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La nueva inquisición del gobierno de Sánchez: cuando lo que no está prohibido es obligatorio y la prensa se persigue

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La política en España ha mutado en los últimos tiempos en una especie de “gobierno de veto”, donde la creatividad legislativa parece centrarse menos en alentar y más prohibir.

Pedro Sánchez y su ejecutivo han sido protagonistas de una estrategia que muchos analistas ya califican como una “nueva inquisición”, para la facilidad con la que se usan restricciones y control social a través de una avalancha normativa.

Hoy, 14 de septiembre de 2025, el debate gira en torno a si esta tendencia responde a una incompetencia simple o, en realidad, es una política de control calculada.

La verdad es que la lista de ejemplos crece incesantemente: de la controvertida reforma de las regulaciones del Congreso, a través de intervenciones en el mercado de alquiler, la limitación de la publicidad de “miedo”, incluso las campañas son tan sonadas como las de Macroganjas. Todo esto bajo un denominador común: la creencia de que la sociedad debe ser protegida desde arriba, incluso si implica reducir los derechos o multiplicar cargos burocráticos.

Prohibir en lugar de fomentar: la receta ejecutiva

Lejos de la autocrítica, el gobierno ha convertido la acumulación de normas en su principal herramienta de acción. El resultado es una sociedad sobrecargada de leyes inmejorables que a menudo a menudo absurda. La estrategia tiene dos objetivos claros:

Cree una sociedad que dependa del poder burocrático, donde la responsabilidad se diluye entre entidades y posiciones, lo que dificulta la responsabilidad.

El intervencionismo alcanza los niveles no publicados: la política de vivienda, por ejemplo, ha resultado en una restricción de la oferta y un aumento en los precios de alquiler de más del 24% en los últimos dos años, mientras que la iniciativa privada se criminaliza y se promueven medidas que recuerdan a la expropiación encubierta.

Algunos ejemplos recientes de prohibiciones y efectos

Tapa de gas: supuesta medida “verde” que ha desencadenado el consumo de gas ruso y más costosa la factura para la mayoría de los hogares. Sebastián.prohibición de “Publicidad de miedo”: intente controlar el discurso de las compañías de seguridad y modificar las estadísticas de delitos.

La pregunta es obvia: ¿Tanta norma realmente responde para proteger al ciudadano o es una fórmula para aumentar el control y la dependencia?

No es incompetencia, es un afán de controlar

La explicación más extendida entre los críticos no apunta a la incomodidad, sino a la estrategia. El ejecutivo de Sánchez no actúa por ignorancia: la proliferación de normas y prohibiciones responde a un diseño ideológico que busca el control social. El mensaje es claro: todo lo privado es sospechoso, el público es la panacea, y si algo no funciona, la falla pertenece a los demás. Es una visión que, lejos de promover la autonomía y la responsabilidad individuales, promueve la protección del estado y la represión de la disidencia.

Este modelo de intervención va más allá de la economía o la vivienda. Sus próximas víctimas, advierten los analistas, será la libertad de expresión e independencia de las instituciones. No es accidente que España sea el único país en Europa occidental con comunistas declarados en el ejecutivo, defensores de prácticas autoritarias y represión como un método para legislar.

El Congreso, la prensa y el espectáculo de reglamento

La reciente reforma de la regulación del Congreso ha puesto sobre la mesa otro ejemplo paradigmático de esta tendencia. El nuevo código de conducta para los periodistas parlamentarios impone restricciones no publicadas:

Prohibición de grabar imágenes o sonidos sin permiso expreso en casi todos los espacios del Congreso, incluidas cafeterías, oficinas y áreas administrativas. Obligación de respetar la negativa de un político a declarar, sin la posibilidad de “seguimiento” o preguntas insistentes.

El debate ha estado en marcha: mientras PSOE y ADD defienden la medida como una forma de proteger la intimidad y evitar el acoso, la oposición lo obstruye de la “cáctica” y el “final de la libertad de prensa”. El partido popular acusó al presidente de la Cámara, Francina Armengol, para firmar el certificado de defunción del periodismo parlamentario independiente.

Las Pifias en este proceso no han faltado. El portavoz socialista, Patxi López, trató de justificar la medida que se refiere a una supuesta solicitud de los propios periodistas parlamentarios, algo que ha sido refutado desde la asociación de periodistas parlamentarios, que considera la reforma desproporcionada y una herramienta para seleccionar “periodistas relacionados” y expulsar a los incómodos. En la trastienda, el conocido como “Media Pedrete Brunete”, una expresión sarcástica para referirse a un cierto sector de periodistas relacionados con el poder, ha aplaudido la medida, mientras que los críticos advierten sobre el precedente peligroso que se siente en términos de libertad de información.

El gobierno de veto: ¿Hacia una democracia de baja intensidad?

En este contexto, la política española se desliza peligrosamente hacia un modelo donde la prohibición reemplaza el consenso y la desconfianza en la sociedad civil justifica la intervención constante. La burocracia, lejos de ser un mal menor, se convierte en el principal instrumento de dominación: un marco de normas, vetos y controles que limita la autonomía y reduce el margen de maniobra de ciudadanos y empresas.

El fenómeno no es exclusivo del Congreso o la prensa. La “armonización fiscal” llamada así amenaza con recientes impuestos como la herencia, arrebatando su capacidad de toma de decisiones a las comunidades autónomas. Todo esto bajo el argumento de equidad y solidaridad, pero con el resultado del aumento de la carga impositiva y la reducción de la autonomía regional.

Curiosidades y paradojas del control político

España se ha convertido en el segundo mayor importador europeo de gas ruso, a pesar de la retórica ecológica del gobierno. El mercado de alquiler ha perdido hasta el 46% de la oferta en ciudades como Barcelona después de las restricciones, justo lo contrario de lo que prometía la ley. La reforma de la regulación del Congreso ha creado una nueva “casta” de periodistas, donde la afinidad política puede sopesar más que el rigor profesional. Chascarrillo interno a un símbolo de polarización en los medios. Si bien se prohíbe la “publicidad del miedo”, las campañas institucionales que atraen al miedo a justificar las nuevas normas aumentan.

No hay falta de aquellos que, con humor, comparan la situación con la vieja broma: “prohibido prohibir … a menos que el boe lo prohíba”.

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