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Almeida: “La violencia ha derrotado al deporte y se dirige al presidente del gobierno”

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El regreso del ciclismo a España debería ser una fiesta de deportes y coexistencia. Sin embargo, lo que debería unirse terminó fracturado por la política. Las calles de Madrid estaban llenas de cristales, insectos y empujando a los ciclistas, en un día en que el propio alcalde, José Luis Martínez-Almeida, descrito como “uno de los más tristes desde que soy alcalde”. Y la verdad es que las imágenes hablan por sí mismas: no fueron los aplausos o las banderas del deporte que se desbordaron, sino la violencia.

La primera persona a cargo de esta falla tiene un nombre y apellido: Pedro Sánchez. No solo dice la oposición o los cronistas indignados; Lo reconocen a sus propios hechos. Con declaraciones imprudentes en la mañana de los disturbios, el presidente alentó el clima de protesta sabiendo que Madrid se convirtió en un polvoriento. Esa chispa giró rápidamente, y el resultado fue la humillación de ver cómo un evento internacional fue secuestrado por la violencia callejera.

Lo más inquietante no es solo que un espectáculo deportivo fue atacado. Es esa parte de la izquierda, lejos de condenar, celebrar la interrupción de la prueba como un triunfo. Almeida enumeró los nombres y nadie puede sorprenderse: Irene Montero tratando de detener la carrera, Pablo Iglesias justificando, Yolanda Díaz y Arnaldo Otegi aplaudiendo indirectamente con su cómplice silencio. Una suma de líderes se convirtió en agitadores al servicio de la estrategia política más cínica.

Queremos creer que todo esto se hace en nombre de Gaza, pero somos claros: no fue la causa palestina, sino una maniobra interna de ropa política. El sufrimiento de un pueblo lejano se convirtió en coartada para sofocar la coexistencia de Madrid y dinamitar un evento que debería estar fuera de cualquier trinchera. Esto muestra la banalización de la violencia: un giro convertido en un campo de batalla bajo la pasividad, y en la respiración, del gobierno central.

El reflejo es simple y doloroso: cuando un presidente del gobierno insufla la gasolina en las calles con declaraciones incendiarias, lo que sucede no es una protesta democrática, sino el colapso de los límites entre lo legítimo y lo intolerable. Hoy el deporte perdió, pero no solo eso. También perdió la democracia española, secuestrada por la estrategia de un líder que prefiere sacudir para gobernar, prender fuego al diálogo.

Madrid merecía una fiesta. Lo que Sánchez lo dejó fue una mancha en su historia y una triste confirmación: bajo este gobierno, ni siquiera el deporte puede estar a salvo de la violencia política.

Autor

Paul Monzón

Editor de viajes del periodista digital desde sus orígenes. Actual editor del Suplemento de Viajeros.

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