Ubicada dentro de un bungalow portugués de 90 años en Bandra, Scarlett House se siente menos como una empresa de celebridades y más como una extensión de la vida cotidiana de Malaika Arora. La idea surgió orgánicamente a partir de cómo come y acoge en casa: invitando a amigos, recreando platos descubiertos mientras viajaba y prestando atención a cómo te hace sentir la comida después de la comida, no solo durante la misma.

Desde el principio, la intención fue clara: comodidad sin excesos, bienestar sin sermones y un espacio al que la gente quisiera volver una y otra vez. Un año después de dirigir Scarlett House, el viaje se ha centrado menos en tendencias o visibilidad y más en comprender las realidades de la hospitalidad: coherencia, moderación y la paciencia necesaria para escalar cuidadosamente. Estas son las lecciones que dieron forma al primer año.

Sándwich de tostada Bombay Masala

Lección número 1: aprenda el negocio, no solo el sueño
No era bueno en matemáticas en la escuela. La economía me intimidaba; pero dirigir un restaurante me obligó a afrontar lo que antes evitaba: los presupuestos y la planificación. Términos como neto, bruto, EBITDA y división de ventas no me eran familiares, pero los aprendí en el trabajo. No tengo un título en negocios, pero esta es la educación del mundo real.

Lección nº 2: La hostelería es un negocio de personas
La comida y la bebida son un espacio orientado a las personas donde te comunicas a diario. Más allá de menús y márgenes, el mayor aprendizaje han sido las personas. Equipos, invitados y colaboración: hay tantas partes móviles que es necesario comprender a las personas para administrar un lugar como este.

Pasta con cebolla caramalizada

Lección número 3: La emoción no puede ejecutar el menú
Es fácil apegarse emocionalmente a los platos y no querer quitarles nada, pero la nostalgia debe equilibrarse con el rendimiento. Cuando te das cuenta de que algunas cosas no se mueven; editas, modificas, repensas. La creación de menús consiste en pensar diez pasos por delante.

Lección nº 4: La comodidad gana. siguen las sorpresas
“Algunos platos que se volvieron virales me sorprendieron. Como el khichdi y el paneer thecha no fueron diseñados como platos estrella, sino que eran comida casera. Eso es con lo que la gente se conecta. La comida reconfortante siempre encuentra su camino”.

Corto y delgado

Lección nº 5: La coherencia importa más que la novedad
“Cada vez que regresas, debe saber exactamente igual. Los menús pueden evolucionar, pero los favoritos permanecen. La gente regresa por familiaridad, por un cierto sabor, una cierta sensación. Esa consistencia es muy importante”.

Lección nº 6: La colaboración construye mejores negocios
“Nunca es la decisión de una sola persona. Desde los chefs y los equipos de bar hasta el marketing y el diseño, cada voz da forma al resultado final. Se toma un poco de todos. Así es como funciona un negocio colaborativo”.

Paneer Thecha

Lección n.º 7: El escalamiento necesita estructura, no velocidad
“No todos los espacios pueden ser un buque insignia. La expansión siempre se planificó, pero con moderación. El ADN sigue siendo el mismo, pero el espacio se adapta. No queremos volvernos masivos ni extendernos”.

Lección No 8: Las operaciones te humillarán
“Pensábamos que podíamos desayunar, almorzar y cenar. No pudimos. La realidad exigía simplificación. Una vez que nos centramos en lo práctico, todo funcionó mejor”.

Lección No 9: Respetar el espacio y el sistema
Estamos en un edificio patrimonial. Hay que respetar la estructura, el barrio, la gente. Detrás de escena hay aprobaciones, sistemas y negociaciones diarias. Hay tantas cosas involucradas que la gente nunca ve”.

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