La tarde del martes, la ciudad portuaria de Marsella vivía escenas de horror auténtico. Un hombre, armado con dos cuchillos y un club, desató un ataque salvaje contra cualquiera que se haya cruzado. Al menos cinco personas resultaron heridas antes de que el agresor finalmente fuera asesinado por la policía.
Según lo confirmado por el fiscal Nicolas Bessone, el atacante era un ciudadano tunecino con residencia legal en Francia, que acababa de ser desalojado de un hotel por no pagar el alquiler. Movido por ira, regresó con armas blancas en la mano, atacando brutalmente a un inquilino, al gerente del hotel e incluso al hijo del gerente, a quien apuñaló en la espalda.
Pero la furia del agresor no terminó allí: tomó las calles, irrumpió en un bar cercano y trató de apuñalar para transeúntes al azar, sembrando pánico absoluto en el corazón de la ciudad. Los testigos cuentan escenas de gritos, carreras desesperadas y un clima terrorista digno de una pesadilla.
La policía fue de inmediato y, después de una tensa confrontación, logró “neutralizar” al atacante. La razón del ataque sigue siendo un enigma, mientras que comienza la investigación.
Marsella, ya golpeada por la violencia de las pandillas y el tráfico de drogas, es una vez más la escena de un episodio sangriento que revive el debate sobre la inseguridad en la ciudad. El ministro del Interior, Bruno Retailleau, anunció su inminente llegada para evaluar la situación.









